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La frontera vulnerable: el efecto rebote de la ofensiva colombiana en la Amazonía peruana

La llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia de Colombia marca un giro frente al modelo de diálogo de la llamada «paz total». Su decisión de enfrentar directamente a las organizaciones armadas y fortalecer la cooperación militar y de inteligencia con Estados Unidos busca recuperar el control estatal sobre territorios dominados por estructuras criminales. Sin embargo, esta ofensiva puede generar consecuencias que trasciendan las fronteras colombianas.

Para el Perú, el principal riesgo es el denominado «efecto globo»: cuando la presión militar aumenta sobre una organización criminal, sus integrantes, recursos y actividades pueden desplazarse hacia territorios donde encuentran menor presencia estatal. En este contexto, la frontera amazónica peruana adquiere una importancia estratégica.

El río Putumayo constituye un corredor particularmente sensible. Sus características geográficas, la extensa frontera y las dificultades de acceso pueden facilitar el desplazamiento clandestino de personas, armas, drogas y recursos provenientes de actividades ilícitas. Las estructuras criminales sometidas a presión en Colombia podrían intentar utilizar territorio peruano como refugio, corredor logístico o espacio de reorganización.

Las consecuencias para la seguridad nacional serían significativas. El desplazamiento de estas organizaciones podría fortalecer el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando de armas y el lavado de activos. También podría incrementar la violencia, la corrupción y la presión sobre comunidades amazónicas que enfrentan una presencia estatal limitada.

Existe, además, una dimensión humanitaria. Una intensificación de los enfrentamientos en Colombia podría provocar desplazamientos de población hacia territorio peruano, especialmente entre comunidades indígenas que mantienen vínculos históricos a ambos lados de la frontera. El Estado debe estar preparado para responder tanto a una eventual amenaza de seguridad como a una crisis humanitaria.

Frente a este escenario, el Perú no puede limitarse a reaccionar cuando las organizaciones criminales ya hayan cruzado la frontera. Los estados de emergencia y las operaciones temporales son insuficientes si no están acompañados por una presencia estatal permanente y una estrategia integral de protección fronteriza.

El fortalecimiento de la presencia del Ejército en el Putumayo y el Yavarí debe convertirse en una prioridad estratégica. Esto implica mejorar las capacidades de vigilancia, movilidad fluvial, comunicaciones, logística y respuesta, adecuándolas a las condiciones particulares de la Amazonía. La presencia militar debe complementarse con una acción coordinada de la Policía Nacional, el Ministerio Público y las instituciones responsables del control fronterizo.

La inteligencia será igualmente decisiva. Lima y Bogotá deben fortalecer el intercambio de información para anticipar los movimientos de organizaciones armadas y redes criminales, identificar sus rutas y detectar oportunamente sus intentos de penetración en territorio peruano.

Pero la seguridad fronteriza no puede reducirse al componente militar. La presencia del Estado también requiere servicios públicos, conectividad, infraestructura, salud, educación y oportunidades económicas legales para las poblaciones amazónicas. Una frontera abandonada es más vulnerable a la influencia de las economías ilícitas.

La ofensiva colombiana representa, por tanto, un desafío y una oportunidad. El desafío es impedir que la presión ejercida en Colombia provoque una expansión criminal hacia el Perú. La oportunidad consiste en fortalecer la cooperación bilateral y consolidar una política permanente de seguridad e integración fronteriza.

La conclusión es clara: la pacificación de Colombia no debe convertirse en la reorganización del crimen en el Perú. El Putumayo y el Yavarí deben ser considerados espacios estratégicos de la defensa nacional. La soberanía no se proclama desde Lima; se ejerce mediante presencia efectiva, inteligencia, control territorial y capacidad de respuesta. La frontera amazónica debe ser la primera línea de defensa del Perú, no la retaguardia de las amenazas que enfrenta la región.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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