El Perú posee una enorme riqueza natural, especialmente en oro y cobre, además de otros recursos mineros, energéticos, agrícolas, pesqueros y turísticos. El mundo demanda nuestras materias primas y reconoce su valor; sin embargo, el verdadero desafío no es solamente cuánto extraemos, sino qué hacemos con esa riqueza y cuánto bienestar genera para los peruanos.
Tenemos capacidad económica para avanzar en educación, salud, infraestructura, seguridad, vivienda, agua y saneamiento, ciencia, tecnología y desarrollo regional. El problema central está en transformar esa capacidad potencial en resultados concretos. Para ello se necesita voluntad política, orden estatal, instituciones eficientes, seguridad jurídica y una administración pública orientada a resultados, no a la improvisación ni al desbarajuste.
La minería debe convertirse en un motor de desarrollo más amplio. No basta con exportar concentrados, debemos impulsar progresivamente la transformación y mayor industrialización de nuestras materias primas, generando empleo calificado, tecnología, proveedores nacionales y cadenas productivas que multipliquen el valor dentro del país.
Al mismo tiempo, los recursos públicos deben administrarse con transparencia y responsabilidad. Cada sol debe tener un propósito verificable y llegar efectivamente a la población. Es indispensable reducir la corrupción, eliminar duplicidades burocráticas, acelerar inversiones y establecer metas medibles para cada sector y cada región.
La seguridad jurídica también es fundamental. El Perú necesita reglas claras y estables que permitan atraer inversión responsable, pero bajo condiciones que aseguren respeto ambiental, cumplimiento tributario, derechos laborales y beneficios sostenibles para las comunidades y el país.
La inclusión no puede ser un discurso, debe convertirse en oportunidades reales. Un Perú con recursos no puede conformarse con ciudadanos sin acceso adecuado a salud, educación, empleo formal, vivienda digna, agua potable o seguridad.
La solución está, efectivamente, a la vuelta de la esquina, pero exige decisión para verla y voluntad para ejecutarla. El Perú no carece de recursos; necesita convertirlos en desarrollo sostenible y bienestar compartido.
Debemos pasar de la confrontación permanente a una visión nacional de largo plazo; de la burocracia a la gestión; de la exportación primaria a la generación de mayor valor; y de las promesas a resultados verificables.
Más acción y menos desbarajuste. Un Estado ordenado, instituciones confiables, inversión productiva y una distribución eficiente de las oportunidades pueden convertir nuestra riqueza natural en una mejor calidad de vida.
El objetivo debe ser sencillo y nacional, que la riqueza del Perú deje de ser únicamente una cifra que observa el mundo y se convierta en progreso que sientan todos los peruanos.
Con responsabilidad Rafael Aita Campodónico.
Rafael Antonio Aita Campodónico.
Licenciado en Administración de Empresas, desarrollándose en el sector turismo y comercial. Dirigente deportivo y miembro activo en diferentes instituciones de fomento al deporte. Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lambayeque 1998-2000. Congresista de la República para el período 2001-2006 por el distrito electoral de Lambayeque.
