Hasta la anterior entrega, el problema de esta nueva cepa de gripe, al que casi todos llaman por su genérico “coronavirus”, estaba confinado en su mayor parte en China. Ya había aparecido en algunos países del entorno, pero no demasiado lejos. En el transcurso de febrero sin embargo se ha dispersado de modo notable y se da por un hecho que será considera una “pandemia”, o epidemia universal.
No me corresponde hablar del tema biológico, médico, sanitario, químico, de dicho padecimiento, así que las referencias a esta dimensión las esbozaré necesariamente, pero con la advertencia de esta reserva. Hasta donde he leído hay algunas conclusiones más o menos claras. Se trata básicamente de una variedad de gripe no muy diferente de las que padecemos cada temporada invernal, no muy mortal, pero si muy contagiosa. Por lo contagiosa que es y la alta movilidad humana de nuestros días, se ha expandido con cierta facilidad fuera de China. Y eso seguirá así algún tiempo hasta que se estabilice, surtan efecto las medidas de prevención, los tratamientos, el calor la acote, y algunas otras variables se pongan en juego. Hasta ahí las cosas no llaman demasiado la atención.
Pero fuera de los estables campos de la biología y la medicina, el asunto tiene otra dimensión insospechada. Hace algunos años, mediados de 1990, iniciaba la llamada guerra del golfo pérsico, y por primera vez en la historia de la humanidad, una guerra era transmitida a todo el mundo en tiempo real. La cadena CNN apostó cámaras y reporteros para darnos cuenta de la operación “tormenta del desierto”. Conocimos unos avanzados cohetes llamados “patriot” que, lanzados a una distancia de kilómetros, podían introducirse por la ventada seleccionada de un edificio. Conocimos y se popularizó una frase de la jerga militar “fuego amigo”. Además de ver en acción al general Norman Schwarzkopf.
Pues bien, hoy estamos frente a la primera gran epidemia de la era del internet y las redes digitales. Todos los portales de noticias, todas las redes digitales como FaceBook, Twiter, Instagram, estan llenas de información alusiva. Desde luego no solo información pura y dura, sino sobre todo, opiniones, no las mas, sensatas y documentadas. Baste saber que hay un portal, chino, accesible a todos, que muestra en tiempo real (como en su tiempo hizo la CNN con aquella guerra) la evolucion de la enfermedad en el mundo. Infectados, recuperados, fallecidos, lugares. Y no solo las cifras, los rostros, los lugares, los ambientes. Infografías de lo que es, de lo que debemos hacer. Por eso sabemos como está la situación en Latinoamérica. A Perú aún no llega, pero sí a Ecuador, México, Brasil. Y todo eso está haciendo una enorme diferencia en la manera como percibimos el problema. Según yo, para magnificarlo.
Los efectos estan en todos lados. El económico por ejemplo. Con muchas dimensiones. Se asume que el PIB mundial bajará, y más en aquellos países con mayores problemas. Redirección de gasto público a medidas de prevención y remedio. Cancelación de eventos como ya estamos viendo, con efectos para turismo sobre todo. Los juegos olímpicos son una incógnita. Por el contrario habrá auge de algunas líneas de utilitarios de medicina, como cubre bocas; en México, con cinco casos, ya no se encuentran por ningun lado. Y como en la enfermedad local hace diez años, el gel para manos. Hay que ver si hay efecto en las exportaciones chinas. Pero por lo pronto tiró las bolsas del mundo en ordenes del tres por ciento cuando se supo de su llegada a Italia.
Así como conocemos el concepto de “viralización” aplicado a videos, memes, noticias, en las redes sociales, es paradójico que ahora esta viralización corre montada sobre la del propio virus. Espero no confundir con este juego de palabras. Pero el crecimiento exponencial de la noticia ha superado sin duda por mucho la expansión de la enfermedad. Estamos sobreexpuestos a la información del virus, lo que pienso ha potenciado su sensación de peligro. Medios y personas ansiosos de provocar sensaciones, y con ello mantener audiencias, se han encargado de ello. Hay que entender también el cambio de época que estamos viviendo. Antes, pocos años ha, un líder de opinión habría entrevistado a una eminencia médica en el tema y de ese modo hubiéramos guiado nuestra conducta social para paliar los peligros y acechanzas del mutante. Hoy no es así. Cada portador de un teléfono móvil con suficiente creatividad y audacia asume sin rubor ese papel y se siente destinado a orientar a la humanidad para evadir la ruta de la catástrofe.
El resultado de todo eso podría llevarnos al borde de la locura. Apenas hace tres días, conocido el primer caso en México, un amigo llegó a dar una conferencia a mi ciudad, ubicada en el norte del país, sin casos conocidos. Me pidió que le comprara cubre bocas. Lo intenté, pero ya no fue posible encontrar alguno. Ese mismo día uno de mis hijos comenzó viaje al norte de Italia, una importante reunión de la comunidad salesiana organizado con meses de anticipación. Y ya me estoy imaginando las dificultades que tendrá a su regreso en una semana. No habrá nadie que lo quiera tener a menos de un kilometro de distancia. Hay ciudades europeas en que se han acabado los alimentos de los estantes de los supermercados, solo a manera de prevención. Con toda razón mi amigo Hans Blomier, de la fundación Adenauer, me dijo hoy que el tema del coronavirus se había convertido en “trending panic”.
Así es. Una gripe no es gripe en tiempos de internet. Tiene otra dimensión, otro significado. Se refleja en otros patrones de comportamiento social, en conductas colectivas no advertidas en otro tiempo. Fascinante en términos de teoría de comunicación, de sociología, de análisis y de estudio. Muchos colegas matemáticos están calculando la velocidad de crecimiento y de dispersión. Prefiero no repetir lo que he leído al respecto. Supongo que también habrá economistas anticipando los efectos y haciendo cuentas para las sugerencias de inversiones a los corporativos del mundo. Muchos despachos de comunicación también con el efecto en las redes, segmentadas al nivel que se les ocurra. Me pregunto cuántos de esos efectos no van a provenir del virus con forma de corona, sino de lo que cada uno supone que está pasando, de las realidades virtuales que construimos en nuestros entornos, de una digitósfera que no registramos por medio de los sentidos.
Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue miembro de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, miembro de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación. Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, Mexico.


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