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Perú: la hora de la prudencia

El Perú vive días de incertidumbre. La segunda vuelta presidencial dejó un resultado tan ajustado que, una semana después de la votación, el país aún espera conocer oficialmente quién será el próximo presidente. La diferencia entre los candidatos es mínima, pero el verdadero problema no está en los números. Lo que esta elección ha puesto en evidencia es una profunda división política y social que viene creciendo desde hace varios años.

Las elecciones cerradas forman parte de cualquier democracia. Sin embargo, cuando la desconfianza domina el debate público, cada acta observada, cada recurso presentado y cada demora en el conteo se convierte en motivo de sospecha. Lo que debería ser un procedimiento normal termina siendo interpretado por muchos ciudadanos como una señal de fraude o manipulación. Esa percepción es peligrosa porque debilita la confianza en las instituciones encargadas de garantizar el voto.

La actual situación refleja un problema más profundo. Durante años, la política peruana ha estado marcada por la confrontación permanente. Los partidos han preferido construir discursos contra sus adversarios antes que presentar propuestas capaces de unir al país. Como consecuencia, millones de peruanos han votado más por temor al otro candidato que por verdadera convicción. El resultado es un Perú dividido en dos grandes bloques que hoy se observan con desconfianza.

Las consecuencias de esta polarización pueden ser serias. La incertidumbre afecta la economía, retrasa decisiones de inversión y aumenta la preocupación de las familias. Pero el riesgo principal es social. Si una parte importante de la población decide no aceptar el resultado final, la tensión puede trasladarse de las instituciones a las calles. Ninguna democracia puede fortalecerse si los ciudadanos dejan de confiar en las reglas del juego.

Por ello, la responsabilidad de los líderes políticos es enorme. Tanto Keiko Fujimori como Roberto Sánchez deben actuar con serenidad y responsabilidad. Más allá del resultado final, ambos tienen el deber de respetar el trabajo de los organismos electorales y pedir a sus seguidores que hagan lo mismo. La democracia necesita vigilancia, pero también respeto por los procedimientos establecidos.

El Perú no es el único país que enfrenta este problema. En muchas democracias de América Latina la polarización ha crecido y las elecciones terminan dejando sociedades divididas. La experiencia demuestra que la confrontación permanente solo genera más inestabilidad y dificulta la construcción de acuerdos para resolver los problemas reales de la población.

Cuando finalmente se conozca al ganador, el desafío recién comenzará. El próximo gobierno asumirá el poder en un contexto de desconfianza y con una sociedad profundamente fragmentada. Por eso será indispensable gobernar con apertura, escuchar a quienes piensan distinto y promover acuerdos que permitan recuperar la estabilidad. El Perú necesita fortalecer sus instituciones, reducir la confrontación política y reconstruir la confianza ciudadana. En momentos como este, la prudencia no es una opción; es una necesidad para proteger la democracia y preservar la paz social.

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Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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