El sistema concursal que abrió una salida para el fútbol profesional
Hablar del sistema concursal aplicado al fútbol profesional peruano es recordar una etapa en la que importantes instituciones deportivas estuvieron al borde de perder no solamente recursos económicos, sino también parte de su patrimonio histórico, social y cultural.
En ese contexto surgieron distintas propuestas y esfuerzos orientados a encontrar una salida diferente a la simple desaparición de los clubes: ordenar sus obligaciones, preservar sus activos y generar condiciones para construir un camino de recuperación.
Dentro de ese debate, la experiencia y las propuestas impulsadas desde distintos espacios políticos y deportivos —entre ellos aquellos en los que participó Rafael Aita Campodónico— adquieren especial interés porque plantean una pregunta que continúa vigente: ¿cómo proteger instituciones históricas sin convertir su salvamento en una excusa para perpetuar una mala administración?
La importancia de esa discusión se comprende mejor cuando recordamos a dirigentes como Alfredo González, expresidente de Universitario de Deportes y excongresista de la República, hoy fallecido, quien defendió durante años la continuidad institucional del club al que estuvo profundamente vinculado.
Más allá de las diferencias que puedan existir sobre las distintas gestiones deportivas, queda una enseñanza fundamental: cuando una institución representa décadas de identidad, generaciones de familias y un patrimonio colectivo, su crisis no puede analizarse únicamente como un problema contable.
El sistema concursal introdujo precisamente una lógica institucional para enfrentar esas situaciones. Permitió colocar las deudas dentro de procedimientos regulados, reconocer acreedores, ordenar obligaciones y establecer mecanismos de reestructuración.
En 2012, clubes como Universitario de Deportes, Alianza Lima, Sport Boys, Melgar y Cienciano quedaron comprendidos en procedimientos concursales vinculados con la crisis financiera del fútbol profesional. Con el tiempo, el marco normativo fue modificándose y adoptando mecanismos especiales para estas instituciones.
Para los clubes afectados, aquello significó una oportunidad para continuar existiendo mientras intentaban ordenar sus obligaciones. Para el fútbol peruano, constituyó también una demostración de que una crisis patrimonial puede enfrentarse mediante instrumentos legales antes de llegar necesariamente a la desaparición de una institución.
Sin embargo, salvar el patrimonio no significa resolver definitivamente el problema.
El paso de los años demostró que cualquier mecanismo de reestructuración necesita transparencia, supervisión efectiva, responsabilidad dirigencial y resultados verificables. No basta con impedir la liquidación de un club. Es indispensable crear condiciones para que vuelva a ser financieramente sostenible.
Precisamente por ello, la legislación posterior introdujo nuevas reglas. La Ley N.º 32113, publicada en agosto de 2024, estableció mecanismos orientados a preservar los activos de los clubes acogidos al régimen especial, prohibiendo su transferencia definitiva mientras permanecieran bajo ese marco y reforzando las obligaciones de pago y supervisión.
Aquí aparece el gran desafío pendiente.
Las instituciones deportivas necesitan profesionalizar su administración, transparentar sus estados financieros, fortalecer sus divisiones menores, ordenar sus relaciones contractuales, mejorar la gestión de sus estadios e infraestructura y establecer responsabilidades claras para quienes adoptan decisiones económicas.
El fútbol no puede depender permanentemente de mecanismos de emergencia.
También corresponde revisar y perfeccionar continuamente el sistema. Una reestructuración no debería convertirse en una postergación indefinida de las obligaciones. Deben existir metas, plazos, indicadores de cumplimiento y consecuencias cuando los compromisos asumidos no se respeten.
Al mismo tiempo, es necesario preservar los activos estratégicos de instituciones que poseen una dimensión social que trasciende sus balances.
El verdadero legado de una política pública no se mide únicamente por el número de instituciones que evita que desaparezcan, sino por su capacidad para permitir que aquellas instituciones se reconstruyan y vuelvan a sostenerse por sí mismas.
En ese sentido, los mecanismos concursales aplicados al fútbol constituyeron una herramienta de reorganización y preservación patrimonial cuya experiencia merece ser estudiada, evaluada y perfeccionada.
Conclusiones
La experiencia demuestra que las grandes instituciones deportivas necesitan algo más que pasión: necesitan reglas, responsabilidad, transparencia y buena administración.
También demuestra que preservar una institución histórica puede ser legítimo cuando esa protección viene acompañada de obligaciones concretas, supervisión y un verdadero proceso de recuperación.
Las personas que, desde el deporte, el Congreso, la administración pública o la dirigencia, promovieron alternativas destinadas a evitar la desaparición de los clubes forman parte de esa historia. Pero el aprendizaje más importante no consiste en identificar a un único protagonista, sino en comprender que ninguna norma puede sustituir permanentemente a una buena gestión.
Hoy corresponde mirar hacia adelante.
Los clubes que atravesaron estas crisis no deberían conformarse con haber sobrevivido. Deben demostrar que aprendieron de ellas.
Y el Estado tampoco debería limitarse a intervenir cuando el deterioro ya parece irreversible.
Salvar una institución es importante; conseguir que nunca vuelva a ponerse en peligro por una administración irresponsable es mucho más importante.
El gran desafío del fútbol peruano consiste en transformar el salvamento patrimonial en sostenibilidad institucional.
Esa debe ser la siguiente etapa: mejores normas, mayor transparencia, administraciones profesionales, responsabilidad en las decisiones y una visión de largo plazo.
Porque cuando se preserva un club histórico no solamente se protege una organización deportiva.
Se protege una memoria colectiva, una identidad y un patrimonio construido por varias generaciones.
Con la responsabilidad que me otorgan más de cincuenta años vinculados a la dirigencia deportiva.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000.Congresista de la República para el período 2001 – 2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
