Site icon Vox Populi Empresarial

Día del Árbol y solidaridad humana

Al amanecer del 1 de septiembre salí a caminar por un bosquecito, después de una noche de fuertes vientos que habían azotado la zona. Encontré un viejo sauce derribado, cuyas ramas vencidas eran sostenidas por otros árboles, como brazos poderosos que se negaban a dejarlo caer. Sus raíces también estaban entrelazadas con las de otros árboles vecinos, como poderosos tentáculos. Aquella escena me conmovió: ¿acaso los árboles nos dan lecciones de solidaridad que necesitamos aprender?

Los científicos han demostrado que los árboles sobreviven mediante diversas formas de cooperación e interdependencia, a través de raíces y redes subterráneas. Entonces comprendí que nosotros también deberíamos aprender a sostenernos cuando alguien cae, en lugar de destruirnos.

Siguiendo este argumento, el Día del Árbol no debe limitarse a posar para las redes sociales, sino convertirse en una oportunidad para sembrar solidaridad en la conciencia de nuestros niños y jóvenes. La educación tiene la responsabilidad de formar personas capaces de convivir, cuidar y proteger, como sucede en un bosque, donde árboles, hierbas, aves y otros seres construyen juntos el ciclo de la vida.

Conscientes de la importancia de esta solidaridad ambiental, cada 1 de septiembre el Perú celebra el Día del Árbol, una fecha en la que rendimos homenaje a estos seres esenciales para la vida. Los árboles son nuestros grandes aliados ambientales: contribuyen a mejorar la calidad del aire, regulan la temperatura, protegen los suelos y hacen posible una vida más saludable. Su disminución compromete seriamente el bienestar de la humanidad y del planeta.

Basta mirar nuestro entorno: muchos colegios, institutos y universidades apenas cuentan con algunos árboles en sus alrededores. Entonces, ¿cómo podemos educar a una sociedad con conciencia ecológica si nuestras instituciones educativas no se atreven a predicar con el ejemplo? Educar ambientalmente significa sembrar, cuidar y proteger árboles, transformando nuestros espacios educativos en auténticos modelos de sostenibilidad.

Asimismo, las calles y avenidas necesitan más árboles, y tanto los ciudadanos como los municipios son responsables de plantarlos y cuidarlos. Esta tarea constituye una responsabilidad compartida y forma parte de una cultura ciudadana comprometida con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y con la promoción de una vida saludable.

Cuando un árbol cae, otros lo sostienen. Si aprendemos esta lección ecológica, podremos construir una sociedad más solidaria, cada vez más arborizada y menos aislada.

David Auris Villegas
Escritor, consultor educativo, columnista, profesor universitario y creador del ABDIV. Licenciado en educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y máster en Educación por la Universidad de La Habana. Ha publicado: Como redactar artículos científicos, Comprensión lectora para la vida, Minicuentos para soñar, Mañana al despertar piensa en mí y Cuentos de medianoche.

Exit mobile version