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TAPP: la nueva carretera digital sobre la que podría construirse el sistema financiero peruano

El verdadero potencial de TAPP no está en crear otra forma de pagar. Está en separar la infraestructura financiera de las aplicaciones, abrir espacio a nuevos competidores y convertir los pagos en una plataforma para innovación, inclusión y productividad.

El Perú podría estar acercándose a uno de esos cambios que, al principio, parecen tecnológicos y después terminan modificando mercados enteros.

Se llama TAPP, Transferencias Automáticas de Pagos Peruanos.

No será un nuevo Yape. No será otro Plin. Tampoco será una billetera que los peruanos debamos descargar para comenzar a utilizarla. Su importancia está precisamente en aquello que probablemente el usuario nunca verá: la infraestructura que funcionará detrás de las aplicaciones.

El Banco Central de Reserva del Perú viene desarrollando una Plataforma de Pagos Minoristas inspirada en la experiencia de UPI de la India. El proyecto se origina en el acuerdo suscrito en junio de 2024 entre el BCRP y la National Payments Corporation of India. El propio Banco Central señala que será una infraestructura abierta, interoperable y complementaria al ecosistema existente, capaz de habilitar nuevos casos de uso y una mayor especialización entre quienes mantienen las cuentas y quienes ofrecen los servicios de pago.

La etapa controlada de lanzamiento está prevista para diciembre de 2026.

Pero concentrarnos únicamente en la fecha de lanzamiento sería perder de vista la verdadera discusión.

El gran cambio no es pagar más rápido

El Perú ya ha recorrido una parte considerable de la revolución de los pagos digitales.

En 2025 se alcanzaron 665 pagos digitales por adulto al año, equivalentes a aproximadamente 1,8 operaciones diarias. La cifra fue 45,8 % superior a la de 2024 y más de doce veces el nivel registrado en 2019. El BCRP atribuye buena parte de esta transformación al crecimiento de billeteras digitales, transferencias inmediatas y a su estrategia de interoperabilidad.

Es una transformación extraordinaria.

Pero haber digitalizado el pago no significa haber completado la transformación del sistema.

Las primeras etapas resolvieron principalmente un problema: conectar redes que no conversaban suficientemente entre sí.

TAPP puede abordar una cuestión más profunda: separar el lugar donde está depositado el dinero del servicio mediante el cual decidimos utilizarlo.

Hoy existe una relación muy fuerte entre cuenta, aplicación, experiencia del usuario y proveedor financiero. Con una arquitectura de iniciación de pagos más abierta, un usuario podría autorizar que una aplicación habilitada inicie una operación sobre su cuenta sin necesidad de que esa aplicación sea la entidad que custodia el dinero.

Ese cambio altera la estructura competitiva.

La pregunta dejaría progresivamente de ser:

«¿En qué banco o billetera estás?»

para convertirse en:

«¿Qué aplicación te ofrece el mejor servicio?»

Ahí empieza la verdadera revolución.

De competir por la red a competir por el cliente

Los mercados digitales tienen una característica económica bien conocida: los efectos de red.

Mientras más usuarios tiene una plataforma, más útil resulta; cuanto más útil resulta, más usuarios atrae. Esto puede generar enormes eficiencias, pero también barreras para los nuevos competidores.

La interoperabilidad reduce parte de ese problema.

Un estudio publicado por investigadores del propio BCRP en abril de 2026 encuentra evidencia causal de que la estrategia peruana de interoperabilidad redujo fricciones entre redes previamente segmentadas y favoreció la sustitución del efectivo por instrumentos digitales. También muestra algo especialmente importante para cualquier política de inclusión financiera: los beneficios no son homogéneos y dependen de condiciones como conectividad, capacidades y características socioeconómicas.

Es decir:

crear infraestructura es indispensable, pero no suficiente.

TAPP puede abrir la carretera. Eso no garantiza que todos estén preparados para circular por ella.

India y Brasil: dos lecciones que el Perú debería estudiar

La referencia india no es casual.

UPI pasó de ser una nueva infraestructura en 2016 a convertirse en uno de los mayores ecosistemas de pagos instantáneos del mundo. Solo en mayo de 2026 procesó aproximadamente 23.202 millones de operaciones, con 720 bancos habilitados en la plataforma.

Brasil ofrece otra referencia formidable. Pix supera los 170 millones de usuarios personas naturales, alrededor del 80 % de la población brasileña, y procesó más de 7.000 millones de transacciones en mayo de 2026.

Pero sería un error convertir esos resultados en una promesa automática para el Perú.

Las instituciones importan. La bancarización importa. La conectividad importa. La informalidad importa. La confianza importa.

Lo interesante de India y Brasil no es copiar números. Es comprender la arquitectura detrás de ellos.

Cuando el Estado o el banco central contribuyen a construir una infraestructura común sobre la cual numerosas instituciones pueden competir, la innovación deja de depender exclusivamente de redes cerradas.

La infraestructura se vuelve común; la competencia ocurre encima de ella.

Ese debería ser uno de los principios económicos centrales de TAPP.

La gran oportunidad está en los pequeños negocios

Aquí encuentro una conexión particularmente importante con algo que he venido sosteniendo al analizar al emprendedor hiperconectado: digitalizar un negocio no significa simplemente entregarle una aplicación.

La verdadera digitalización aparece cuando la tecnología empieza a mejorar decisiones.

Imagine una pequeña bodega, restaurante, taller o comerciante.

Hoy puede recibir un pago digital.

Mañana ese mismo flujo podría integrarse —con consentimiento, estándares adecuados de seguridad y una regulación responsable— con conciliación automática, inventarios, facturación, gestión de proveedores, flujo de caja y servicios financieros.

Entonces el pago deja de ser únicamente:

S/ 50 que ingresaron a una cuenta.

Se convierte en información económica.

Y la información, bien utilizada, puede convertirse en:

gestión, trazabilidad, evaluación de riesgo y, eventualmente, acceso a mejores condiciones financieras.

Aquí TAPP podría conectarse también con otra idea que he desarrollado al abordar los ecosistemas de formalización: el objetivo no debería ser digitalizar por digitalizar ni formalizar por obligación. Deberíamos construir beneficios concretos alrededor de la trazabilidad y de la formalidad.

Un pequeño empresario no necesita únicamente cobrar instantáneamente.

Necesita cobrar, registrar, conciliar, conocer su margen, demostrar sus ventas y transformar ese historial en mejores oportunidades.

Ahí existe un enorme espacio todavía por construir.

TAPP también tiene riesgos

La tecnología financiera no elimina riesgos. Los transforma.

Una infraestructura abierta a nuevos iniciadores de pagos amplía las posibilidades de innovación, pero también exige resolver con enorme rigor:

autenticación, consentimiento, protección de datos, fraude, ciberseguridad, continuidad operativa, responsabilidades entre participantes y mecanismos de reclamación.

Y existe un segundo riesgo más silencioso: confundir interoperabilidad con competencia.

Tener una infraestructura abierta no garantiza que el mercado final no termine altamente concentrado.

Una carretera puede pertenecer a todos, pero tres empresas pueden controlar casi todos los vehículos que circulan por ella.

Por ello, el éxito de TAPP no debería evaluarse únicamente por transacciones procesadas.

Deberíamos observar también:

• nuevos participantes;
• reducción de barreras de entrada;
• innovación generada;
• costos para comercios y usuarios;
• adopción fuera de Lima;
• penetración entre mype;
• calidad y seguridad del servicio;
• concentración de mercado.

Tres decisiones para que TAPP cambie algo más que los pagos

La primera es asegurar una neutralidad competitiva radical.

El BCRP deberá preservar reglas transparentes, estándares abiertos, interoperabilidad real y condiciones de acceso que permitan competir, según corresponda al marco regulatorio, a bancos, cajas, financieras, empresas de dinero electrónico, fintech y otros proveedores habilitados.

La infraestructura pública debe evitar escoger ganadores. Debe permitir que los ganadores sean escogidos por el usuario.

La segunda es construir una arquitectura de confianza desde el primer día.

En pagos, la confianza es capital.

El ciudadano debe saber qué está autorizando, quién puede iniciar una operación, cómo revocar esa autorización y quién responde cuando algo sale mal.

La experiencia deberá ser simple.

La seguridad, invisible, pero extraordinariamente robusta.

Y la tercera —quizá la de mayor impacto económico— es articular TAPP con una agenda nacional de productividad y formalización de las mype.

No deberíamos conformarnos con lograr que un pequeño comerciante reciba pagos digitales.

El objetivo debería ser que esa transacción pueda convertirse voluntariamente en insumo para:

facturación, contabilidad simplificada, gestión de caja, financiamiento, compras, ventas y desarrollo empresarial.

TAPP podría convertirse así en una pieza de algo mucho mayor: una infraestructura que conecte pagos + datos + servicios financieros + productividad.

Eso sí sería transformación.

La infraestructura que no veremos

Las grandes infraestructuras económicas suelen volverse invisibles.

Nadie piensa en una central eléctrica cuando enciende una computadora. Nadie piensa en protocolos de internet cuando envía un mensaje. Y probablemente dentro de algunos años nadie piense en TAPP cuando realice determinadas operaciones financieras.

Si funciona bien, será precisamente porque estará detrás.

Pero sobre esa infraestructura podrían competir bancos que hoy existen, cajas municipales, fintech que todavía no conocemos, empresas tecnológicas y modelos de negocio que aún no han sido creados.

Por eso, diciembre de 2026 no debería entenderse simplemente como el lanzamiento de una nueva modalidad de pagos.

Podría ser el comienzo de una discusión bastante más importante:

¿qué sistema financiero queremos construir sobre esta nueva infraestructura?

El Perú ya demostró que puede masificar billeteras digitales.

La siguiente frontera consiste en conseguir que esa revolución produzca más competencia, menores fricciones, mejores servicios, mayor productividad empresarial y verdadera inclusión financiera.

Si TAPP alcanza ese objetivo, su principal legado no será haber conseguido que el dinero viaje más rápido.

Será haber permitido que alrededor de ese dinero circulen también innovación, competencia y oportunidades.

Y esa diferencia puede ser enorme.

Fuentes y referencias principales

Banco Central de Reserva del Perú, Reporte del Sistema Nacional de Pagos y del sector Fintech en Perú, marzo de 2026.

Banco Central de Reserva del Perú, Memoria 2025 – Sistema Nacional de Pagos, 2026.

Casiano, D., BCRP, Interoperabilidad, Sustitución de Instrumentos de Pago y Fragilidad Financiera de los Hogares, Documento de Trabajo, abril de 2026.

National Payments Corporation of India, estadísticas oficiales UPI, 2026.

Banco Central do Brasil, estadísticas oficiales de Pix, 2026.

César Augusto Novoa Chávez
CEO de NOZA Investment Company SAC Perú y un líder estratégico con más de 25 años impulsando crecimiento, innovación y transformación en entornos altamente competitivos. Su trayectoria integra finanzas, gestión de riesgos, tecnología y dirección comercial, con posiciones clave en Derrama Magisterial, Banco Azteca / Grupo Salinas y Banco del Trabajo. Reconocido por convertir la visión en ejecución, diseña e implementa modelos escalables orientados a valor, rentabilidad y sostenibilidad. Es docente internacional de posgrado y columnista. Economista (Universidad Nacional de Piura) y MBA (ESAN), con especializaciones en Riesgos Financieros (ESAN & Tecnológico de Monterrey), Transformación Digital & Fintech (Copenhagen Business School) y Business Sustainability (University of London).

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