A lo largo de la historia de la civilización humana se han presentado hechos trágicos porque han culminado con la desaparición violenta de muchos gobernantes y líderes nacionales por razones diversas, como falta de aptitud en sus gobernanzas, abusos contra las masas ciudadanas, ambiciones desmedidas y acciones sociales o políticas que tuvieron consecuencias nefastas.
En la Roma antigua todos recordamos las crueldades cometidas por Nerón y Calígula en tiempos en que los romanos eran una potencia en el mundo conocido de entonces; el primero de ellos aun cuando era amante del arte, las acciones de su gobierno exacerbaron los ánimos ciudadanos debido a sus múltiples crueldades y, como era de esperarse, sobrevino una revuelta turbulenta que lo obligó a huir y luego con la ayuda de un sirviente se quitó la vida. Cayó Julio César Augusto Germánico más conocido como Calígula, era un depravado muy cruel que, en apenas 4 años de reinado hizo de Roma un baño de sangre y de depravación, lo que dio lugar a una conspiración integrada por pretorianos y senadores que finalmente lo asesinó despiadadamente en una ejecución parecida a la que padeció Julio César.
En nuestro país, en el siglo XIX, ocurrió también un suceso trágico luego del asesinato del presidente coronel José Balta, hecho ocurrido el 28 de setiembre de 1,872. Balta llegó al poder vía elecciones en 1,868, habiendo sido su gobierno uno de los más polémicos del siglo en virtud a la enorme política de obras públicas en circunstancias críticas debido a la caída de los precios del guano. La medida que causó el mayor malestar ciudadano fue la firma del Contrato Dreyfus, mediante el cual arrebató el negocio del guano a los empresarios peruanos a cambio de un préstamo que le permitiría cubrir el déficit en la economía y la financiación de las obras que quería ejecutar, especialmente la construcción de ferrocarriles. Estas obras las ejecutaría un controvertido empresario estadounidense llamado Henry Meiggs.
Finalmente, el préstamo no alcanzó y Balta gestionó otros en el mercado de Londres, cuyos manejos estuvieron signados por gestiones oscuras que se convirtieron en escándalos que devinieron en el surgimiento de una tragedia política. Se convocó a elecciones en 1,872, que fueron ganadas por el candidato del partido civil don Manuel Pardo que fue el primer presidente civil y que no vestía uniforme alguno. Este triunfo generó reacciones tan fuertes como absurdas y la que más daño hizo fue el surgimiento de los tristemente célebres hermanos Gutiérrez que se llamaban Tomás, Silvestre, Marcelino y Marceliano, pertenecientes al sector menos preparado del ejército de ese entonces.
Los hermanos Gutiérrez, de triste recordación en nuestra historia, se sublevaron con la pretendida acción de obligar al presidente a declarar nulas las elecciones.
El 22 de julio de 1,872, los hermanos Gutiérrez apresaron al presidente Balta y, Tomás el mayor de los hermanos tomó el mando de la insurrección que tuvo muy poco apoyo popular y el repudio de la marina y el rechazo del Congreso de la República.
Esta insurrección que duró apenas 5 días y dio lugar a un cierrapuertas total en Lima además del levantamiento de la población que no aceptaba tan grave daño al país.
Hubo incluso deserción de tropas y, Tomás, al enterarse que su hermano Silvestre, en un intento fallido de levantar a la población del Callao, había muerto acribillado a balazos por parte de la ira ciudadana, optó por la venganza y el 26 de julio de 1,872 en un hecho repudiable y condenable hizo asesinar al presidente José Balta que se encontraba en el cuartel San Francisco a cargo de Marcelino.
Ante semejante acción, la furia de la muchedumbre ciudadana fue de tal naturaleza que, como es de todos conocido, dio una espantosa muerte a Tomás Gutiérrez. Según don Jorge Basadre, el historiador de la república, se logró comprobar después de un juicio que los asesinos directos del presidente Balta fueron el mayor Narciso Nájar, el capitán Laureano Espinoza y el teniente Juan Patiño.
Se dice que la turba que persiguió a Tomás iba creciendo y se hacía cada vez más violenta y amenazadora; le dieron muerte de la manera más cruel y luego colgaron su cadáver en un farol grande frente al Portal de Escribanos, el cuerpo exánime de Silvestre le hizo compañía luego de ser llevado desde la iglesia de los Huérfanos.
Marcelino logró refugiarse en una casa amiga y eso lo salvó, fue el único que no perdió la vida, más tarde se le conoció con el sobrenombre de ‘» el sobrado»‘.
Marceliano, murió en el Callao después de la muerte de su hermano Silvestre, murió luchando contra la turba.
En el amanecer del 27 de julio de 1,872, los cuerpos de Tomás y de Silvestre aparecieron colgados de las torres de la iglesia Catedral de Lima, luego se les descolgó y sus restos fueron quemados en el centro de la plaza, en una suerte final de una orgía de odio y violencia confirmando el dicho que una turba fuera de control es indetenible.
En tiempos más recientes, en la noche del 14 de noviembre del 2,020, en nuestro país, una revuelta turbulenta tuvo como desenlace la renuncia de un presidente y, lamentablemente la muerte de 2 jóvenes llamados Inti Sotelo y Bryan Pintado.
La policía, ante la agresividad de la revuelta, la reprimió violentamente y trajo como consecuencia la muerte de estos 2 jóvenes que, al margen de la ideología que pudieron profesar truncó las legítimas aspiraciones de sus familias.
En Europa y ya en el siglo XX, ocurrió una tragedia en Rumanía cuando todavía estaba en el poder el partido comunista y observábamos los tiempos finales de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
El protagonista fue Nicolae Ceausesco quien gobernó como secretario general del partido comunista de su país desde 1,967 hasta 1,989 en que fue ejecutado junto a su esposa Elena luego de su captura por una multitud harta del comunismo y de sus abusos. Ceausesco se acercó bastante a Europa Occidental y a EEUU, con cierta independencia de la Unión Soviética ya en finales por el colapso de su economía.
Lamentablemente, su régimen se volvió brutal y represivo, cultivando, además, un riguroso culto a su personalidad; y, ocurrió lo que en muchas oportunidades trae como consecuencia la ausencia de libertad y el ejercicio de una sublevante tiranía hacia su pueblo; el mismo que harto de estos abusos y de que el gobernante haga lo que ellos no querían, se sublevó y lo derrocó, fue capturado por una muchedumbre enardecida junto a su esposa.
Ambos fueron juzgados por un Tribunal Militar bajo los cargos de homicidio, subversión del Estado mediante acción armada contra el pueblo, destrucción de la economía del país y del patrimonio nacional, además de peculado. El Tribunal Militar lo sentenció a muerte y Ceausesco y su esposa fueron ejecutados luego de este juicio sumario que fue televisado para todo el país. Fue una ejecución controversial, desafortunadamente, resulta muy difícil dejar de satisfacer los deseos exacerbados de un pueblo que se convierte en una turba. Se le acusó de haber ordenado al ejército disparar contra la población civil que marchaba en Timisoara, rebelión de la población civil que se extendería a Bucarest y, el 22 de diciembre de 1,989, las fuerzas armadas rumanas lo abandonaron y se sublevaron uniéndose a los manifestantes.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano graficó este derrocamiento en su libro «Patas arriba. El mundo al revés», con las palabras siguientes:
«En vísperas de la navidad de 1,989, pudimos todos contemplar el más horrendo testimonio de las matanzas de Nicolae Ceauses en Rumanía. Este déspota delirante que se hacía llamar el Danubio Azul del socialismo, había liquidado a 4,000 disidentes en la ciudad de Timisoara. Vimos muchos de esos cadáveres gracias a la difusión mundial de la televisión y gracias al buen trabajo de las agencias internacionales que nutren de imágenes a los diarios y a las revistas».
Después de este hecho horroroso, se dijo que las matanzas de Timisoara solo había cobrado la vida de 100 personas, pero ya nada se podía hacer luego de la ejecución de estos desgraciados esposos. Se dice que una turba enardecida es un grupo social numeroso que se tornado violenta, iracunda, enardecida probablemente por protestas frente a hechos delictuosos o también por acciones políticas desencadenadas en abusos, represiones, ausencia de libertades que son inherentes a los seres humanos. Han ocurrido desde los tiempos aurorales de nuestra civilización, tornándose en muchos casos incontrolables y ocasionando tragedias que luego pueden ser repudiadas pero que han devenido en daños irreparables. Estas turbas iracundas fueron las que ocasionaron la muerte espantosa de los hermanos Gutiérrez en nuestro país, en alguna medida de las muertes de Inti Sotelo y Bryan Pintado. También lo fueron las que, al rebelarse contra Ceasescu en Rumania, terminaron con la ejecución de este tirano y su esposa Elena.
Para calmar los ánimos siniestros, es bueno recordar al escritor Rudyard Kiplyng (1,865-1,936):
«Si entre la turba das a la virtud abrigo.
Si no pueden herirte ni amigo ni enemigo.
Si marchando con reyes del orgullo has triunfado.
Si eres bueno con todos, pero no demasiado.
Y si puedes llenar el preciso momento en sesenta
segundos de un esfuerzo supremo.
Tuya es la tierra y todo lo que en ella habita
y lo que es más serás
hombre hijo mío…»
Tomás Teobaldo Marky Montero.
Estudió en la Escuela Militar de Chorrillos, egresando el 01 de Enero de 1965. Pertenece al arma de infantería y es General de división en situación de retiro. Es graduado de la Escuela Superior de Guerra del Ejército y del Centro de Altos Estudios Militares. Fue Jefe Político Militar de Ayacucho, Comandante General de la Tercera y Cuarta Regiones Militares; Inspector General del Ejército y, Jefe del Estado Mayor General del Ejército.


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