El Perú debe dejar de gestionar el Fenómeno El Niño como una emergencia recurrente y comenzar a administrarlo como una variable permanente de su desarrollo. No estamos frente a un problema exclusivamente climático. Estamos frente a una prueba de estrategia, gobernanza, planificación territorial, capacidad institucional e inversión de largo plazo.
Cada episodio vuelve a mostrar las mismas brechas: ciudades construidas sin sistemas integrales de drenaje, ocupación de quebradas y fajas marginales, infraestructura vulnerable, inversiones fragmentadas, débil mantenimiento y respuestas públicas concentradas en atender daños después de las lluvias.
Mi principal recomendación es cambiar el paradigma: pasar de una gestión reactiva del desastre a la construcción de un Ecosistema Nacional de Resiliencia Climática, capaz de integrar prevención, tecnología, infraestructura, financiamiento, ordenamiento territorial, conocimiento local y participación ciudadana.
Un ecosistema no es una suma de instituciones ni una colección de obras aisladas. Es una red articulada de actores, capacidades, información y recursos que opera bajo objetivos comunes. En este modelo, el Gobierno nacional, los gobiernos regionales y municipales, las empresas, universidades, comunidades, Fuerzas Armadas, sistema financiero y organismos técnicos deben actuar de manera coordinada, con responsabilidades claras e indicadores compartidos.
Pensar en tres horizontes
En el corto plazo, recomiendo priorizar la protección de vidas, la continuidad operativa y la anticipación. Hospitales, plantas de agua, mercados, colegios, carreteras, redes eléctricas y telecomunicaciones deben contar con planes específicos de continuidad. Las alertas del SENAMHI, CENEPRED y demás entidades deben transformarse en decisiones automáticas: cierre de vías, evacuación preventiva, activación de bombas, movilización de maquinaria y protección de infraestructura crítica.
La emergencia debe gestionarse por cuencas, ríos, quebradas y corredores hidráulicos, no solamente por límites políticos. El agua no reconoce distritos ni regiones. Por ello, propongo centros integrados de gestión climática que compartan información en tiempo real y coordinen decisiones territoriales.
En el mediano plazo, mi recomendación es desarrollar planes maestros de resiliencia para cada ciudad prioritaria. Piura, Chiclayo, Tumbes, Trujillo, Lima, Cusco, Tarapoto, Moyobamba e Iquitos enfrentan riesgos diferentes y necesitan soluciones diferenciadas.
Debemos tomar las mejores prácticas mundiales y adaptarlas al territorio peruano. Japón demuestra el valor de los túneles, reservorios y sistemas predictivos. Países Bajos enseña a devolver espacio a los ríos. Singapur integra sensores, drenaje, mantenimiento y autoridad operativa. Copenhague utiliza calles, parques y plazas como infraestructura hidráulica. Florida combina bombeo, elevación urbana, protección costera y evaluación económica del riesgo. Curitiba muestra cómo los parques inundables pueden proteger la ciudad y, simultáneamente, generar valor urbano.
Mi recomendación no es copiar modelos, sino construir una arquitectura peruana de resiliencia que combine ingeniería, naturaleza, urbanismo, tecnología y gestión social.
Construir ciudades hidroadaptativas
En el largo plazo, el Perú debe rediseñar su relación con el agua. Propongo avanzar hacia ciudades hidroadaptativas, capaces de absorber, almacenar, conducir, reutilizar y liberar el agua de manera controlada.
Estas ciudades deben incorporar parques inundables, pavimentos permeables, reservorios, humedales urbanos, corredores ecológicos, sistemas de bombeo, drenajes inteligentes y edificaciones adaptadas. Las quebradas y fajas marginales deben ser entendidas como infraestructura natural de seguridad, no como reservas para expansión inmobiliaria.
También debemos recuperar el conocimiento acumulado en la sierra y la selva. Las amunas, qochas, andenes, canales, pendientes naturales y sistemas de siembra y cosecha de agua demuestran que el Perú posee soluciones propias para captar, infiltrar, almacenar y conducir el agua.
La innovación estratégica consiste en conectar ese conocimiento ancestral con sensores, inteligencia artificial, modelamiento climático, infraestructura moderna y participación comunitaria.
Financiar la prevención como inversión
Otra de mis recomendaciones es cambiar la manera de evaluar financieramente la resiliencia. No debe analizarse únicamente cuánto cuesta una obra, sino cuánto valor protege y cuántas pérdidas evita.
Cada carretera que permanece operativa, cada hospital que continúa atendiendo, cada empresa que mantiene el empleo y cada vivienda que evita ser destruida representan valor económico y social preservado.
Propongo crear un fondo multianual de resiliencia climática que articule inversión pública, obras por impuestos, asociaciones público-privadas, bonos verdes, seguros paramétricos, fondos multilaterales y financiamiento climático internacional.
La asignación de recursos debe estar vinculada a resultados: capacidad de drenaje instalada, reducción de zonas vulnerables, continuidad de servicios, tiempo de respuesta, población protegida y pérdidas evitadas.
Una oportunidad de transformación nacional
El Fenómeno El Niño puede convertirse en una oportunidad para modernizar el país, desarrollar nuevas industrias y fortalecer la competitividad territorial.
Puede impulsar empresas de ingeniería, infraestructura verde, tecnología climática, construcción resiliente, sensores, analítica de datos, seguros, mantenimiento predictivo y soluciones basadas en la naturaleza. También puede generar empleo especializado y conectar universidades, centros de investigación y empresas con los desafíos reales del territorio.
Mi visión es clara: el Perú debe construir un ecosistema donde la prevención genere productividad, la infraestructura produzca seguridad, la tecnología mejore decisiones y el territorio sea gestionado con horizonte de décadas.
En el corto plazo debemos proteger.
En el mediano plazo debemos transformar.
En el largo plazo debemos construir ciudades y territorios capaces de convivir inteligentemente con el clima.
El Niño volverá. La verdadera diferencia estará en si encuentra un país que vuelve a improvisar o un ecosistema nacional preparado para anticipar, coordinar, invertir y convertir el riesgo en una oportunidad de desarrollo.
César Augusto Novoa Chávez
CEO de NOZA Investment Company SAC Perú y un líder estratégico con más de 25 años impulsando crecimiento, innovación y transformación en entornos altamente competitivos. Su trayectoria integra finanzas, gestión de riesgos, tecnología y dirección comercial, con posiciones clave en Derrama Magisterial, Banco Azteca / Grupo Salinas y Banco del Trabajo. Reconocido por convertir la visión en ejecución, diseña e implementa modelos escalables orientados a valor, rentabilidad y sostenibilidad. Es docente internacional de posgrado y columnista. Economista (Universidad Nacional de Piura) y MBA (ESAN), con especializaciones en Riesgos Financieros (ESAN & Tecnológico de Monterrey), Transformación Digital & Fintech (Copenhagen Business School) y Business Sustainability (University of London).
