Qué alentador resulta ver al Perú nuevamente en el radar de las inversiones y del comercio internacional. En un escenario mundial marcado por la competencia comercial, tecnológica y geopolítica entre grandes potencias, nuestro país tiene una oportunidad histórica: convertir su posición estratégica, sus recursos, su apertura económica y su marco institucional en una plataforma de encuentro entre capitales, mercados y oportunidades.
Nuestra casa puede ser competitiva, pero la verdadera grandeza consiste también en saber recibir.
A China, Estados Unidos, Europa, Asia y a todos nuestros socios internacionales debemos ofrecerles apertura, respeto, reglas claras, seguridad jurídica y la convicción de que la inversión privada puede convertirse en una poderosa aliada del desarrollo nacional.
El Perú no necesita plantear sus relaciones económicas como una elección excluyente entre potencias. Necesita defender sus propios intereses con inteligencia, equilibrio y pragmatismo.
Si las principales economías del mundo compiten por mercados, tecnología, infraestructura, minerales estratégicos, energía y alimentos, nosotros debemos competir ofreciendo confianza, institucionalidad, talento, estabilidad y proyectos capaces de transformar nuestra economía.
La inversión internacional tampoco debe entenderse únicamente como ingreso de capital.
Debe traducirse en empleo formal, infraestructura, transferencia tecnológica, capacitación, innovación, nuevas cadenas productivas y mayores oportunidades para las pequeñas y medianas empresas.
Pero esos beneficios no aparecen automáticamente.
Para obtenerlos, el Estado debe cumplir su parte: reducir burocracia innecesaria, agilizar permisos sin debilitar controles, combatir la corrupción, mejorar la infraestructura y garantizar que las reglas sean previsibles.
La seguridad jurídica constituye, en ese sentido, uno de los activos más importantes de cualquier país que aspire a competir por inversiones de largo plazo.
Un inversionista necesita saber que los contratos serán respetados, que las controversias tendrán mecanismos institucionales para resolverse y que las decisiones públicas tendrán un grado razonable de previsibilidad.
Pero la competitividad exige mucho más.
También necesitamos seguridad ciudadana, estabilidad institucional, infraestructura adecuada, funcionarios técnicamente preparados y una administración pública capaz de ejecutar grandes proyectos con transparencia y eficiencia.
El momento internacional puede convertirse en una extraordinaria oportunidad para el Perú.
Nuestra ubicación frente al Pacífico, la creciente integración comercial con Asia, nuestra conexión con América Latina y nuestras fortalezas mineras, agroexportadoras, energéticas, logísticas y turísticas nos permiten aspirar a algo mayor que simplemente recibir capital.
Podemos convertirnos en una verdadera plataforma regional para el comercio, la inversión y los servicios vinculados al Pacífico.
Las cifras recientes demuestran la magnitud de esa posibilidad. China continúa siendo el principal destino de las exportaciones peruanas, mientras Estados Unidos y la Unión Europea mantienen una presencia fundamental en nuestro comercio exterior. Al mismo tiempo, otros mercados, como India, están adquiriendo una importancia creciente.
Esto debería llevarnos a una conclusión sencilla: la diversificación es una fortaleza.
Cuantos más mercados, socios y fuentes de inversión tenga el Perú, mayor será su capacidad para defender sus intereses frente a las alteraciones de la economía mundial.
La grandeza nacional no consiste en cerrar las puertas para protegernos del mundo.
Consiste en abrirlas inteligentemente.
El Perú debe ser una casa hospitalaria, pero también una casa ordenada: abierta al capital, firme en sus leyes y consciente de que recibir inversión implica también negociar condiciones que generen valor para el país.
No toda inversión produce automáticamente desarrollo. El verdadero desafío consiste en atraer aquella capaz de elevar productividad, generar empleo formal, introducir tecnología, desarrollar proveedores nacionales y construir capacidades que permanezcan incluso después de que el capital haya recuperado su inversión.
Conclusiones
Primero, la competencia entre las grandes potencias puede generar oportunidades para el Perú si mantenemos una política exterior y económica pragmática, diversificada y orientada por el interés nacional.
Segundo, la seguridad jurídica debe ser entendida como un patrimonio del país. Sin confianza resulta difícil atraer inversiones sostenibles y de largo plazo; y sin inversión productiva será mucho más complejo aumentar empleo, infraestructura y productividad.
Tercero, debemos avanzar desde una economía que aprovecha extraordinariamente sus recursos naturales hacia otra que también genere mayor valor agregado, tecnología, conocimiento, servicios e industrias alrededor de nuestras ventajas competitivas.
Cuarto, abrirse al mundo no significa renunciar a la soberanía. Por el contrario, una economía con múltiples socios comerciales y fuentes de inversión puede disponer de mayor capacidad para tomar decisiones propias.
Finalmente, el Perú tiene hoy la oportunidad de demostrar una forma moderna de grandeza: recibir al mundo con los brazos abiertos, pero hacerlo desde instituciones sólidas, reglas claras y una visión nacional de largo plazo.
No se trata de convertirnos en satélite de ninguna potencia.
Se trata de relacionarnos con todas aquellas naciones dispuestas a invertir, comerciar y construir oportunidades con el Perú, preservando siempre nuestra capacidad de decisión.
El mundo puede competir entre grandes potencias; el Perú debe competir por su propio desarrollo.
Y para hacerlo necesita una casa abierta al mundo, pero ordenada, segura, confiable y orgullosamente peruana.
Con responsabilidad.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
