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Los fantasmas del imperio: el Reino Unido ante el fin de una era

Durante más de dos siglos, Gran Bretaña no solo dominó territorios: ayudó a diseñar las reglas del sistema internacional. El Imperio británico convirtió las rutas marítimas, las finanzas, el comercio, el derecho y el poder naval en instrumentos de una arquitectura global que sobrevivió a la desaparición formal del imperio. Su legado permanece en fronteras, instituciones, conflictos y mercados que todavía condicionan la política mundial.

Esa herencia resulta visible en Oriente Medio, Asia del Sur, África e Irlanda. Los mandatos, las particiones y las fronteras coloniales rara vez coincidieron con las realidades locales. En la India, la partición de 1947 provocó una gigantesca migración y dejó una rivalidad indo-pakistaní cuyo núcleo continúa siendo Cachemira. En África, numerosas fronteras heredadas sobrevivieron a la independencia pese a sus contradicciones internas.

Pero atribuir los conflictos actuales exclusivamente al colonialismo británico sería históricamente cómodo y analíticamente insuficiente. Las élites locales, la Guerra Fría y las potencias posteriores también transformaron esas sociedades. La responsabilidad histórica de Londres debe reconocerse sin convertirla en una explicación universal.

Las guerras mundiales redujeron la capacidad financiera británica y aceleraron la descolonización. Londres sustituyó el imperio territorial por diplomacia, finanzas, cultura y alianzas. La integración europea multiplicó durante décadas esa capacidad. El Brexit modificó ese equilibrio. La relación comercial posterior con la Unión Europea supone una reducción estimada del 4 % en la productividad británica de largo plazo frente a un escenario de permanencia en la UE.

Sin embargo, el Reino Unido conserva activos extraordinarios: un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, arsenal nuclear, membresía en la OTAN, servicios financieros globales y capacidad diplomática. Su estrategia de defensa contempla aumentar progresivamente el gasto militar y reforzar sus capacidades tecnológicas y estratégicas. Londres no abandona el escenario internacional; intenta redefinir su poder.

Esa mutación tiene consecuencias más allá de Europa. En un sistema multipolar, la competencia por mercados, tecnología, infraestructura y minerales críticos convierte a América del Sur en un espacio de creciente importancia estratégica. La región debe evitar que la rivalidad entre potencias transforme sus recursos en una nueva dependencia externa. La respuesta pasa por diversificar socios, aumentar el valor agregado y negociar transferencia tecnológica.

Para el Perú, la oportunidad es concreta. El Reino Unido mantiene una relación comercial relevante y cuenta con marcos comerciales que vinculan a ambos países, incluido el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP). Londres considera al Perú un mercado prioritario, especialmente en sectores como la minería, la infraestructura y los servicios.

Esto obliga a Lima a mirar la relación con Londres desde una perspectiva estratégica. Cada inversión debería aportar tecnología, empleo formal, proveedores nacionales e infraestructura. El Perú debe convertir su posición en el Pacífico y sus recursos críticos en capacidad de negociación.

La hoja de ruta es concreta: establecer una política nacional de minerales críticos; fortalecer la coordinación entre la Cancillería, Economía, los sectores productivos y las regiones; facilitar que las pequeñas y medianas empresas utilicen efectivamente los acuerdos comerciales; diversificar socios sin alineamientos automáticos; y vincular la inversión extranjera con la transferencia de conocimiento. La soberanía moderna consiste en reducir dependencias críticas.

La lección final del imperio británico es que ninguna posición internacional es permanente. Las potencias pierden influencia cuando confunden privilegio histórico con capacidad de adaptación. El Reino Unido debe transformar su pasado imperial en influencia responsable. El Perú debe dejar de ser proveedor de materias primas y convertirse en un socio estratégico capaz de producir conocimiento, tecnología e industria. En el nuevo orden mundial, la verdadera soberanía consistirá en tener suficiente fortaleza propia para negociar con todos sin depender de ninguno.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

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