Columnas Guillermo Ackermann Opinión

¿Y si volvemos a creer?

Algo ha sucedido en los últimos tiempos y es que las personas hemos perdido la fe.

Ya no creemos en nuestro país, hemos vuelto a considerar que es inviable.

No creemos en los políticos. Todos mienten, ofrecen algo que no van a cumplir y encima, cuando llegan al poder, corrompen y se corrompen. Ya no creemos en el aparato estatal; es ineficiente, lerdo, inútil y hace que el país camine a paso de tortuga, cuando no hacia atrás. No creemos en los empresarios. Consideramos que son aprovechadores, depredadores e insensibles. Y que solo buscan su propio bienestar.

Ya no creemos en que los problemas ciudadanos, como el tráfico, tengan solución.

Cada vez se hace más intransitable la ciudad. No creemos que la seguridad pueda ser controlada. Cada vez más nos sentimos que estamos bajo amenaza. Ya no creemos que la educación pueda seguir el camino de transformación para salir del fondo de la fila en la región. Las marchas y contramarchas, e intereses creados, atentan a diario contra una mejora sostenida.

No creemos que el agua, ese elemento tan vital, pueda llegar a todos los peruanos. Se pasan los años y, la indolencia e incapacidad de personas inhumanas, no soluciona un problema esencial.

Ya no creemos que podamos resolver los severos problemas de salud que tenemos. La pandemia desnudó nuestras carencias sanitarias y no hay luces de cómo empezar un camino de solución.

No creemos que todos los peruanos podamos tener igualdad de oportunidades. El favoritismo, el amiguismo y los ‘favores’, siempre inclinan la balanza de una manera desigual. 

Ya no creemos que podamos ser un país inclusivo. La violencia, discriminación y segregacionismo son pan de cada día.

No creemos que podamos encontrar puntos de consenso. Más bien se han acentuado nuestras diferencias. El país está completamente polarizado.

Ya no creemos en la iglesia, históricamente la institución más confiable en el Perú. Los actos nefastos de algunos han destruido su credibilidad y confianza. Y además sus pastores parecen más preocupados en hacer política.

No creemos tampoco en la Navidad. Hemos dejado de valorar su auténtico sentido que es el nacimiento de un Niño Dios, que vino a traer la paz y la reconciliación. Entonces, no hay problema: toque de queda a las 11 y todos a sus casas. No se celebra Navidad.

¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué estamos en esta crisis?

¿Realmente creemos que es solo una crisis política, económica o sanitaria?

¡No señor! Estamos en medio de una auténtica crisis de valores. Hemos olvidado nuestra esencia. Nos hemos descentrado. Hemos perdido nuestro equilibrio.

¿Y si hacemos un alto, nos miramos hacia adentro y empezamos el camino de retorno?

¿Si hacemos el esfuerzo por buscar las bases para construir un país más justo, fraterno y reconciliado?

¿Si buscamos recuperar la fe?

Tengo la impresión que nos iría mucho mejor y que nuestro país podría recuperar el camino correcto e incluso mejorado.

Apuntemos a que el 2022 sea el año de la Reconciliación.

Guillermo Ackermann Menacho
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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