Domingo 11 de octubre de 1987, previa del partido Alianza Lima vs. UTC de Cajamarca, estábamos en el rodaje del documental “Cristo Moreno”, que saldría al aire por América Televisión dos domingos después y quedaban muy pocas imágenes por grabar. Estadio Alejandro Villanueva, faltaban 5 minutos para que empiece el juego. “Caíco” Gonzales Ganoza, el “Potrillo” Escobar, “Pechito” Farfán, el “Chueco” Marcos Calderón y una pléyade de jóvenes que eran identificados como la nueva generación prodigiosa del fútbol peruano, se arrodillaban frente a la imagen del Señor de los Milagros ubicada al costado de la escalera por la que accedes al campo del coloso de Matute. Era un ritual sin el cual no salían a la cancha. Ellos no sabían que sus oraciones, más que protegerlos para aquel partido, irían preparando su camino hacia el cielo, ya que en menos de dos meses emprenderían ese eterno viaje.
En 1920 Rosa Angélica Castro, una mujer discapacitada, de condición humilde, había quedado inmovilizada de ambas piernas. Requería una operación de alto riesgo y las posibilidades de una parálisis total eran muy elevadas. Por su condición, ella no podía pagar una intervención en una clínica. Fue al templo de la Encarnación y rezó con intensidad frente a una imagen del Señor de los Milagros y comenzó a sentir algún alivio. Días después tras visitar Nazarenas salió caminando. Los médicos que la vieron sentenciaron: es un milagro.
Octubre de 2001, una preocupación se apodera de un grupo de turistas en Nueva York, que, como parte de su tour visitarían la Catedral de Saint Patrick. Al llegar veían como una turba de gente impedía su paso, pero siguieron su recorrido. Casi sin darse cuenta, estaban atrapados, no podían avanzar, ni para atrás, ni para adelante. ¿Era un atentado?¿Era una protesta? Aunque la situación era atípica, el miedo no se apoderó de ellos, en medio de un mar de personas vestidas de morado, la sensación de paz y armonía, contrastaba con el tumulto de gente. De pronto una imagen imponente apareció. Cargada por unos caballeros que expresaban, a través de su rostro, el peso que les representaba. Rodeada por un humo espeso y un olor penetrante. Con un grupo de mujeres que cantaban incansablemente, a voz en cuello. Era el Señor de los Milagros andando por la ciudad de los rascacielos.
Octubre de 1974, una rubia de ojos azules, como el cielo, entra al Templo de Las Nazarenas, en Lima, acompañada de una joven de unos 15 años que se sostenía sobre unas muletas. Éste era un típico momento de agradecimiento, pues meses atrás la adolescente había sido arrollada por un auto a toda velocidad, estando ella de pasajera en una motocicleta y pudo haber perdido la vida, la pierna, cuya tibia y peroné quedaron destrozadas, o haber quedado inválida. Pero ahí estaba ella, con el fervor de su madre, ambas aferradas a ese milagro de estar sana y en plena recuperación.
La historia del mulato de Pachacamilla ha sido contada de muchas maneras, así como el origen de la imagen que, siendo una réplica del milagroso muro original, hace que millones de personas se postren ante lo que representa, en el Perú y en el mundo entero.
Octubre de 2020, uno de los daños colaterales causados por la insólita pandemia, tendrá impacto en esta hermosa tradición. Por segunda vez, desde que se tenga memoria, la imagen del Señor no saldrá a recorrer las calles, por lo menos no en Lima. Ese mar humano que implora por un milagro, que espera agradecerle por una gracia recibida, que lo busca para pedir salud, trabajo o amor, que implora porque tengamos unas autoridades que sepan gobernar, esas personas angustiadas, deprimidas o necesitadas, o que andan buscando a alguien querido al que tiempo no ven, se privarán de su presencia, ni en procesión, ni en el templo.
No me quejaré, no cuestionaré, ni tildaré de indolentes a las autoridades que parecieran conformarse con esta situación. Tampoco criticaré de insensatos a quienes claman para que el Señor como sea salga en algún tipo de procesional o en un móvil. Propondré más bien como tener al Señor de los Milagros presente en nuestras casas durante este mes. Desde gestos externos, hasta acciones interiores.
- Colgar un listón, un afiche o un símbolo en nuestras puertas y/o ventanas.
- Colocar algún elemento en nuestros carros, ya sea un banderín o estampita.
- Prendernos en la ropa un escapulario o detente, grande, mediano o pequeño, como una buena señal de llevar al Señor siempre con nosotros
- Hacer una pequeña oración de ofrecimiento, pedido o gratitud al Señor en algún momento del día, ya sea en el desayuno, almuerzo o comida. Solos o con la familia.
- En el interior de la casa o en algún lugar de la oficina tener una imagen que te permita tener presente al Señor.
- Hacer una obra de caridad concreta, puede ser una llamada a alguien que está solo, juntar algo de comida para compartir con un indigente, separar ropa que ya no usas, pero que está en perfecto estado, hacer una transferencia pequeña de dinero para alguien que sepas que tenga la urgencia, sin necesidad de que te la pida.
- Tener expresiones y gestos de amor hacia tus seres queridos. Que sientan ese Amor que proviene del Señor.
- Ser comprensivo con las personas que trabajan contigo, sin que esto signifique ser condescendiente, pero que sientan tu apoyo y respaldo.
- Perdonar a alguien. Ese pesar que tienes dentro, que te genera rabia y desazón, si lo perdonas, sales ganando tú mismo.
- Leer historias, testimonios, ver videos, sobre la devoción y milagros del Cristo Morado. Altamente recomendable la programación de Nazarenas.Tv que está haciendo un enorme esfuerzo por llevar al Señor a través de la tele.
Son solo unas ideas que estoy seguro, si las aplicamos, el Señor de los Milagros habrá recorrido, no solo nuestras calles, sino sobretodo nuestros corazones.
La devoción al Cristo Moreno, es una tradición, es un elemento esencial de nuestra historia e identidad, pero por sobretodo es un acto fe, caridad y amor.
¡Viva el Señor de los Milagros! ¡Cuida a nuestro país!
Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.


0 comments on “Ahí viene el Señor por las calles”