Columnas Hans-Peter Firbas Opinión

El muro de 1989 (Berlín) y Nino Bravo

El 9 de noviembre fue un día muy especial para los patriotas alemanes, ya que en 1989 se derribó el Muro de Berlín. Construido ocho días después de mi nacimiento en 1961, durante la madrugada, cambió la vida y la muerte de todo un país. De un día a otro, una pared dividía a una nación en dos.

La juventud germana siempre fue rebelde, y la libertad y su padre patria son fundamentales para el bien común. La misión de estos dos imberbes era complicada. Peter Fechter y Helmut Kulbeik pasaron varias semanas observando con detenimiento cada movimiento de la guardia, las rutinas, las diferentes características de la construcción. Hasta que se les ocurrió un plan. Algo precario, pero ellos consideraban que si aprovechaban la velocidad y la agilidad de sus 18 años podía tener éxito. El 17 de agosto de 1962 se decidieron llevarlo a cabo, doce días luego de haber cumplido mi primer año de vida.

Peter y Helmut eligieron cuidadosamente el lugar desde donde intentarían la fuga. El muro se iba reformulando todo el tiempo, semana a semana adquiría nuevas medidas de seguridad para no ser traspasado. A lo largo de su recorrida, su ancho variaba: había barreras, torres de vigilancia, sistemas de disparo automático, distinto número de tropas. Todos esos factores entraron en su análisis.

Los dos adolescentes se escondieron en una panadería pegada al muro. En ese lugar exacto la seguridad parecía vulnerable. Conocían de memoria el movimiento de los guardias. Había un breve momento en que se producía un punto ciego en el lugar que ellos se encontraban. Debían aprovecharlo. Saltar, caer en lo que se denominaba Pasillo de la Muerte (también conocido como Zona de Seguridad o Zona de nadie), un pasaje que estaba entre los dos muros, correr rápido una decena de metros hasta alcanzar el alambrado. Luego, sortear el alambre de púa y trepar la cerca para caer del lado occidental.

Del otro lado no solo los esperaba la libertad. A Peter lo aguardaban su hermana, su cuñado y sus sobrinos que vivían en la otra punta de la ciudad, y a quienes veía con frecuencia hasta que se construyó el muro. Peter, obrero de la construcción, había obtenido un permiso de salida, pero a último momento le habían denegado esa posibilidad. Su juventud, las ansias de respirar un aire nuevo, la sensación de que a pesar de tener solo 18 años su tiempo se acababa, lo empujaron a encarar la aventura. Peter Fechter y su amigo lograron saltar sin ser vistos, pero mientras escalaban el cerco, el último obstáculo, que los separaba del lado Occidental, fueron divisados por los guardias del lado Oriental.

Primero fue un grito. Seco, terminante, intimidatorio. Los chicos no giraron la cabeza y apuraron sus movimientos. Enseguida llegó la ráfaga de disparos. Helmut consiguió llegar a lo alto del muro y dejarse caer del otro lado. Estaba ileso y en libertad. Peter fue alcanzado por una bala que ingresó a la altura de la cadera. Cayó de espaldas contra la tierra. Quedó tirado en la Zona de Nadie. A su alrededor se fue formando un charco de sangre oscura.

Además de los soldados de ambos lados de la división, muchas otras personas habían presenciado el hecho. Los testigos pidieron que atiendan al chico que estaba tirado. Estaba con vida, pero perdía mucha sangre. La gente se fue acumulando y comenzó un griterío clamando por clemencia. Pero nadie fue a asistir a Peter.

Los soldados del lado occidental le tiraron un botiquín para que intentara unas curaciones preliminares. Fue una idea ridícula. El chico estaba demasiado débil y semiinconsciente. Los soldados de ambos lados no se animaban a acudir en su ayuda. Unos días antes había habido un incidente con heridos graves y nadie se quería arriesgar.

Durante 50 minutos Peter Fechter agonizó ante la vista de cientos de personas que solo miraron. Cuando dos soldados del lado oriental lo recogieron ya nada se podía hacer. Peter, a los 18 años, había muerto de un balazo, procurando su libertad, tratando de cruzar el muro absurdo.

Treinta y cinco años después del disparo fatal, en 1997, con Alemania ya reunificada, los guardias que dispararon contra Peter fueron juzgados por homicidio. Los dos (había un tercero, pero falleció antes del juicio) fueron condenados a 21 meses de prisión, una pena que no era de cumplimiento efectivo. Los jueces dijeron que era imposible determinar cuál de los tres guardias hizo el disparo que ocasionó su muerte. Se hizo justicia.

El caso de Peter por su edad, por la crueldad de la situación y por la cantidad de testigos y las protestas que estos levantaron, tuvo mucha difusión. La revista Time publicó un artículo sobre su muerte. Allí se llamó por primera vez al Muro de Berlín como “El Muro de la Vergüenza”.

La grabación de Nino Bravo ‘Libre’ fue un éxito inmediato. Integró el álbum “Mi Tierra” y apareció en octubre de 1972. Las imágenes que verán son mostradas tras años de buscarlas con mucho tiempo invertido. Mi homenaje a Fechter, quien nos enseñó que el pueblo alemán busca ser LIBRE…como el mar. Las imágenes son verídicas, acompañadas de este homenaje del cantautor español:

Hans Firbas.
Miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa SIP.

0 comments on “El muro de 1989 (Berlín) y Nino Bravo

Deja un comentario

Discover more from Vox Populi Empresarial

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading