El Perú atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia contemporánea. La reciente reflexión presentada en “Linterna de Popa 546” plantea con claridad que el país no solo enfrenta una crisis económica o política, sino una fractura más profunda, la polarización del electorado y la desconexión entre el Estado y el Perú real.
Esta polarización no es casual ni espontánea. Es el resultado acumulado de décadas de desigualdad estructural, informalidad persistente y ausencia de integración territorial efectiva. Dos visiones de país se confrontan, una que apuesta por la continuidad del modelo económico y otra que exige cambios más radicales en la distribución de oportunidades. Sin embargo, el problema no radica en la existencia de diferencias, sino en la incapacidad de procesarlas institucionalmente.
El Perú profundo , ese que vive fuera de Lima, en regiones, en el agro, en la informalidad, en la economía de subsistencia, ha dejado de sentirse representado. Allí nace el voto de protesta, el voto emocional, el voto que no responde a programas sino a frustraciones históricas. Mientras tanto, el Perú urbano y formal teme perder estabilidad, inversión y crecimiento. Así se construye una brecha peligrosa, dos países que coexisten, pero que no dialogan.
La columna advierte que el próximo gobierno tiene una oportunidad histórica, convertir esta crisis en un punto de inflexión. No se trata solo de crecimiento económico, sino de productividad con inclusión, de reformas institucionales profundas y de integración social real. La clave está en dejar de ver la política como confrontación y empezar a verla como articulación.
Superar la polarización exige liderazgo, pero también humildad política. Significa reconocer que ninguna verdad es absoluta y que el desarrollo sostenible requiere consensos mínimos, respeto a las reglas, estabilidad macroeconómica, lucha frontal contra la pobreza y una agenda clara de movilidad social.
El reencuentro con el Perú profundo implica escuchar, integrar y dignificar. Implica entender que el desarrollo no puede ser exclusivo ni centralista. Implica cerrar brechas, no ampliarlas.
Hoy más que nunca, el Perú necesita reencontrarse consigo mismo. Porque cuando el Perú se une, deja de ser un país dividido y se convierte en una nación con destino. Unidos, el Perú todo lo puede. Con prudencia y desarrollo integral, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
