Durante ocho años y cumpliendo una labor social que asumí desde el 2007, tuve la oportunidad de conocer y apoyar a varios clubes vecinales del adulto mayor. Compartí diferentes momentos con más de 800 de sus miembros de entre los 60 y los 80 años de edad, advirtiendo que lo que más valoraban ellos era la compañía. Observé que a estos clubes del Adulto Mayor acudían ellos buscando sobre todo conversación y contacto, además de las actividades que nos preocupábamos de organizarles atendiendo sus intereses y necesidades, que eran todas las actividades grupales que les daban sentido a sus días. La felicidad era para ellos poder estar juntos, compartir.
El tema viene al caso porque en estos cinco meses, esta población mayor mundial se ha visto relegada en sus espacios de contacto con otros y sobre todo al contacto con sus familias. Hoy se les recomienda olvidarse de abrazos y de conversaciones en directo con hijos y nietos y se les conmina a entretenerse en actividades individuales sin salir de sus casas y sin acercarse entre ellos.
Pienso que para ellos debe ser muy duro ahora este aislamiento forzado que a todos los demás, que lo sufrimos con menos restricciones, ya nos resulta difícil.
Pero -y esto es lo más complicado en nuestro país- no es solo que la pandemia afecte únicamente a estos adultos mayores que ya tienen un ingreso asegurado (porque tienen una jubilación o familia que los tenga a su cuidado) y pueden acceder a espacios de entretenimiento; las cifras nos dicen que no es común en nuestro país jubilarse a los 65 y quedarse en casa descansando. No se quiere o no se puede.
Según los datos del INEI del primer trimestre de este año, 12.7% de la población del Perú es Adulto Mayor, 38.6% de esta población está afiliada a algún tipo de sistema de pensión y un 55.4% de los pertenecientes a este grupo forman parte de la PEA (Población Económicamente Activa) del país. Cabe aclarar que el INEI ateniéndose a estándares internacionales considera Adulto Mayor a personas de más de 60 años. Las restricciones por la pandemia son rígidas para los mayores de 65, pero también según cifras del INEI, 27.4% de hogares del país tiene a un mayor de 60 años como cabeza de familia, sean hombres (un 25.9% de los hogares) o mujeres (31%). Es decir, plantear un confinamiento estricto (por tratarse de un grupo de alto riesgo) a este grupo etario resulta poco viable.
Lo vemos a diario en las noticias: las calles muestran un gran porcentaje de personas mayores en diferentes circunstancias, casi la mayoría en actividades de tipo comercial.
Hay que pensar que los mayores de ahora son en mayor proporción socialmente activos, hacen gala de más independencia y prolongan más su permanencia laboral. Porque quieren, porque pueden o porque lo necesitan.
Mantenerse activo con los años es un tema de capacidad, de orgullo o de necesidad. Y el derecho a estar en actividad no está debidamente contemplado por nuestro gobierno. Esta pandemia no es un tema que se vaya a resolver pronto y ya está claro que para todos no es solo un tema de salud, sino también económico. Y en ambos casos, luego de cinco meses, es un tema no resuelto. Para nuestra población de mayores –hábiles en su mayoría- estas restricciones sin programas alternativos son mucho más fuertes que para los demás.
Entonces, ¿Qué hacer con nuestros mayores que tienen al virus como espada de Damocles? ¿Cómo cuidarlos sin aislarlos? ¿Cómo rescatar sus habilidades para que puedan seguir procurando su sustento?
¿Vamos a seguir arrumándolos?
Elizabeth V. Hennings Marianyi
Gestora de programas y actividades de corte social y cultural durante los años 2007 al 2014 como Presidenta del Comité de Apoyo Social de La Municipalidad de La Victoria. En lo social, enfocando la atención a los grupos de adultos mayores y de la primera infancia; paralelamente, gestora y responsable de “Ten en cuento a La Victoria” (concurso galardonado por Ciudadanos al Día en el 2009 con el Premio a la Cultura e Identidad por Buenas Prácticas en Gestión Pública) y también editora del Libro “La Victoria, ciudad de tradición y progreso”.


Felicitaciones Elizabeth. Excelente artículo que pone los reflectores en un número importante de peruanos que con su esfuerzo y trabajo pusieron ayer más que un granito de arena en el Perú moderno que vivimos hoy.