Durante la campaña electoral, la prensa le preguntó al candidato Rafael López Aliaga, qué pensaba del poeta César Vallejo, tan citado por el ex presidente Sagasti.  López Aliaga contestó con aire despectivo: “dicen que deprime…”.  Una respuesta bastante vergonzosa para un candidato a la primera magistratura del país.  López Aliaga no puede decir lo que otros le han sugerido; él mismo debería convencerse de que en verdad leer esos maravillosos versos causan tal efecto. 

César Vallejo es el poeta del Perú y voz universal -alguna vez fue declarado como el más grande surgido luego de Dante Alighieri-; suena a despropósito que un aspirante a tamaño cargo se exprese así.  Vallejo no deprime, hay que dialogar con él, simplemente. Sentir su hondura. Bucear en sus palabras. A no ser que la persona que lo lea manifieste tendencia a la depresión.  Este, quizás, es el caso de quien lo haya dicho. Y del propio López Aliaga.

No nos imaginamos a un presidente argentino declarando que el Martín Fierro, obra nacional de esas tierras, lo deprime. Y aunque le produzca esa sensación, no es dable ventilarlo en público. ¿Qué identifica a los peruanos?  ¿La gastronomía, el folklore, la literatura?  No basta contentarnos y sentirnos “unidos” solo cuando hay una feria gastronómica -bienvenidas, pues dan trabajo a peruanos- o cuando la selección, con sus irregularidades, gana.  Con el deporte se impulsa el sentido de una patria, pero no se construye.  Los valores se han trastocado.

Vargas Llosa ganó el Premio Nobel de Literatura en 2010; muchos se alegraron por el Perú, pero sostuvieron que no les gustaba el autor. No lo leían.  Somos libres de que los novelistas nos agraden o no, pero es imperativo convencernos en persona de su valía o de lo contrario.  Esperar a que llegue alguien y nos brinde su parecer para asumir esa postura no es honesto ni inteligente. Hubo quienes alzaron su voz de protesta cuando MVLL decidió apoyar a la candidata Fujimori y proclamaron a los cuatro vientos: “no más Vargas Llosa en un país de Arguedas”.  Siempre polarizados. En eso, somos consecuentes.

No solo la gastronomía, el deporte, -tantas veces derrotado-, o los paisajes de nuestra tierra han de ser los únicos símbolos que amalgamen peruanidad.  Necesitamos capital humano: el que produce cultura y nos lleva a reconocer nuestro lugar en la historia. Negar que Vargas Llosa es un gran exponente de la literatura sería mezquino. Sin embargo, no todos lo celebraron cuando la Academia Sueca anunció el galardón.  Adujeron que lo invalidaban sus ideas políticas; otros, su forma de comportarse y, al final, asomaron quienes confesaban no comprender su obra.

Las falencias son muy graves y se originan en la educación escolar.  Los alumnos demuestran no haber leído ni la cuarta parte de los autores que muestran el camino de la identidad.  Y ni qué decir de los escritores y artistas actuales que van nutriéndose del Perú en silencio.  Estamos acostumbrados a no respetar el patrimonio espiritual.

Hace poco falleció una digna promotora de la culinaria en el Perú: Marisa Giulfo. Nadie invalida su contribución.  Pero esa actividad, a pesar de tantos logros, resulta tan instantánea que nos preguntamos si es válida como estandarte. Para conocer el verdadero Perú no debemos solamente recorrerlo con el gusto, sino explorar su riqueza en el pasado y en el presente. La gran variedad que ofrece es mucho más vasta y supera, con creces, a la deliciosa comida.  El arte es la mejor herramienta, tanto el llamado “académico” como el “tradicional”: la literatura, la pintura, las artes plásticas, en general. Y el folklore, por supuesto, inherente a nuestras vidas. 

Los gobiernos y futuros gobiernos deben fortalecer esa “riqueza del alma”, porque ese es el auténtico patrimonio que nos identifica como nación.  La ciudadela histórica de Caral -ubicada a 23 kilómetros de Puerto Supe-, debe ser protegida de invasores y mafiosos. El Estado, a tráves del MINCUL, se halla en la obligación de propiciar el acceso a quienes deseen visitarla para aprender de los que ahí moraron y cómo resolvieron sus dilemas y sus preguntas por el cosmos.  No es fácil llegar. Es vital construir una ruta que facilite la entrada a la que fue, en opinión especializada, “la primera civilización del mundo en surgir sin conquistas ni exterminios”. Y la tenemos aquí. También se debe garantizar el retorno de miles de piezas pre-colombinas. Por alguna razón u otra, migraron.

Hagamos un esfuerzo por concentrar nuestra identidad en ese capital.  Existen muchas formas de explorar el Perú.  No pensemos que tal o cual autor deprimen solo porque lo dijo un asesor escaso de mollera.  Descubrámoslo nosotros.  Felizmente, sí existen personas que transitan por esta senda.  Periodistas, youtubers y bloggers están en campaña permanente: trabajan inspirados en el pasado, el presente y con miras al futuro. 

El Perú es un país en vías de desarrollo. La identidad o la “unión” no deben quedar solo en manos de la gastronomía -aunque ella albergue un enorme atractivo-. Tampoco en las posibilidades -casi de lotería- de que la selección de fútbol obtenga un triunfo.  Son solo instantes. El país necesita descubrirse y reinventarse.   No permitamos que la depresión gane cuando en verdad los poetas son magníficos aliados de escape en la baja de dopamina.  No requerimos solo de clasificaciones a los mundiales: lo que urge es descubrir qué nos identifica de forma duradera como peruanos. Ahí están los creadores de cualquier tiempo, indicando la ruta.

¡Basta, señor López Aliaga! Vallejo no deprime: usted no lo ha leído. Eso es todo.  Sería colosal que, si aspira a la Presidencia del Perú, se nutra de capital humano y lo demuestre en cada una de sus apariciones.  Por ahí nos sorprende con los versos de un vate peruano y a la vez, universal.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

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