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Entre sismos y tsunamis

El domingo hubo dos terremotos. El primero, muy temprano, en la Región Amazonas que ha afectado severamente a nuestros hermanos del nororiente peruano. El segundo, por la noche, que remeció las débiles estructuras del gobierno y sorprendió a millones de peruanos. Las reveladoras imágenes de Cuarto Poder, nos mostraron al gobernante sosteniendo reuniones clandestinas en su local de campaña en Breña, a las que asistieron funcionarios de su gobierno y personas vinculadas a licitaciones de obras del Estado.

Las razones que han dado los asistentes han sido contradictorias, tanto que ha sido necesaria la participación de “traductores” e “intérpretes” para entender las diferentes versiones que, los actores y espectadores, dieron al mismo acto realizado en el escenario que muchos creían había sido clausurado para tratar temas del gobierno.

El fuerte sismo en Amazonas terminó siendo un triste salvavidas y la excusa perfecta para Pedro Castillo que, caminando entre los escombros producidos por los movimientos telúrico y televisivo, le permitieron tomar un respiro para enfrentar esta crisis que l mismo había generado que ayudaría, a la oposición en el Congreso, a conseguir los votos que necesita para llevarlo al palacio legislativo para que responda las acusaciones que, en caso no fueran satisfactorias para las dos terceras partes del número de congresistas, podrían producir su vacancia.  

El sismo causado por las ondas electromagnéticas de la televisión y por el periodismo de investigación, que tanto extrañábamos, ha dejado secuelas. El piso se ha seguido moviendo para el gobernante, tanto que parece haber quedado con los “nervios de punta”. Su intolerancia, ante la crítica de la prensa, ha superado el límite máximo permitido. En cualquier momento algún reportero podría terminar “abollado” por un gobernante que le cuesta esfuerzo controlar su ira. Ya entendemos por qué no le gusta interactuar con la prensa inquisidora y sus preguntas incómodas. El poder siempre busca complacencia en la prensa, por ello parece que Castillo quisiera tener “ñustas” y “chasquis” en vez de aguerridas reporteras e inquisidores periodistas.

La soberbia del gobernante y sus “hacedores” le hacen creer que él puede manejar el país cómo su chacra y que todos, incluidos los congresistas y la prensa, deben ser permisivos y tolerantes con sus exabruptos. Ayer vimos a la premier en la conferencia de prensa, tratando de “surfear” el tsunami prometiendo, como solución a la crisis, que el gobernante “ya no volverá a utilizar la casa de Breña”.

Parece que Pedro Castillo no se da cuenta que hace seis meses dejó de ser candidato y ahora como gobernante tiene la obligación de respetar la investidura que lo compromete a mostrar transparencia en todos sus actos. El poder que abusa o utilizado en beneficio propio, es delito. El poder sin control, linda con la tiranía y el totalitarismo.

El poder que tiene Pedro Castillo es enorme, los límites los pondrá su capacidad y sus valores. El poder conferido le da la autoridad para decidir con autonomía para asignar los recursos suficientes para implementar y cumplir sus promesas de campaña en temas sensibles que le permitan dar respuesta a las demandas de los sectores menos atendidos en las dos últimas décadas. Pero en ningún caso lo libra de la fiscalización del Congreso y de los órganos de Control.

Los indicios de corrupción nos muestran a funcionarios públicos que, con la “experiencia adquirida” en los gobiernos locales y gobiernos regionales de todo el Perú, han llegado al gobierno central ávidos de lucrar con el poder. Parecen no tomar en cuenta que, al asumir la función, también asumen responsabilidades de dar cuenta de sus actos y que están expuestos a sanciones que incluso los podrían llevar a la cárcel, algo que no les parece preocupar o están seguros que llegan blindados por una fuerza poderosa que ha llegado para perpetuarse en el poder.

La situación en las empresas del Estado es caótica y preocupante. Es una ola que va tomando más fuerza y haciéndose cada día más grande. El Congreso es el último dique de contención que tenemos para lograr restituir el orden y evitar que en poco tiempo este gobierno destruya nuestra economía.

Hoy sabremos si la oposición, en el pleno del Congreso, logra unirse para conseguir los 52 votos que necesitan para llevar a Pedro Castillo al hemiciclo. Esperamos que asista, en compañía de su abogado, para que responda por sus actos y enfrente un proceso de vacancia que se realizaría respetando el debido proceso y la Constitución.

Luis Otoya Trelles
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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