Y la variante Ómicron ya está en el Perú. Es probable que circulara antes y recién fue detectada. Los casos crecen como espuma. Lamentablemente, la llegada “oficial” de esta mutación se produce para las fiestas de fin de año. La Navidad no se detendrá por esta noticia y el virus tampoco. Nos enfrentamos a un verdadero problema.
El tiempo de aplicar la dosis de refuerzo que el MINSA aconsejó se redujo de cinco meses a tres. ¿Qué ocurre en realidad? ¿Nos están diciendo toda la verdad o reina un secretismo convenido? El toque de queda, en principio se establecía desde la 1 a.m.; ahora se fijó a las 11 p.m. en el marco de las celebraciones navideñas. La pandemia no terminó: eso lo hemos dicho siempre. Tampoco hay seguridad de que las vacunas nos protejan contra la variante. Estudios chinos aseguran que ni Pfizer ni Sinovac lo hacen. Otros informes lo afirman acerca de las restantes, competidoras en el mercado. Los datos son contradictorios y al segundo año de pandemia pareciera que no sabemos nada.
Lo más preocupante son los grupos antivacunas y la gente que cree en alucinantes teorías conspiranoicas: ellos no acudirán a los centros destinados a administrarse los fármacos. Existen médicos que se han agrupado para marchar contra la obligatoriedad de las inmunizaciones. Absurdo. Es inaceptable confundir así a la población. Por otro lado, las vacunas se han vuelto obligatorias desde que el gobierno optó porque se muestre el carné que las acredita para ingresar a espacios cerrados. Esta norma es una imposición oblicua o de costado. “Si no quieres vacunarte no lo hagas, pero estas cosas, tampoco”, indica. Ahora, con la mutación entre nosotros, no podemos cuestionar las disposiciones. Lo que se busca es la protección de los ciudadanos, que no hagan cuadros graves y, por ende, no colapse el sistema de salud.
Hay quienes vociferan, molestos por la medida obligatoria: “Yo elijo morir de Covid”. Es muy extravagante que alguien piense así. En teoría no es una falacia; en la práctica, sí. Nadie elige morir de Covid y si por ahí encontramos a alguno, su propia particularidad tendrá.
Sí resulta alarmante el proceso de disminución del refuerzo. Vacunatorios que solían estar vacíos ahora lucen llenos. Aleatoriamente, es factible encontrar un local repleto de ciudadanos; otros, vacíos, por extraña paradoja. Esto sucede, por ejemplo, en los conos, donde la gente es más responsable y ya contaba con las dosis requeridas. Recordemos que el documento lo exigen ahora hasta para ir a los servicios higiénicos.
También el Gobierno ha prohibido las reuniones de todo tipo, incluso las familiares, durante la Nochebuena y el Año Nuevo. Termina un 2021 triste pero las cosas indican que entramos a uno igual. ¿Qué pasará con el verano? ¿Habrá apertura total de las playas? Estas son un fuerte foco de contagio. ¿La población permanecerá en sus casas con el calor que se avecina?
Todo depende de cada persona, cómo se cuide y cuánto esté dispuesta a acatar las decisiones del gobierno. ¿Estamos preparados para asumir una semi-normalidad? Necesitamos lo presencial, obviamente, pero ¿de qué manera? Todo este panorama parece una película de ciencia ficción.
Seamos consecuentes con nosotros mismos y con el prójimo. No existe manera de frenar esta pandemia si no es a través de las inmunizaciones. Nos guste o no, es mejor tener la vacuna que no tenerla. Pensemos con propiedad. Aquí se aplica el Principio de Proporcionalidad o Doble efecto. Estamos tolerando un mal: disponer de la libertad de los ciudadanos, proporcional a un evento grave en aras del Bien Común. No hablemos de mal menor porque la vacuna no es un mal: es un bien. Entre este y el mal se elige el primero: la vacuna es un bien. No es pertinente hablar, en este contexto, de dos males.
Llegó Omicrón al Perú. ¿Qué debemos hacer? Ante todo, ser responsables y acatar las medidas gubernamentales. Sabemos que la vorágine de aglomeraciones y compras no la detendremos; al menos sigamos las indicaciones de no reunirnos, respetar el toque de queda, acudir a los vacunatorios, ser solidarios y darnos cuenta, de una vez por todas, de que se trata de una mutación muy contagiosa y letal. ¡No bajemos la guardia! ¡No!
Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.


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