Parte de la ciudadanía ha entrado en fase de ira. La segunda etapa del duelo, según la recordada psiquiatra suizo-estadounidense Elizabeth Kübler-Ross. A estas alturas del partido, ya la ONPE procesó y contabilizó al 100% las actas electorales dando como Ganador a Pedro Castillo con el 50%12 frente a Keiko Fujimori, que logró un 49,87 % de los votos a nivel nacional.
La candidata de Fuerza Popular no se rinde, o no quiere ver una realidad que le es por tercera vez adversa. Su principal alegato es que hubo “fraude en mesa”, por no decir que se orquestó un fraude en su contra. Lo cierto es que nada de lo que dice prueba contundentemente que se trató de una elección fraudulenta. Firmas que no se parecen, mesas en las que ella no aparece con voto alguno, familias enteras que habrían tomado las mesas de sufragio, entre otras cosas. Lo cierto es que de las actas presentadas para ser impugnadas, la mayoría, por no decir todas, no procedieron.
Si nos remontamos al 11 de abril del presente, las dudas generadas podrían originarse desde ahí. Fueron, finalmente, los que pasaron al balotaje, dos candidatos que no tenían hasta dos semanas antes de los comicios, presencia en las encuestas como favoritos. Pedro Castillo no apareció en los sondeos hasta diez días antes de la primera vuelta. Empezó a crecer y crecer como la espuma, y en los últimos sondeos electorales emergió para sorpresa de todos en un sorpresivo primer puesto. En el segundo, no aparecía la señora Fujimori, sino empatando un tercer o cuarto lugar con Hernando De Soto y Rafael López-Aliaga. ¿Qué pasó? Lo cierto es que el mismo día de la elección, ya surgían denuncias televisivas de cédulas previamente marcadas con la K. ¿Qué raro, no? Al final de la contienda y tras el flash electoral, Pedro Castillo figuraba como líder de la carrrera acompañado, en empate, con Hernando de Soto y Keiko Fujimori. Los conteos posteriores de la ONPE fueron despejando el panorama y anunciaron a la señora como la ocupante del podio. Nunca más se habló al respecto, pero quedó, en el recuerdo de todos, las denuncias de los ciudadanos que anunciaban cédulas marcadas con la K. Nadie habló de fraude y menos de “fraude en mesa”, y la OEA, junto a Transparencia felicitaron al país por la gran fiesta democrática. Todo en orden. Todo bien.
La historia del balotaje es distinta, porque ante una Keiko Fujimori que venía en desventaja tomando como referencia el conteo rápido de IPSOS, que suele ser acertado hasta ahora, las cosas cambiaron abruptamente. Fuerza Popular quiso impugnar 802 actas electorales de votos que provenían del sur. Es sabido que Fujimori no era fuerte por esos lares y no debe sorprender ni a tirios ni troyanos que no haya obtenido votación o que si la tuvo, fue escasa. Su argumento es que en primera vuelta sí cosechó algunas preferencias allá, y ahora le extrañaba no tenerlos. Es posible que el voto peruano, siendo tan volátil y existiendo en la víspera un porcentaje de indecisos, haya variado y que Castillo supiera llegar con más claridad a este sector. Lo grave del asunto es que se trata de los votos del sur, de aquéllos que gritaban por el cambio, del Perú Profundo, de los marginados y olvidados por años ad portas del Bicentenario. Si el Estado a través de sus entes electorales no defiende esos votos, ¿quién los va a defender? Fujimori ha reabierto la herida de muchos peruanos que tuvieron voto pero no voz y que ahora no quieren ser tomados en cuenta por los poderes de siempre. Lo más curioso de todo es que nada indica anormalidad en las actas presentadas para su impugnación. Errores materiales como suma de votos, ilegibilidad, firmas que no se parecen, apellidos coincidentes, etc. son los principales argumentos. Los que han sido miembros de mesa la tienen clara: la jornada es tan larga y cansada que lo único en lo que se piensa es partir, llegar a casa lo más pronto posible. Entonces, no debe sorprender que las firmas no se parezcan, que falte alguna, etc. Eso no invalida una mesa y mucho menos los votos. Lo que debería preocuparnos ahora, en vez de seguir llorando sobre la leche derramada, es con qué plan y con qué gente va a gobernar Castillo. La señora Fujimori tiene derecho a la defensa y en pedir una revisión de las actas, pero los plazos son los plazos, y luego de los Jurados Electorales Especiales, el Jurado Nacional de Elecciones tiene la última palabra. Ya no se puede seguir tirando de la cuerda cuando el camino procesal termina ahí. Tenemos que aprender a convivir con el ganador y generar una oposición constructiva en beneficio del equilibrio y la gobernabilidad del país.
Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.


Gracias Miryam, Doctora en Filosofía, por el excelente analisis.
Me alegra que mencionaras La Palabra del Mudo de Julio Ramón Ribeyro. Es un buen referente para
caracterizar a Castillo.
Precisamente, yo le había comentado al psiquiatra y psicoanalista Max Hernández Camarero, que no sabía de nadie que hubiera establecido ésta relación (lo que me llamaba la atención).
Muchas gracias por su gentileza