Amaro La Rosa Columnas

La romantización de la violencia

El título de la columna parte del criterio planteado en un programa de TV por cable en el cual se comentaba sobre el incremento de la violencia en la sociedad y en la percepción de que a veces se le trata como un hecho de naturaleza distinta y eventualmente si cabe el término se faranduliza la violencia y se le minimiza, quitándole su esencia de evento que causa grave daño a los seres humanos y que también afecta considerablemente a sus familias, que quedan devastadas por la pérdida de su ser querido.  Y esto es marcadamente grave en nuestro país, en tanto la violencia se ha incrementado sensiblemente,

Pero no es solamente eso sino que si vamos al plano del lenguaje que se emplea, se observa una marcada confusión en el uso de términos al referirse a los hechos de violencia. Así, mientras se presentaba el informe sobre el asesinato de una persona, un informativo matutino mostraba el scroll (texto que se desplaza en la pantalla) que informaba “Abaten a persona”. Así se desnaturaliza el efecto del hecho que recae sobre la víctima y no en el victimario como debería ser. El término abatir suele usarse cuando se trata de un delincuente quien ha fallecido en un enfrentamiento con la policía o a quien un civil ha disparado en defensa propia.

También se ha convertido en una práctica muy frecuente utilizar la expresión retenido cuando se trata de un secuestro. Así se reportaba que pobladores de Puno retenían a un policía cuando se trataba de un efectivo quien estaba secuestrado y quien horas después fue liberado gracias a la mediación de un sacerdote. Y esto no solo viene de ahora. Hace poco se conmemoró el aniversario de la exitosa Operación Chavín de Huántar que logré liberar a decenas de rehenes quienes estaban secuestrados por terroristas en la residencia del embajador japonés. Algunos comentaristas empezaron a usar el término retenidos, como si fuera un hecho cuasi voluntario, restándole la importancia del caso y el impacto sobre la libertad de personas a quienes se les extrae violentamente de su zona de confort, conduciéndolos a una situación donde se conculca su derecho a la libertad y donde se le priva de las posibilidades de vivir dignamente en un ambiente saludable, al lado de los suyos.

Otra expresión de uso muy frecuente es “aniquilamiento”, que proviene del metalenguaje subversivo y que trata de minimizar e inclusive justificar con alevosía el asesinato de una autoridad, de una persona o de una patrulla policial.  

No podemos afirmar concretamente si se trata de un error en la formación de los periodistas o de falta de información. Si fuera lo primero sería una responsabilidad de la academia. Pero en todo caso quisiera formular dos consideraciones.

Desde nuestra primera experiencia en medios se nos die “Contrasta la información”, vale decir confirma la veracidad de los hechos antes de difundirlos. Pero hay algo más que ya es parte del compromiso del periodista de estar siempre bien informado y de entregar el mejor producto a la audiencia. Ello pasa por perfeccionar su manejo del idioma y leer todos los días como ejercicio mental que debe convertirse en una rutina de por vida. Este autoaprendizaje le será muy útil para lograr la perfección en su labor sino para crecer como un ser humano valioso.

Amaro La Rosa.
Periodista e Investigador

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