Nada pasará en un día de año nuevo– reza la emblemática canción de la banda irlandesa U2-. Pero este 2021 que culmina se lleva consigo muchas cosas que, ad portas del 2022, es interesante repasar.  Nada ocurrirá… nada cambiará, pero los peruanos pedimos a gritos que sí cambien. Sobre todo, esas cuestiones que nos vemos obligados a sufrir y -a regañadientes- soportar del actual gobierno.

En febrero vivimos una cuarentena de un mes decretada por el ex presidente Francisco Sagasti.  La segunda ola con la variante Delta se llevó a muchos peruanos.  Así y todo, a través de las gestiones de Alan Wagner y el ex ministro de Salud Oscar Ugarte, llegaron las primeras vacunas y se produjeron las primeras inmunizaciones al personal de primera línea.  Conjuntamente con esto estalló el llamado vacunagate: se descubrió que Vizcarra se había inoculado dosis en secreto junto a varios miembros de su familia.  También se destaparon las inmunizaciones de la entonces Ministra de Salud Pilar Mazetti y la ex titular de Relaciones Exteriores Elizabeth Astete, quienes tuvieron que renunciar prontamente a sus cargos.  Una vergüenza nacional.

Luego de este bochornoso episodio, arranca el proceso de vacunación por grupos etáreos, comenzando por los adultos mayores.  No podíamos pedirle más a Sagasti: solo traer los ansiados fármacos.  En medio de este clima, se lleva a cabo la durísima campaña electoral; a lo largo de la misma, Yonhy Lescano iba como puntero y aparente ganador.  Con un marcado ausentismo por la pandemia, sobre todo de los miembros de mesa, se produce la primera vuelta. Quedan un impredecible Pedro Castillo -subió en los últimos días como la espuma- y Keiko Fujimori, quien tampoco era favorita. 

De ahí surgió la cuestionable idea-lema (perpetrada por la extrema derecha) de que votar por Fujimori era “votar por la democracia”.  Todo era democrático, menos los dos candidatos en contienda.  Finalmente, triunfó Pedro Castillo por un mínimo margen bajo la consigna -por parte de los perdedores- de un posible fraude.  Castillo, candidato del partido que fundó el ortodoxo comunista Vladimir Cerrón no era la opción esperada.  En un Perú altamente polarizado, la proclamación del presidente electo demoró más de lo usual debido a las constantes denuncias del partido Fuerza Popular  sobre un “descarado robo en mesa”. 

En medio de este clima, la vacunación avanzaba.  Luego de muchas idas y venidas, el JNE proclamó a Pedro Castillo, representante de Perú Libre, como el nuevo Presidente.   En una ceremonia convencional, Castillo asume la investidura el 28 de julio del año que expira.  Luego, en la Pampa de la Quinua de Ayacucho, presenta y hace juramentar a quien sería su Presidente del Consejo de Ministros: el cuestionado Guido Bellido, cercano a las filas cerronistas y admirador de la finada senderista Edith Lagos. 

Se elige como Presidenta del Congreso a María del Carmen Alva de Acción Popular y sobrina del político de esta tienda, Javier Alva Orlandini. Sobreviene una era de contrapuntos con el Poder Legislativo, que le otorga la confianza al gabinete dos veces.  Constantes idas y venidas, amenazas de censura a ministros y otras acciones obligaron a Guido Bellido a dimitir. 

Tras la renuncia de Bellido, se nombra una nueva Presidenta del Consejo de Ministros: Mirtha Vásquez Chuquilín, quien propone y conforma un nuevo equipo.  El Congreso le vuelve a otorgar la confianza por una votación más ajustada que la anterior.  Y en medio de todo esto, el ministro de Educación, Carlos Gallardo, es censurado por el Legislativo dada una pésima gestión. Este panorama toma cuerpo con la amenaza de la variante Ómicron de la Covid 19, que ya arribó al país. Por fortuna, el Ministro de Salud, Hernando Cevallos, es eficiente, goza de la confianza popular y nadie lo ha cuestionado.  Y como corolario, la vacancia frustrada promovida por una congresista, Patricia Chirinos, de aires sospechosamente faranduleros.

Estamos ante un gobierno muy debilitado.  Castillo no ha hecho nada que satisfaga al ciudadano, excepto la vacunación y entregar bonos a las familias más vulnerables.  Lo demás ha quedado en suspenso.  Se espera que se censuren otros ministros, mientras nos enfrentamos a un dólar que sube y baja  -más subidas- y vivimos en un país donde la canasta básica asciende a los cielos. 

Para cerrar el telón, Castillo se retira a pasar las fiestas de fin de año a Chota; antes, promulga un decreto de prohibición de reuniones familiares y adelanto del toque de queda para las 11pm.  Esto fue mal visto y cuestionado, ya que el Presidente de la República es el primero que debe dar el ejemplo en estas decisiones. Sin palabras.

¿Qué pasará en 2022? ¿Cambiará el escenario en un día de año nuevo? ¿Serán distintas? A como vamos, es para dudarlo.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

1 comment on “Día de Año Nuevo

  1. Alejandrina Figallo Mena

    Pareciera que en vez de haber crecido en Democracia, estamos en la epoca de los primeros gobiernos de la Republica,

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