Josef Zielinski Flores Opinión

Política, responsabilidad, ciudadanía y mediocridad

Estimado lector ¿Le confiaría usted su salud a una persona que simplemente habla bonito? ¿Confiaría la construcción de su casa a alguien solo porque es su amigo? ¿Invertiría los ahorros de toda su vida en un negocio ofrecido por alguien cuyo único mérito es el ser una simpatiquísima persona? ¿Le confiaría su negocio a un sujeto únicamente porque es divertidísimo? Estoy seguro que toda persona que lea esto dará un rotundo no como respuesta. Sin embargo ¿Por qué en una elección los ciudadanos en general (y nosotros los peruanos en especial) votamos tan mal y le confiamos nuestro futuro y bienestar – y el de nuestra sociedad – a gente que evidentemente no tiene la capacidad para dirigirla? Explicaciones podemos encontrar desde diversos enfoques – sociológico, político, psicológico, antropológico, etc. – pero hay algo que es un hecho, por más duro que esto suene y es que probablemente la política es la única actividad humana que no requiere necesariamente de preparación previa para que alguien pueda tener éxito en ella.

Nos quejamos permanentemente de nuestras autoridades (congresistas, presidentes gobernadores regionales, alcaldes, etc.) pero no reflexionamos en que somos nosotros – o por lo menos la mayoría de nosotros – los que votan por ellos y los colocamos en cargos de poder (en muchos casos solo porque son simpáticos o hablan bonito), desde donde – literalmente – pueden destruir en pocos años lo avanzado (mucho o poco) en muchos años (como reza el dicho, toma muchos años construir una reputación, pero bastan 5 minutos para destruirla). De esta manera, son los mismos ciudadanos los que colocan irresponsablemente los cimientos del desprestigio de la política como actividad. Es así que la corrupción, la incapacidad, la polarización y muchos otros males se enquistan en la sociedad y hasta que los ciudadanos no seamos conscientes de nuestra importancia en la política, este mal seguirá teniendo la condición de endémico.

Así como en nuestra vida privada no le confiamos nuestro bienestar a cualquier charlatán no deberíamos hacer lo mismo con el bienestar de nuestra comunidad y considerando que el ser humano es un animal social, su bienestar personal se encuentra sujeto al bienestar de su comunidad. Las sociedades que han entendido esta relación son las que han alcanzado el desarrollo. Las que no… bueno… mirémonos a nosotros mismos.

La política es algo muy importante que no podemos dejar en manos de advenedizos y mediocres, dado que éstos con la finalidad de mantener sus cuotas de poder van a hacer lo necesario para conservarlas. Y si para ello se requiere disgregar, generar polarizaciones, inventar enemigos, comprar líderes de opinión, generar caos y un largo etc., pues estarán dispuestos a hacerlo.

Lo triste de todo lo que menciono es que esto va en contra de la idea original de política, porque la política no puede ser vista como disgregadora de una armonía social. Al contrario: en sociedades divididas por creencias, intereses y recursos, la política ante todo debe ser la principal herramienta para construir una sociedad. No olvidemos que la finalidad de la política no es únicamente la administración y consecución del poder, sino la administración del conflicto, que siempre estará presente en toda sociedad como consecuencia de las lógicas diferencias que existen en la misma (que son una potencial fuente de conflicto si es que no son abordadas de manera adecuada). Si queremos que la sociedad avance, pues los dirigentes políticos deben concentrarse en concertar antes que disgregar, primar el diálogo antes que la confrontación y en general, aplicar virtudes de palabras que todos mencionan pero pocos aplican; tolerancia, respeto, responsabilidad y empatía.

Pero nada de esto se va a lograr si es que no asumimos nosotros los ciudadanos nuestra responsabilidad en este juego y es la de ser muy responsables al momento de elegir a nuestras autoridades e interesarnos por la política y me temo que esto último no es una opción, sino una obligación. No olvidemos que nosotros podremos olvidarnos y no hacerle caso a la política, pero tengan la seguridad que esta última siempre se interesará en nosotros.

Josef Zielinski Flores.
Abogado por la Universidad de Lima y Master en Acción Política por la Universidad Rey Juan Carlos I de España.  Miembro del Instituto de Estudios Social Cristianos (IESC) y profesor de ciencia política y problemática nacional en la facultad de derecho de la Universidad de Lima. Anteriormente se ha desempeñado como editor de la Revista Testimonio y como director ejecutivo del Instituto Peruano de Economía Social de Mercado – IPESM. Asimismo, ha sido colaborador de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales – FAES, con sede en Madrid y la Sociedad Internacional por los DD.HH. con sede en Frankfurt. Actualmente colabora activamente con la Fundación Konrad Adenauer de Alemania.

1 comment on “Política, responsabilidad, ciudadanía y mediocridad

  1. Muy buen artículo. Invita a la reflexión. Un fuerte abrazo.

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