El Perú enfrenta una paradoja estructural: estabilidad macroeconómica reconocida en la región, pero una débil capacidad para prevenir, planificar y ejecutar obras públicas. Esta brecha no solo retrasa el desarrollo, sino que erosiona la confianza ciudadana y limita la competitividad frente a otros países de América Latina.
Análisis integral y comparativo
En la región, países como Chile, Colombia y Uruguay han logrado avances sostenidos en sistemas de inversión pública, planificación territorial y gestión de riesgos. Perú, en cambio, mantiene altos niveles de subejecución presupuestal en infraestructura, junto a una preocupante improvisación ante desastres naturales.
Además, el gasto corriente, destinado a planillas, servicios y funcionamiento del Estado, representa una proporción mayor respecto al gasto de capital en comparación con economías pares. Mientras otras naciones priorizan inversión en infraestructura, educación o salud, el Perú continúa expandiendo estructuras administrativas sin mejorar sustancialmente la calidad del servicio público.
Cinco diferencias importantes en el “examen regional”
Planificación vs. improvisación:
Chile y Colombia cuentan con planes multianuales vinculantes; Perú aún depende de decisiones fragmentadas y de corto plazo.
Capacidad técnica del Estado:
Países como Uruguay profesionalizan su servicio civil; Perú mantiene alta rotación y designaciones sin meritocracia sólida.
Gestión del riesgo y prevención:
Ecuador y México han avanzado en sistemas de prevención; Perú reacciona más que previene, con altos costos sociales y económicos.
Ejecución presupuestal eficiente:
Colombia supera consistentemente niveles de ejecución en inversión pública; Perú presenta retrasos, paralizaciones y sobrecostos.
Composición del gasto público:
En varias economías de la región, el gasto de capital crece; en Perú, el gasto corriente presiona el presupuesto, reduciendo espacio para inversión transformadora.
Conclusión importante: responsabilidad técnica y reforma impostergable
El problema del Perú no es únicamente de recursos, sino de gestión. Corregir esta situación exige una responsabilidad técnica que trascienda ideologías: fortalecer la planificación estratégica, profesionalizar el servicio civil, blindar la inversión pública contra la corrupción y priorizar el gasto de capital sobre el gasto corriente improductivo.
El país no puede seguir administrando la escasez con abundancia de improvisación. La verdadera reforma no es discursiva, es operativa: ejecutar bien, prevenir mejor y gastar con inteligencia. Solo así, el Perú dejará de estar rezagado en el “examen regional” y pasará a liderar con eficiencia y responsabilidad el desarrollo que su ciudadanía exige.
Con exigencias y valores.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
