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La espera desespera

Es claro que a treinta días de asunción del nuevo gobierno Fujimori, la luna de miel fue tan efímera que ya terminó; la inseguridad que agobia a los peruanos es de tal naturaleza que la demanda por una solución inmediata es enorme pues la demora en frenar al crimen in crescendo cada día cobra más vidas. Sin ser aguafiestas, debemos ser conscientes que no hay magia que arregle la alta criminalidad del país  derivada de malas decisiones, enfrentamientos, alta rotación y carencia de estrategias integrales en 30, 60 o 100 días considerando que no solo se requiere una reingeniería en la estrategia para enfrentarla sino leyes que habiliten a los sistemas de inteligencia a trabajar integradamente con capacidades operativas que hoy no tienen; hace falta también reorganizar procesos en diversas instituciones que son participantes activas, la lucha no solo es de la Policía y del Ejecutivo, es también del Legislativo, de la Fiscalía, del Poder Judicial, de la Unidad de Inteligencia Financiera, de los operadores de telefonía, de los gobiernos regionales y municipales.

La matanza de cuatro ciudadanos en pleno día en el centro de Trujillo para secuestrar a un empresario minero investigado en una carpeta fiscal y el ataque diario a transportistas son el retrato del baño de sangre que hampones nacionales y extranjeros nos imponen a la ciudadanía a diario demanda exigir al nuevo gobierno que enfrente y detenga el avance de la criminalidad, lamentablemente los resultados no se verán de la noche a la mañana porque, además de liderar la articulación interinstitucional para que funcione toda la maquinaria,  hay que dotar a las instituciones de herramientas, tecnología y recursos que le son escasos y simultáneamente poner coto al libre albedrío de los delincuentes internos en prisiones que continúan articulando desde estas escuelas del crimen ataques, extorsiones y sicariatos; deshacinar penales y radicalizar los regímenes de los reos de alta peligrosidad será vital en el éxito.

Retirar al Comandante General de la Policía Nacional es debilitar la línea de mando de la institución, su salida no resolverá el problema, Arriola solo es una pieza del engranaje; a quien debemos exigir estrategia, acción, equipamiento, medidas inmediatas y resultados es a Keiko Fujimori y a los ministros involucrados en la lucha contra la delincuencia, al Legislativo que tiene que volar en aprobar las facultades con nuevas leyes  para que se declare  a organizaciones criminales hostiles y se habilite la participación de las FF.AA. en esta lucha; a quién debemos exigir que se pleguen a la lucha es al Ministerio Público y al Poder Judicial para que unifiquen criterios de severidad en el tratamiento al hampa,  estos últimos  también carecen de recursos suficientes  y de tecnología que muchas veces las organizaciones criminales sí poseen.

En este momento todas las bancadas demandan la salida más fácil y van por el chivo expiatorio; “qué importa la ley vigente, saquen ya a Arriola” grita la bancada de la minería ilegal secundada por las bancadas de Renovación Popular, Ahora Nación, Obras y Buen Gobierno. Habría que recordarles a esos ilustres apurados que estamos como estamos precisamente por tomar decisiones hepáticas y apoyar la alta rotación de autoridades que ha hecho poco probable trazar estrategias de mediano y largo plazo que aseguren resultados en la lucha contra la delincuencia; alguien cree que cortar cabezas ha sido eficaz en la tarea o más bien ha abonado en favor de la criminalidad?

En un gobierno democrático no debería haber forma de insistir en este criterio errático; desde 2016 hemos tenido 10 Presidentes de la República, 31 Ministros del Interior, 11 Comandantes Generales de la Policía Nacional, 26 titulares de Justicia, 24 Ministros de Defensa, 10 presidentes del INPE; con esta alta rotación no hay estrategia ni plan que sea exitoso, si vamos a insistir en la alta rotación para calmar a las graderías vamos a repetir más de lo mismo y el fracaso estará asegurado. Antes de escuchar a las barras bravas, habría que detenernos a reflexionar y seguir el viejo refrán “vamos despacio que estamos apurados”.

Cecilia Palacios C.
Cecilia Palacios es Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, trabajó en prensa televisiva privada durante la época del terrorismo, posteriormente se dedicó a actividades privadas.

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