La economía verde debe entenderse como una transformación estructural del modelo de desarrollo, no simplemente como una política ambiental. Consiste en elevar la productividad utilizando eficientemente energía, agua y recursos naturales, reducir emisiones, proteger el capital natural y generar empleos de calidad. La OIT la concibe como un modelo simultáneamente económico, ambiental y socialmente inclusivo.
Para el Perú, esta transformación adquiere una importancia estratégica porque su economía depende considerablemente de recursos naturales. La transición mundial hacia energías limpias puede convertirse en una amenaza si el país continúa exportando principalmente materias primas, pero también en una oportunidad histórica si utiliza sus ventajas —cobre, bosques, biodiversidad, tierras agrícolas y potencial energético— para desarrollar nuevas cadenas de valor. El Banco Mundial estima que la acción climática podría elevar el PIB peruano en 2 % hacia 2030 y 10 % hacia 2050.
1. La economía verde como estrategia de crecimiento
La transición verde debe vincular descarbonización y productividad. No se trata de producir menos, sino de producir mejor: menos energía por unidad de producto, menos desperdicio, mayor eficiencia hídrica, transporte limpio, agricultura sostenible, economía circular y tecnologías digitales.
El Perú posee una ventaja particular: puede convertirse simultáneamente en proveedor de minerales críticos para la transición energética y productor de bienes y servicios verdes. El cobre, por ejemplo, es esencial para redes eléctricas, electrificación y tecnologías limpias. Pero la estrategia no debería limitarse a extraerlo; debe promover proveedores tecnológicos, procesamiento, servicios especializados, infraestructura y capital humano alrededor de la actividad minera. En 2026, el Banco Mundial aprobó un programa de US$200 millones orientado precisamente a mejorar competitividad, sostenibilidad y transparencia minera.
2. Bosques, agricultura y biodiversidad
La Amazonía constituye un activo económico y ambiental estratégico. Reducir la deforestación no debe verse únicamente como una restricción productiva, sino como una oportunidad para desarrollar bioeconomía, productos forestales sostenibles, turismo de naturaleza, agricultura de mayor productividad y mecanismos de financiamiento climático.
El potencial es significativo: el Banco Mundial estima que transformar el sector forestal podría generar cerca de 2,4 millones de empleos entre 2023 y 2050 y multiplicar por siete su contribución económica.
La agricultura también debe avanzar hacia sistemas resistentes al cambio climático, tecnificación del riego, gestión eficiente del agua, trazabilidad y acceso de pequeños productores a cadenas de exportación.
3. Energía, transporte y ciudades
La transición energética exige acelerar renovables, generación distribuida, almacenamiento y electrificación. En transporte, el objetivo debe ser reducir progresivamente la dependencia del vehículo privado mediante transporte público eficiente y electromovilidad.
Esto también representa una política social: ciudades con transporte limpio y eficiente reducen contaminación, tiempos de desplazamiento y costos familiares. La OCDE destaca estas oportunidades, pero advierte que la transición tendrá costos iniciales y exigirá reconversión laboral.
4. El gran desafío, financiar la transformación
Aquí aparece el principal obstáculo. La OCDE estima que Perú necesita alrededor de US$60.000 millones hasta 2035 y US$100.000 millones hasta 2050 para mitigación y transición hacia cero emisiones, mientras actualmente destina aproximadamente 0,4 % del PIB anual a adaptación y mitigación.
Por ello, la estrategia debe combinar presupuesto público, inversión privada, banca de desarrollo, bonos verdes, fondos climáticos internacionales y asociaciones público-privadas. La política fiscal debe priorizar proyectos que simultáneamente aumenten productividad, resiliencia y competitividad.
Prospectiva 2030-2050
La economía verde puede convertirse en el nuevo motor de diversificación peruana. El escenario favorable sería un Perú que exporte cobre y otros minerales producidos con menor huella ambiental, alimentos sostenibles, servicios digitales, energía limpia, productos forestales certificados y servicios vinculados a biodiversidad.
El escenario negativo es igualmente claro: continuar dependiendo de materias primas, sufrir mayores daños climáticos, enfrentar restricciones comerciales ambientales y perder inversiones y mercados por falta de adaptación.
Conclusiones
La economía verde no debe ser concebida como un costo adicional impuesto a la economía, sino como una estrategia de competitividad nacional. Perú posee recursos naturales capaces de beneficiarse de la transición mundial, pero necesita convertirlos en conocimiento, tecnología, infraestructura, empleo formal y cadenas productivas.
La estrategia será integrar clima, productividad, innovación, minería, agricultura, energía, transporte y política social dentro de una misma estrategia. Además, la transición debe ser justa: los trabajadores desplazados necesitan capacitación y nuevas oportunidades, especialmente en una economía donde la informalidad continúa siendo muy elevada.
En perspectiva, el verdadero riesgo no es transitar hacia una economía verde demasiado rápido, sino hacerlo demasiado tarde. El Perú puede limitarse a adaptarse a las reglas ambientales que impondrá el mundo o participar activamente en la construcción de la nueva economía. La segunda opción ofrece mayores posibilidades de crecimiento, inversión, empleo y soberanía económica.
La economía verde, en última instancia, debe convertirse en una política de Estado: transformar el capital natural del Perú en capital productivo, tecnológico y humano para construir una economía más competitiva, resiliente e inclusiva hacia 2050. Un gran nivel de exigencia y de expectativas de crecimiento.
Con responsabilidad, Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
