Hay personas que creen en la destrucción de la nación. Hay personas que creen que hay que destruir para volver a construir algo nuevo. Qué es lo que quieren construir, otra Nicaragua, otra Venezuela, otra Haití, otra Argentina quebrada, otra Cuba. El Perú en los últimos 20 años ha aprendido a trabajar y labrar su propio destino, sino fíjense en los más de 76% de informales que trabajan día a día su futuro. No se trata de decir que los últimos 20 años han sido todo éxito, porque el desarrollo microeconómico del país no ha funcionado como se esperaba. Ya lo dijo un ministro de economía en los años alrededor del 2000 que se necesitaba trabajo alrededor de la microeconomía para el desarrollo. Lo mismo se dijo hace 12 años atrás de la Ingeniería del desarrollo y lapidaron la necesidad del trabajo en micro y a nivel de proyectos de desarrollo para sacar adelante a la población excluida de los mercados y de la tecnología. Ahora creen que un pedazo de papel llamado nueva constitución y empoderamiento de la izquierda va a solucionar el problema. Ya hemos visto la real capacidad de gestión de la Izquierda en el Perú y también su ética en el manejo de los recursos.
Es triste ver como el discurso de la desesperación puede llegar a calar en lo más profundo de las personas, y como el uso de las contradicciones dentro de la sociedad se pueden utilizar para socavar la estabilidad del tejido social de nuestro país. Es importante por ello ofrecer en el discurso dignidad , esperanza y armonía entre los peruanos, tal cual yo siempre lo digo, ni izquierda ; ni derecha, sino todo lo contrario. Es muy difícil en estos tiempos de confrontación y desesperación que las personas entiendan que existe un justo medio para todo y que por medio del trabajo y proyectos de desarrollo se puede lograr el gran cambio. Pero sobre todo, como lo hizo Ghandi, una transformación social en valores, que en nuestro caso serían valores cristianos. Pareciera que todos no ven que están vendiendo su libertad por unos cupones de alimentos y otras prebendas del gobierno.
Hay un reto de forjar nuevos líderes en la multitud de pensamientos para el desarrollo, lo cual enriquece la perspectiva de lo que se puede hacer por el Perú y porque no por el mundo; pero es importante también socavar las tentativas de anarquismo y radicalismo que horada las mentes de las personas, sobre todo de los más jóvenes, haciéndoles creer que van a ser más fuerte dentro de un estado comunista totalitario.
Cuando Cristo vino al mundo separó claramente el mundo material del mundo espiritual, y no intervino en los comercios entre los hombres, pero si les dijo que fueran justos y caritativos. Pregono la justa riqueza. Por otro lado tenemos el antiguo testamento con los antiguos patriarcas, todos ellos grandes ganaderos de entonces, que era la forma como se medía la riqueza de las personas. El mismo cristo antes de entrar a sus tres años finales de vida terrenal, era un carpintero muy bien reconocido y para la época muy bien remunerado, sería lo más cercano a un gran ingeniero de nuestros tiempos. Lo que yo veo en este momento es que hay un sector anarquista radical anacrónico en el Perú y Latinoamérica que quiere empobrecer a la población, desvincularlos de la posibilidad de la riqueza y el desarrollo y luego por debajo de la mesa negociar los recursos naturales al mejor postor con el mejor beneficio para la elite política que se enquiste en el País. Por ello que la Ingeniería del desarrollo es neutra, porque propicia el desarrollo de las personas sean estas que quieran actuar en mancomunidad autónoma o de forma individual, pero al final se integran efectiva mente y productivamente a los mercados. Dios es libertad, progreso, y oportunidad de vida trascendental para las personas, cosa que parece que no ve el anarquismo enquistado en el Perú y Latinoamérica. Es por este motivo que somos perseverantes y estamos relanzando en este momento IESD (Educación Internacional para del Desarrollo Sostenible) y la Ingeniería del Desarrollo.
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Dimitri Vavoulis.
Soy economista de la Universidad del Pacifico con MBA en la Universidad de Esan. Tengo una experiencia en banca, finanzas y negocios por más de treinta años, y estoy fascinado con el cómo se fusionan las diferentes disciplinas económicas y financieras aprendidas en el sector inmobiliario. Soy por naturaleza emprendedor y proactivo, llevando a buen término los proyectos de negocios complejos que me tocan desarrollar.


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