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Cristo enseña el sentido de la vida y la felicidad

El misterio de Dios se presenta como un misterio de amor. El evangelio nos invita a seguir el ejemplo de Cristo como la imagen del hombre nuevo. “Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor” (Juan, 15:9-10). Al fariseo que pregunta a Jesús cual es el primer mandamiento Jesús contesta que es el amor al Señor tu Dios con todo tu corazón y el segundo es amar al prójimo como a ti mismo.  (Marcos, 12,28-34).  El primer mandamiento nos enseña que el sentido de nuestra vida no es sólo una relación con la materia para ganar dinero, sino que Dios es la fuente de amor en nosotros para nosotros mismos y para nuestra relación de amor con todas las personas. La vida del cristiano parte de una ética de amar, es decir, buscar y hacer el bien. “No sigan la corriente del  mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior (Romanos, 12, 2).  La fe es el reconocimiento de que hay una presencia en nuestra conciencia de Otro que es el sginificado de nosotros mismos. Se produce un cambio en la persona, una conversión de pensamiento que nos lleva a cultivar en nosotros mismos los valores y por lo tanto de actuar también de una manera distinta.

El amor propio, en diferencia con el egoísmo, es convertir a sí mismo mismo en una persona apasionado por el amor  y de esta manera tratar a los demás con amor. Lo que somos es obra de Dios: hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocuparemos en ellas (Efesios, 2.10). “Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto” (Romanos, 12, 2).

 “La corriente del mundo actual es la utilidad que trae el egoísmo, envidia y odio. “Si uno dice: Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” ( I Juan, ).  “Una cosa es cierta, y en ella debes insistir: los que creen en Dios han de destacarse en el bien que puedan hacer” (Tito, 3, 8).  “Que cada uno busque lo que agrada a su prójimo, ayudándole a crecer en el bien” (Romanos, 15,2). “ Por su parte, hermanos, no se cansen de hacer el bien( II Tessalonicenses, 3, 13). ).  El ser humano ya no es un esclavo al servicio de las ideologías sino decidirá sobre su propia vida. Luchamos porque amamos. “Así, pues, hagamos el bien sin desanimarse que a su debido tiempo cosecharemos si somos constantes. Por consiguiente, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y especialmente a los de casa, que son nuestros hermanos en la fe” (Gálatas, 6. 9-109).  “Todos saben que ustedes están muy abiertos a la fe, y eso me alegra; pero quiero que sean ingeniosos para el bien y firmes contra el mal (Romanos, 16, 19).”Que practiquen el bien, que se hagan ricos en buenas obras, que den de buen corazón, que sepan compartir” (I Timoteo, 6, 18). Dios no envió el Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él (Juan, 3,17).

Las personas que buscan el bien establecen vínculos fuertes. “No hay amor más grande que dar la vida para sus amigos” (Juan, 15.13). Sin embargo, “Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tienen? Sean perfectos como es perfecto el padre de ustedes que está en el cielo”, “amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores” (Mateo, 43-48).

El desarrollo no es solo aplicar medidas socio-económicas. El saber nunca es solo obra de la inteligencia. El saber es estéril sin el amor. El saber de las ideólogos tiende a convertirse en el saber de los fariseos, enseñar las normas que ellos no cumplen.  Pablo VI (Enciclica Populorum Progressio) afirma que la caridad cristiana es la principal fuerza de desarrollo. El anuncio de Cristo es además el primer y principal factor de preocupción para el bien común, el servicio a todos. El que está animado de una verdadera caridad exige el saber, la investigación, las soluciones para todos.

La referencia al amor es por el ejemplo de Cristo y por medio de la oración para que nuestra conciencia escuche la voz de Dios. ”Dios es espíritu, y los que adoran a Dios deben hacerlo en espíritu y verdad (Juan, 4,23-24). “Y como sabemos que permanecemos en Dios y él en nosotros? Porque nos ha comunicado su Espíritu. A Dios no lo ha visto nadie jamás; Dios está entre nosotros y su amor ha llegado a su plenitud en nosotros” (I Juan, 4,12).

La felicidad no es el efecto de drogas en las sensaciones sino la experiencia de un ser humano nuevo por dar y recibir el amor.  “En cambio, el fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo. Estas son cosas que no condena ninguna ley. Depongamos toda vanagloria, dejemos de querer más que los demás y de ser celosos” (Gálatas, 5, 22-23).

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