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Los feriados en el Perú: una perspectiva desde la planificación financiera y la productividad

Los feriados cumplen una función social legítima: conmemoran hechos históricos, fortalecen la identidad nacional, favorecen el descanso y dinamizan actividades como el turismo, la gastronomía, el transporte, el comercio y el entretenimiento. Sin embargo, también tienen un costo económico que debe reconocerse con seriedad. El debate responsable no consiste en enfrentar bienestar laboral contra empresa, sino en construir un equilibrio sostenible entre descanso, productividad, competitividad y empleo.

El Perú registra 16 feriados nacionales en 2026. Para una empresa que paraliza operaciones, el descanso no elimina alquileres, remuneraciones, intereses, seguros, depreciación, servicios, tributos ni pagos a proveedores. Se produce y vende menos, mientras gran parte de los costos permanece. En una microempresa, ello puede convertirse en un problema inmediato de caja; en una gran empresa, en una menor utilización de activos, reprogramación logística o pérdida de productividad.

Cuando la operación continúa, el impacto cambia. En el régimen privado peruano, trabajar un feriado sin descanso sustitutorio genera la remuneración del feriado, el pago por la labor realizada y una sobretasa del 100 %. Es un derecho plenamente justificable, pero también un costo que debe presupuestarse, especialmente en hoteles, restaurantes, supermercados, clínicas, transporte, seguridad, telecomunicaciones y servicios esenciales.

El efecto tampoco es uniforme. Para una bodega, un taller, una pequeña fábrica o un negocio con ventas al crédito, el feriado puede significar menor ingreso, retraso en cobranzas y presión sobre el capital de trabajo. Para la gran empresa industrial o minera, puede implicar turnos especiales, sobrecostos laborales y ajustes de producción. Para el turismo y el comercio, en cambio, puede representar una oportunidad extraordinaria, siempre que existan conectividad, seguridad, capacidad instalada, inventarios, promoción y calidad de servicio.

La experiencia internacional demuestra que el problema no es únicamente cuántos feriados existen, sino cómo se organizan. España contempla hasta 14 fiestas laborales retribuidas y no recuperables, combinando celebraciones nacionales, autonómicas y dos festividades locales. Esta descentralización relaciona el calendario con la identidad y dinámica económica de cada territorio. Japón reconoce 16 feriados nacionales y aplica reglas previsibles: cuando uno coincide con domingo, se traslada el descanso, y un día situado entre dos feriados también puede convertirse legalmente en descanso. Francia registra 11 fiestas legales, pero, como regla general, solo el 1 de mayo es obligatoriamente no laborable; los demás descansos dependen de convenios, acuerdos o decisiones empresariales, y ciertos “puentes” pueden recuperarse.

España y Francia son grandes referentes del turismo mundial. Su experiencia revela que los feriados pueden convivir con economías competitivas cuando integran una política coherente: calendario previsible, infraestructura, conectividad, promoción territorial, flexibilidad negociada y una oferta turística capaz de transformar el descanso en consumo, empleo e ingresos. No es el feriado aislado el que crea turismo; es el ecosistema que lo convierte en actividad económica.

Por ello, cada empresa peruana debería incorporar los feriados en su presupuesto anual, flujo de caja, programación de personal, inventarios, mantenimiento, logística, metas comerciales y planes de continuidad. El costo debe calcularse antes del inicio del año, no descubrirse al cierre del mes. Paralelamente, los fines de semana largos exigen campañas específicas que permitan convertir una mayor movilidad en ventas y fidelización.

Desde la política pública, la creación de nuevos feriados debería acompañarse de una evaluación previa de impacto económico, laboral y territorial. Se requiere diferenciar claramente los feriados nacionales de los días no laborables compensables, evitar decisiones improvisadas y coordinar con regiones, empresas y operadores turísticos. El calendario debe ser una herramienta de desarrollo, no una sucesión de interrupciones desconectadas de la productividad.

El verdadero desafío no es escoger entre descansar o producir. Es planificar para que el descanso tenga valor social y, al mismo tiempo, genere oportunidades económicas. Un país moderno protege los derechos laborales, pero también cuida la sostenibilidad de quienes invierten, emprenden, producen y crean empleo. En esa convergencia entre bienestar y planificación financiera se encuentra el equilibrio que el Perú necesita.

César Augusto Novoa Chávez
Economista, MBA por ESAN, docente de posgrado y CEO de NOZA INVESTMENT COMPANY S.A.C. – Perú.

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