Ya estamos en primavera, en que se debe vivir con optimismo y esperanza de resolver los problemas nacionales.
Un problema: se esperan cambios climáticos por el fenómeno de El Niño; habrá lluvias intensas, inundaciones, desbordes de ríos y huaicos, sequías y escasez de agua en algunas zonas; habrá altas temperaturas, destrucción de infraestructuras —carreteras, puentes, canales de riego y viviendas—. También habrá impacto en la pesca y la agricultura, y hasta problemas de salud e incremento de enfermedades por los cambios de clima y humedad —dengue, zika, malaria y males estomacales o respiratorios—, que ocasionarán severos problemas nacionales en economía, servicios de salud, transporte, inseguridad ciudadana y falta de trabajo.
Otros problemas son: el cruel incremento de la delincuencia, incluso organizada en bandas internacionales, que agobia a la población, no obstante el actuar de la Policía Nacional; severas deficiencias en servicios públicos de salud, educación, transporte urbano e interprovincial e infraestructura pública —carreteras, puentes, etc., descuidados—; falta de nuevas inversiones de capitales de personas naturales y/o jurídicas, nacionales e internacionales, para explorar y explotar en mayor medida las riquezas naturales peruanas —minería, pesca, agricultura, textil, etc.—, de modo que se constituyan centros fabriles para agregar valor a esos productos y destinarlos a los mercados nacionales e internacionales. Tales inversiones generarán abundancia de nuevos puestos de trabajo con remuneraciones racionales que permitan a los trabajadores atender sus problemas personales y familiares, con lo que se eliminarán paulatinamente el trabajo informal y la pobreza. Tales inversiones, además, contribuirán a una mayor recaudación de impuestos, consolidando cada vez más la economía nacional.
Esos problemas deben ser paulatinamente resueltos por los políticos electos en 2026 para los poderes del Estado. ¡Es su responsabilidad!
Como empezamos la primavera, que es la estación entre el invierno y el verano, tiempo de mayor vigor y desarrollo, belleza, hermosura y energía, como humanos vivimos un renacimiento y/o resurrección de la alegría que se percibe en las artes, la música, el entretenimiento y el deporte, y con la esperanza, confianza, optimismo y expectativa ferviente de que se realice en nuestra patria lo que deseamos y/o necesitamos; esto es, lograr el bienestar personal, familiar y colectivo. Es una ilusión, supone expectativas positivas de obtener lo que nos es favorable y aspiramos. La esperanza es el combate al desaliento para no perder de vista lo que anhelamos alcanzar. Es la seguridad de que algo bueno va a ocurrir. Es algo que aún no se ve.
Aunque aún persisten los señalados problemas nacionales, no perdamos la esperanza de resolverlos. Es un anhelo, un estado de ánimo que se manifiesta desde nuestro interior, el alma. En suma, es un amor profundo y conlleva a relacionarnos fraterna y comprensivamente con las demás personas.
Igualmente, tengamos la esperanza de que podamos combatir y vencer todas las adversidades que nos ha tocado vivir; tenemos fe en conquistar la alegría colectiva nacional.
También es tiempo para reflexionar y encontrar caminos y acciones personales, colectivas y nacionales para vencer nuestras adversidades. No perdamos la fe ni la esperanza de que, si lo decidimos en unidad, lo vamos a lograr. Centrémonos todos, gobernantes y gobernados, en encontrar soluciones racionales para resolver cada problema local y nacional, con la esperanza de dar bienestar a todos los peruanos, sin excepción. Lo lograremos si combatimos la pobreza.
Es primavera, trabajemos con esperanza para fortalecer la economía nacional y eliminar la informalidad y la pobreza, con mayores fuentes de trabajo estable que permitan a los trabajadores remuneraciones racionales para atender sus necesidades personales y familiares. Es necesario que los electos para los poderes Ejecutivo y Legislativo, más allá de “sus pregones”, actúen con la mirada puesta en el fortalecimiento económico del país y de todo su pueblo, y que garanticen a los empresarios que se respetarán sus inversiones.
Que el Estado, los gobiernos regionales y municipales, sin excepción, satisfagan los servicios de salud en ciudades y poblados rurales, con mantenimiento y equipamiento permanente de los actuales hospitales, postas sanitarias y centros asistenciales, y los doten de profesionales médicos, enfermeros y especialistas que se dediquen a brindar con eficiencia los servicios de salud las 24 horas del día en dichos establecimientos.
Es indispensable mejorar y fortalecer la educación de niños, adolescentes y jóvenes, atender el mantenimiento estable de locales escolares y universitarios y edificar nuevos donde no los haya. Mejorar permanentemente la capacidad docente de los maestros y dotar a los estudiantes del material educacional que sea necesario —libros, cuadernos, sistemas de cómputo, etc.—. Atender la salud y el desarrollo de cada estudiante. Ofrecer becas para secundaria y universidades, incluidos los estudios de maestría y doctorado.
Combatir la delincuencia y la corrupción hasta desaparecerlas. Promulgar nuevos códigos adjetivos y procesales, y que los magistrados procesen las causas sin dilaciones, bajo responsabilidad personal.
En esta primavera no perdamos la esperanza.
José Roberto Rendón Vásquez.
Más de 40 años desempeñándose como profesor de derecho laboral de la Universidad de San Marcos, fue segundo vicepresidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad de San Marco de 1995 al 2000. Tiene el grado de doctor en derecho por la Universidad de San Marcos, además se ha desempeñado como vocal en la Corte Superior de Lima y fue asesor del directorio de Shougan Hierro-Perú, además ha seguido cursos de especialización en la Universidad Carolina de Praga (República Checa).
