Claudia Doig Opinión

Cuando no hay valor compartido

Haciendo a un lado los escándalos y escandaletes que llegaron empaquetados en audios y grabaciones que cuestionan lealtades de todo tipo, se me dio por escuchar las sustentaciones de diversos congresistas en los sendos y virtuales plenos de las últimas semanas.

Y me interesé porque quise entender qué los motivaba como grupo y qué se suponía que hiciera que sus elocuciones individuales resultaran relevantes para sostener sus puntos de vista como representantes de todo un país y resultaran así un aporte útil y con sentido.

Fue justamente en ese ejercicio de escucha que me di cuenta de que lo que podría ser relevante para el objetivo de sacar adelante el país brillaba por su ausencia. O sea, Perú: si te vi, no me acuerdo.

Se podrá objetar que lo que es relevante para uno no lo es para otro. De acuerdo. Pero, cuando se es integrante de una organización, desde una empresa privada, un organismo público, una ONG o un foro tan representativo como se supone que sea un congreso, la mirada y el alcance deben, necesariamente, ampliarse. Y ampliarse hacia una visión de valor compartido. Porque, ¿qué tienen en común los miembros de un parlamento que se abocan a discutir los grandes problemas de un país si no es, justamente, el país?

Así, en medio de la pandemia, los chismes y la letra chica de los casi monólogos de las recientes grabaciones (el subtexto, digamos) que llevaron al extremo la crisis nacional, escuché todo tipo de argumentos que evidenciaban que el país poco importaba. Que las regiones representadas por unos y otros poco importaban también. Para los protagonistas, la relevancia estaba en ellos mismos: cómo me destaco, cómo jalo agua para mi molino, cómo llevo el discurso para que mis posibles futuros electores me recuerden y piensen que soy la mejor opción para una alcaldía, un gobierno regional o un carguito interesante, porque, un año de Congreso es, vaya, como si nada. De hecho, más de uno está allí para usar la posición como plataforma, cuando no para alimentar intereses de terceros que nada tiene que ver con las necesidades y urgencias del país.

Y pensé que eso suele pasar en las organizaciones, públicas o privadas, cuando los integrantes no están alineados hacia un mismo objetivo, hacia una misma meta que explique el porqué se hallan juntos en un proyecto determinado.

Entonces, pasa lo que pasa en el Congreso: que cada quien mira hacia donde le interesa o conviene, hacia donde la individual relevancia le susurra que debe ir. De una forma u otra, pero hacia allí se encaminan. Y le meten punche, y se esmeran, y se esfuerzan.

¿Cómo se construye una mirada conjunta que, con sus matices y diferencias, tenga un norte claro? Toda construcción toma tiempo, pero, cuando los líderes tienen el norte claro y la coherencia rige lo que dicen y lo que hacen, se va allanando el camino para ir alineando criterios, descubriendo objetivos conjuntos y sumando voluntades. Porque, cuando nos sentimos e identificamos como parte de algo y nos abrimos a esa participación, vamos encontrando el espacio para contribuir positivamente. Y eso no significa renunciar a los objetivos específicos de cada área, ámbito o realidad, sino alinear estos a un objetivo mayor, a un fin último. Y allí es donde se van encontrando los criterios y oportunidades que suman valor, que aportan, que construyen.

Claudia Doig.
Comunicadora y periodista de amplia trayectoria en prensa escrita y televisión. Especializada en comunicación estratégica, relacionamiento con stakeholders y gestión de la reputación y marca en el sector público y privado. Directora editorial de revistas, libros y publicaciones temáticas.

3 comments on “Cuando no hay valor compartido

  1. Maria alarco

    De acuerdo, existe carencia de congruencia. Falta de liderazgo y poco amor por nuestro pais. Oportunistas aprovechando un momento efimero.

  2. Lucrecia Forsyth

    Estamos no se si como siempre o como nunca en una crisis de valores y de falta de compromiso. Qué pena que se haya metido en política personas que lo que quieren es sacar ventaja personal en lugar de hacer su trabajo y velar por el bienestar común. Imagínate que la pandemia fuera un castigo que no se va a levantar hasta que se acabe la corrupción. Te imaginas? Por favor que lleguen líderes políticos con una buena preparación, entereza moral y ganas de
    servir.

  3. Es bueno que hoy se puedan ver estas carencias. Es una gran oportunidad y un gran reto para los jóvenes. Ellos tendran que superar esto. Nosotros solamente nos queda orientarlos y animarlos a que participen en política y sallgamos de una vez de esta pobreza que no nos merecemos, porque somos un país extraordinario.
    Guillermo Lauriano

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