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El Niño y la trampa del megáfono: por qué la prevención no es un problema de obras, sino de conciencia colectiva

Por: Santiago Carpio Valdez

Cada vez que las alertas meteorológicas nos anuncian la llegada del Fenómeno El Niño, el país repite un guion predecible y agotador. Los ministerios despliegan conferencias de prensa con mapas de riesgo, los gobiernos regionales reclaman presupuestos de emergencia con megáfono en mano y los gremios empresariales advierten sobre el impacto en el PBI y la infraestructura productiva.

La respuesta pública y privada suele ser idéntica: discursos defensivos, compras de última hora y el clásico cruce de culpas entre instituciones cuando el agua empieza a desbordar las quebradas.

Ambos sectores siguen tropezando con la misma piedra: creer que enfrentar una crisis climática es exclusivamente un problema de maquinaria y presupuesto, ignorando el engranaje central de la prevención: la conducta humana y la responsabilidad social individual.

El verdadero cuello de botella frente a El Niño no está únicamente en la descolmatación tardía de un río; radica en la desconexión total entre la información técnica y la respuesta comunitaria.

Durante décadas, la comunicación de riesgo en el Perú ha operado como un monólogo autoritario: folletos técnicos, tecnicismos meteorológicos y órdenes de evacuación que nadie termina de interiorizar. Si una familia decide permanecer en el cauce seco de una quebrada o si los vecinos continúan arrojando desmonte en las riberas, no es solo por falta de opciones; es porque el Estado y las organizaciones han fracasado en construir una cultura cívica basada en el capital social y la corresponsabilidad.

La gestión del riesgo no se resuelve cuando llega el aluvión. Se gestiona en el territorio, mediante el diálogo sostenido y la alfabetización cívica continua.

Del asistencialismo a la acción ciudadana

Frente a la recurrencia de los desastres naturales, la comunicación estratégica debe replantear sus bases. No se trata de emitir comunicados alarmistas, sino de articular tres frentes de acción donde la responsabilidad social deje de ser un lema corporativo y se convierta en una práctica ciudadana:

  1. La comunicación como engranaje de mitigación operativa:

La infraestructura gris (muros, diques, canales) es inútil si la «infraestructura social» está rota. La viabilidad de cualquier plan de contingencia depende de la precisión y credibilidad con que la información llega al ciudadano de a pie. La alerta temprana debe ser clara, bidireccional y traducida a los códigos locales de cada cuenca o región.

  1. Ciberhumanismo contra el pánico y la desinformación:

En medio de las lluvias y huaicos, las redes sociales se saturan de videos descontextualizados, cadenas de pánico y alarmismo que paralizan la respuesta comunitaria. El enfoque ciberhumanista exige emplear la tecnología para verificar datos en tiempo real, humanizar los protocolos de ayuda y conectar la solidaridad individual con necesidades logísticas concretas.

  1. De la queja pasiva a la responsabilidad social individual:

El Estado tiene la obligación ineludible de ejecutar obras y las empresas de proteger sus cadenas de valor y entornos vecinos. Pero el ciudadano no puede ser un espectador pasivo. No arrojar basura a los drenajes, respetar las zonas no mitigables, organizar brigadas vecinales y fiscalizar a las autoridades locales son actos directos de ciudadanía activa. La resiliencia no se decreta; se practica día a día.

Liderar desde la resiliencia compartida

El Niño no es un evento fortuito ni una sorpresa que justifique la improvisación. La diferencia entre una catástrofe y una contingencia superada no radica en cuántas cámaras de televisión registran al funcionario de turno con botas en el barro, sino en el grado de cohesión, preparación y madurez cívica de la comunidad.

En tiempos de crisis climática, gobernar y liderar no es hablar más fuerte a través de un megáfono oficial, sino articular un pacto de confianza donde el Estado dirija con rigor, la empresa privada aporte legitimidad técnica y logística en el territorio, y cada ciudadano asuma la custodia de su propio entorno.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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