El Perú es tan complejo que sus propios “salvadores” (nuestros congresistas y políticos de extrema izquierda), con gran cinismo, han venido bloqueando la explotación de nuestros recursos mineros so pretexto de proteger a la población del abuso del capital imperialista y explotador. De esa manera, han mantenido a la población de zonas muy ricas, como Cajamarca, en la pobreza o postergando indefinidamente su derecho a un mayor bienestar económico.
Sin embargo, mientras la población se la cree y es mantenida dócilmente en la pobreza, los dirigentes que la tienen capturada ideológicamente se las arreglan para hacerse congresistas, donde obtienen unos beneficios económicos difícilmente alcanzables por otros medios.
Por supuesto, su buena dosis de cinismo los inmuniza para continuar cínicamente con el disfraz de luchadores del pueblo y representantes de sus intereses.
La cosa no queda allí. Esta complejidad peruana se vuelve divertida cuando, ya instalados en el Congreso, advierten que existe allí un sindicato. Es sabido que un sindicato convencional consigue sus ventajas y beneficios negociando con la “patronal”, es decir, con los gerentes o dueños de las empresas. Pero, en el Congreso, ¿quién es la patronal? Pues, ¡el Estado! Y… ¿quién representa al Estado? ¡Pues ellos mismos! ¡Los mismos congresistas! ¡Negocio redondo! Así van consiguiendo mejoras económicas cada vez más jugosas para todos: empleados sindicalizados y congresistas. Pero, ¿a costa de quién? ¡Del Estado! Es decir, ¡a costa de todos nosotros!
Toda una paradoja bien a la peruana. Se le impide al pueblo, por razones ideológicas, obtener mejoras económicas producto de las mayores inversiones mineras formales, apelando a discursos vibrantes e ideologizados sobre soberanía de los recursos naturales y justicia ambiental, mientras ellos mismos se benefician descaradamente de su privilegiada posición congresal.
No es un chiste. ¡Es la realidad!
Cuando a los congresistas se les pregunta sobre estos aumentos y beneficios obtenidos sin su contraparte de rendición de cuentas y evaluación de desempeño, responden convenientemente: ¡no saber nada! Eso es asunto del sindicato, dicen, encogiéndose de hombros.
¿Ven la jugada? Mientras esto sucede, y el capital y las inversiones formales son impedidos de entrar o de invertir, las propias fuerzas del mercado, impulsadas por los exorbitantes precios del oro en alza, cubren ese espacio con mineros informales e ilegales. Se ha desatado así una fiebre del oro desordenada e imparable como consecuencia directa de la inacción o irresponsabilidad de quienes debieron estar al cuidado de estas cosas.
Este desorden, consecuencia de la demagogia irresponsable de “luchadores sociales”, amigos de la ley del embudo (lo ancho para mí, lo angosto para ti), ha sido reemplazado por el accionar de bandas criminales que no dudan en matar sin miramientos. Es decir, de un Estado de derecho, donde lo primordial es el respeto a la vida humana, nos estamos convirtiendo poco a poco en una republiqueta donde la vida humana no vale nada. ¿Hay responsables? ¡No se oye, padre!
Mientras tanto, nuestros congresistas, que fueron responsables y respaldaron interesadamente esas “luchas sociales” de activistas políticos ideologizados, siguen de espaldas a la realidad, pero con jugosos sueldos y múltiples gollerías. Aducen, en su descargo, que lo que falta para luchar contra la criminalidad es más presupuesto para la Policía. Es decir, más plata como cancha, sin ningún reparo ético ni moral, ni autocrítica.
No, señores. Ese no es el problema. Lo que se debe corregir es la raíz del problema.
Peter Sanguineti
Gerente General en Brokergym Peru. Graduado como Economista en la Universidad Nacional Agraria La Molina.
