Columnas Martín Belaunde Opinión

De Ucrania y Bolivia

MARTIN BELAUNDE

Quien lea el título del presente artículo me podrá preguntar qué relación puede haber entre dos países tan distintos y distantes como Ucrania y Bolivia. Aparentemente ninguna, pero podría haberla si nos planteamos la siguiente situación: imaginémonos que Evo Morales o Arce Catacora, el mandatario nominal de Bolivia, suscriben un tratado de alianza secreta o no tan secreta con Irán, mediante el cual instalan misiles de largo alcance en territorio boliviano. ¿Contra qué países podrían estar dirigidos tales misiles así no contengan cabezas nucleares? Los posibles objetivos de tales misiles serían el Perú, Chile, Brasil y hasta Ecuador y Colombia, incluso Argentina con un gobierno distinto del actual. ¿Qué harían los gobiernos de esos países guiados por un mínimo instinto de supervivencia? Lo primero protestar, lo segundo pedir la intervención de la OEA o del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y como medida de último recurso contemplar una acción militar con el objeto de desmantelar tales misiles, posiblemente con la ayuda  de los Estados Unidos.

Veamos cuál es la situación en Ucrania. A partir de la caída del Muro de Berlín a fines de 1989 todo el sistema de seguridad soviética se desmoronó con el desmantelamiento del Tratado de Varsovia, lo cual significó que  la antigua Europa Oriental se incorporó política y militarmente, sea en forma directa o indirecta a la OTAN. Eso implicó que Alemania Occidental absorbió a la Oriental y que países aliados de la URSS tales como Polonia, Checoslovaquia, luego escindida en Chequia y Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Albania pasaron a formar parte de Occidente política y defensivamente. En ese mismo momento Yugoslavia desapareció como país para dividirse en seis repúblicas que abandonaron el sistema socialista. Dos años después la propia Unión Soviética colapsó por una crisis interna que originó una diáspora de países en la franja occidental de Rusia que pasaron a mirar a los Estados Unidos y la Unión Europea.

Ese fue el caso de Letonia, Estonia, Lituania, Ucrania, Moldavia, Georgia, Armenia y Azerbaiján así como los países del Asia central que recuperaron su antigua soberanía. Kazajiztán, Uzbekistán, Turkmenistán. Tajikistán y Kirguistán, algunos de los cuales fueron utilizados por los Estados Unidos como trampolín para ocupar Afganistán. Solo quedó Rusia bastante disminuida pero con armamento nuclear y un territorio de cerca de 17 millones de km 2, si bien con una población reducida a la mitad. Rusia por cierto ocupó el sitio de la Unión Soviética en las Naciones Unidas e igualmente como miembro permanente del Consejo de Seguridad. Asimismo conservó  a Belarus como Estado aliado y hasta satélite. Los presidentes norteamericanos de esa época tanto Bush padre e hijo e igualmente Clinton prometieron no avanzar estratégicamente sobre Rusia.  Sin embargo en las décadas siguientes esa promesa fue puesta de lado y la OTAN se expandió hacia Rusia, llegando a Ucrania, que es un país étnicamente dividido entre una mayoría ucraniana y una minoría rusa.

Esa tendencia expansiva  de Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN hacia  “el patio delantero de Rusia” originó una fuerte reacción de Putin, que se materializó primero con la ilegal anexión de Crimea en el 2014 que era parte de Ucrania de acuerdo al sistema interno de la ex Unión Soviética y luego en un despliegue de tropas rusas en la frontera con Ucrania. ¿Será posible que Rusia invada Ucrania para imponer un gobierno satélite o anexarse parte de su territorio habitado por una población étnicamente rusa? Sin duda en una confrontación militar entre Ucrania y Rusia, la segunda tiene todas las condiciones de ganar, pero vale la pena llevar la confrontación con Occidente a ese nivel de enfrentamiento militar. Inversamente, se justifica que Estados Unidos y la OTAN escalen el conflicto a una guerra que podría tener un desenlace imprevisible. El Presidente de Francia, Emmanuel Macrón está liderando un esfuerzo negociador para enfriar la crisis sin la participación de los Estados Unidos. Todos estos esfuerzos están encaminados a evitar un desenlace violento que no conviene a nadie.

Entonces, ¿qué hacer? Putin le está pidiendo a los Estados Unidos y a la OTAN que garanticen por escrito que Ucrania no se incorporará a esa alianza militar. Estados Unidos ha respondido en una forma evasiva señalando que eso depende de la voluntad de Ucrania y de cualquier otro país interesado en adherirse a la OTAN. Desde un punto de vista formal tiene la razón, pero debe partir de la base que la suspicacia o aprehensión rusa tiene un fundamento real conforme a una perspectiva geopolítica. Estamos en una etapa de dimes y diretes recíprocamente amenazadores, por lo menos con sanciones del lado de los Estados Unidos y con la amenaza generada por el despliegue de tropas rusas en la frontera con Ucrania. Debe haber, por lo tanto, partiendo que no existe un propósito agresivo en ninguna de las partes, un esfuerzo constructivo en el sentido de llegar a un acuerdo que Ucrania no ingresará a la OTAN y que Rusia en contrapartida retirará el grueso de sus tropas en la zona de frontera. Algunos dirán que sería un acuerdo precario y no les faltará razón, pero  ello no obstante, es mejor que una guerra caliente en ese rincón de la Europa Oriental.

Martín Belaunde Moreyra
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos.  Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.

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