La velada musical celebrada en el histórico Teatro Segura de Lima constituye mucho más que una presentación artística, representa un encuentro entre la memoria, la identidad y el futuro cultural de Lambayeque. En ese escenario emblemático, la música y el folklore chiclayano encontraron un espacio digno para volver a decirle al país que nuestras raíces no son piezas de museo, sino una fuerza viva capaz de emocionar, unir y proyectarse hacia nuevas generaciones.
El homenaje al Trío Los Mochicas adquiere, en este contexto, un significado especial. Su trayectoria forma parte de esa tradición musical que ayudó a construir una identidad sonora propia, vinculada al sentimiento, la elegancia, la poesía y la sensibilidad de la tierra lambayecana. Reconocer a Los Mochicas es reconocer también a quienes hicieron de la música una forma de preservar recuerdos, costumbres, afectos y orgullo regional.
La presencia del folklore y de la música chiclayana en el Teatro Segura permite, además, romper las fronteras geográficas de nuestra cultura. Lima se convierte temporalmente en una gran casa lambayecana, donde las generaciones actuales pueden reencontrarse con expresiones artísticas que merecen continuidad, difusión y reconocimiento. La cultura regional no debe permanecer encerrada en su territorio: debe viajar, dialogar con el Perú y conquistar nuevos públicos.
En esta tarea merece un reconocimiento especial Mario Seclén, cuya participación y compromiso expresan una voluntad concreta de convertir las buenas ideas en acontecimientos culturales. Su aporte simboliza una nueva mentalidad: iniciativa, entusiasmo, capacidad de gestión y disposición para abrir espacios donde antes solamente existían buenas intenciones.
Igualmente destacable es la labor de Pedro Kuljevan, presidente del Club Lambayeque, por asumir el desafío de impulsar una institución que no solamente conserva vínculos entre paisanos, sino que puede convertirse en plataforma activa de identidad, integración y promoción cultural. Cuando una organización social entiende que su responsabilidad también consiste en preservar y difundir el patrimonio inmaterial de su pueblo, adquiere una dimensión mucho mayor.
La actuación conjunta de gestores, artistas, instituciones y comunidad demuestra que la cultura necesita precisamente eso: gestión ágil, mentalidad positiva, eficiencia y visión de futuro. No basta con recordar el pasado; hay que organizarlo, celebrarlo, documentarlo y transmitirlo. Cada velada cultural bien conducida puede convertirse en una semilla para nuevos artistas, investigadores, gestores y ciudadanos orgullosos de su origen.
Conclusiones
La velada del Teatro Segura deja una enseñanza fundamental: la identidad se fortalece cuando la memoria se transforma en acción. El homenaje al Trío Los Mochicas reivindica una página valiosa de la música lambayecana; el trabajo de Mario Seclén demuestra que la iniciativa personal puede movilizar voluntades; y la conducción de Pedro Kuljevan al frente del Club Lambayeque evidencia el valor de las instituciones cuando ponen su capacidad organizativa al servicio de la cultura.
Lambayeque posee una riqueza artística que merece mayor presencia nacional. El reto es convertir estos encuentros en una continuidad permanente: más conciertos, homenajes, archivos musicales, publicaciones, formación de jóvenes y espacios de difusión.
Que el Teatro Segura haya escuchado nuevamente el espíritu musical de Chiclayo no sea solamente un hermoso recuerdo, sino el comienzo de una etapa renovada. Porque cuando Lambayeque canta, no solamente interpreta canciones: cuenta su historia, afirma su identidad y proyecta su alma hacia el futuro.
Con identidad, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
