Hace unos días les conté el problemón con el doctor Alan García y el asunto de la apología a Sendero Luminoso que protagonizó en Huanta, en una reunión privada con la Juventud Aprista Peruana allá por 1987. La historia aún no había terminado. La persecución continuaba y varios indicios me señalaban que debía cambiar de rumbo. Renuncio a la política y decido hacer solamente periodismo deportivo en el rubro de carreras de autos, motos, karting, en fin, mi pasión de toda la vida.
Las continuas amenazas, reglajes y un poco harto de la política decido renunciar a la dirección periodística de Radio Cadena y me paso a Radio Moderna para solamente ocuparme de automovilismo deportivo. Nada de política ni estrés, pero se presentó este relato realmente trágico. Es a veces increíble que sucedan situaciones de este tipo y que una decisión pueda cambiar por completo tu vida o, mejor dicho, no llegar a ser una víctima más del terrorismo, que nuevamente está listo entre nosotros para volver a atacarnos con furia.
Era el 6 de septiembre de 1992. Ese domingo se disputaban Las Tres Horas Peruanas en Trujillo. Toquecitos de Bocina –mi espacio radial que se mantuvo hasta el 2002- se emitía los domingos de 6 a 7 de la tarde. Por motivo de este evento, un día antes tomé mis maletas y viajé a Trujillo y desde allá por teléfono hice el programa en el horario establecido, es decir de seis a siete de la tarde. Siete en punto terminé y me fui al hotel a descansar. Cuando corté el teléfono, en ese mismo momento, un comando de Sendero Luminoso hizo explotar un coche bomba en la puerta de Radio Moderna, ubicada en la esquina de la Avenida Argentina y Nicolás Dueñas.
El Sub Oficial Víctor Robles cuenta sobre el incidente: “El 11 de agosto de 1992, el entonces suboficial de Primera y Agente del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), Augusto Pastor Venegas Cornejo fue destacado por sus superiores a trabajar en el Puesto de Inteligencia de Lima, que posteriormente fuera bautizado por la prensa como El Grupo Colina.”
“Apenas 24 días después, el suboficial se vio obligado a dejar su puesto, con licencia por tiempo indefinido, debido a que su familia fue víctima de un grave atentado terrorista en el que murió su hijo de un año y quedaron heridas su hija de diez años y su esposa, Angélica Ríos Macotela. Fueron víctimas circunstanciales de un ataque con bomba perpetrado por terroristas el 6 de septiembre de 1992 contra Radio Moderna, en la Av. Argentina con Dueñas.”
“El coche bomba estalló en la puerta de la emisora justo cuando pasaba a su lado un vehículo de transporte público en el que viajaba la esposa del suboficial con sus dos niños. A causa de la explosión, la señora Ríos perdió la visión y el rostro le quedó desfigurado. Obligados a emigrar. El hijo menor de la pareja murió instantáneamente en brazos de la madre, que lo llevaba cargado sobre sus piernas, mientras que la hija mayor sufrió heridas múltiples.”

El coche bomba tumbó toda la emisora, la sala de grabaciones, oficinas administrativas y la cabina de transmisión. Todo en escombros. El techo se vino encima sobre el locutor de turno, el vigilante y el DJ, del programa que seguía al mío. Los tres murieron. Era un domingo 19 horas. No quedó nada en pie. Mis amigos de Radio Moderna en el piso y yo en mi cama trujillana. Mi esposa me llamó por teléfono a los pocos minutos para que prendiera el televisor del hotel. Normalmente, cuando terminaba mi programa demoraba un par de minutos en retirarme. Ese día, mi viaje a Trujillo me salvó la vida. Toquecitos de Bocina, muchas gracias. Si hubiera emitido el programa en vivo desde la misma radio, el coche bomba me hubiera tomado por sorpresa a su lado y no estaría escribiendo esta columna. La guerra ya empezó nuevamente y parece que nadie se da cuenta.

Hans Firbas.
Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa SIP.


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