Site icon Vox Populi Empresarial

La próxima pandemia: El enemigo que no respeta fronteras

El episodio sanitario ocurrido en Siberia recuerda que las pandemias no pertenecen al pasado. En un mundo hiperconectado, la verdadera ventaja estratégica será detectar y contener el próximo patógeno antes de que una emergencia local se transforme en una crisis global.

La reciente muerte de una trabajadora de 28 años del Instituto Antipeste de Irkutsk, en Siberia, ha devuelto al debate una palabra que parecía confinada a los libros de historia: peste. La causa definitiva del fallecimiento continúa bajo investigación y no se ha confirmado que se trate de Yersinia pestis. Sin embargo, cerca de 200 contactos fueron puestos bajo vigilancia como medida preventiva.

El episodio exige prudencia, no alarma. Pero recuerda una realidad incómoda: las pandemias no pertenecen al pasado. Desde la peste de Justiniano y la Peste Negra hasta la influenza de 1918, el VIH/SIDA y el COVID-19, las enfermedades infecciosas han acompañado los grandes cambios de la humanidad. Cada generación creyó disponer de mejores defensas y cada una descubrió nuevas vulnerabilidades.

La diferencia actual es paradójica. Nunca existieron mejores antibióticos, vacunas, secuenciación genética, cuidados intensivos y sistemas de vigilancia. Al mismo tiempo, nunca hubo tanta movilidad internacional, megaciudades interconectadas ni cadenas logísticas capaces de transportar personas —y patógenos— entre continentes en pocas horas. La tecnología aumenta nuestra capacidad de respuesta, pero la globalización multiplica la velocidad del riesgo.

La peste demuestra esa contradicción. La enfermedad no ha desaparecido. Persiste en reservorios animales y periódicamente aparecen casos humanos. Su forma neumónica resulta especialmente peligrosa porque puede transmitirse entre personas. Sin tratamiento oportuno puede ser mortal; identificada tempranamente, existen antibióticos eficaces. Esa diferencia separa al siglo XXI de las devastadoras epidemias medievales.

Por ello, Siberia importa menos como anuncio de una nueva Peste Negra que como prueba de los mecanismos modernos de alerta. Identificar contactos, aislar preventivamente, diagnosticar rápido y compartir información confiable constituyen barreras capaces de impedir que un incidente localizado evolucione hacia una emergencia internacional.

El verdadero problema estratégico aparece cuando la información llega tarde, la vigilancia sanitaria falla o la cooperación internacional queda subordinada a rivalidades políticas. Un microorganismo no necesita pasaporte, no reconoce fronteras ni distingue entre grandes potencias y países pequeños. La seguridad sanitaria forma parte, inevitablemente, de la seguridad nacional.

Para el Perú, la lección merece atención. La distancia geográfica dejó de constituir una defensa suficiente. Se requiere fortalecer vigilancia epidemiológica, laboratorios, controles sanitarios, reservas estratégicas, capacidad hospitalaria y coordinación efectiva entre salud, defensa, gobiernos regionales y sector privado.

Nadie puede afirmar cuál será la próxima pandemia ni cuándo llegará. Sí puede asumirse que surgirán nuevas amenazas biológicas. Prepararse no significa cerrar fronteras ante cada alerta ni alimentar el miedo, sino construir capacidad soberana para detectar, evaluar y decidir. En un mundo hiperconectado, la ventaja estratégica no consistirá en adivinar el próximo patógeno, sino en descubrirlo temprano y actuar antes de que una emergencia local se convierta en una crisis mundial.

Jorge Orlando Céliz Kuong
General de División en retiro, ex Comandante General del Ejército del Perú, especialista en Seguridad y Defensa con formación en Harvard y experiencia internacional en EE.UU. y la ONU.

Exit mobile version