Columnas Leticia Ruiz

¿Se puede confiar en Chile?

El pasado domingo Chile eligió a los miembros del Consejo Constitucional. Este órgano finalizará el borrador constitucional que ahora redacta un Comisión Experta elegida por los partidos políticos. Chile ensaya así un nuevo procedimiento tras el rechazo en referéndum (septiembre de 2022) al texto elaborado por la que fuera electa Convención Constitucional. De aprobarse el texto que del Consejo Constitucional se sustituiría la Constitución de 1980 redactada por el régimen autoritario de Pinochet. La fecha prevista de celebración del plebiscito ratificatorio con el que culminaría este proceso es noviembre de 2023. Estas idas y venidas en el procedimiento y actores encargados de la elaboración del texto constitucional pueden invitar a la desconfianza.

A estas alturas nadie cuestiona que el borrador de la Constitución es la piedra en el zapato del presidente Boric. Elegido hace menos de dos años (diciembre de 2021), este mandatario de una coalición de izquierda no tradicional, abrazó con entusiasmo el compromiso de elaborar una nueva Constitución. De hecho su remontada y triunfo en segunda vuelta tiene parte de su explicación en su mejor disposición frente a su rival, Kast, respecto al cambio de Constitución. Y ha sido precisamente este proceso constituyente el que está marcando su administración y desgastando su liderazgo.

Así las cosas, aunque  muchos de los chilenos que se entusiasmaron con una nueva Constitución están ahora desencantados y por momentos sin interés en el resultado final, la coyuntura de Chile y los resultados de las elecciones del pasado domingo emiten algunas señales que no conviene perder de vista.

En primer lugar, los apoyos a la derecha se han visto renovados de la mano de un partido de reciente creación.  El Partido Republicano ha ganado 23 de los 50 consejeros a los que se suman los conseguidos por los tradicionales partidos de derecha UDI y RN junto con Evópoli, que han logrado 11 consejeros. Este resultado sorprende por el margen de victoria con que se produce, aunque cabe recordar que el líder de los republicanos apareció muy bien posicionado en las últimas elecciones presidenciales pasando a segunda vuelta. La reafirmación de que existe un voto mayoritario a la derecha pone en duda la continuidad de la coalición de Boric al frente del gobierno a partir de diciembre de 2025 fecha en que se celebrarán las presidenciales. Al respecto, el presidente acumula dos derrotas electorales en poco tiempo: en el referéndum del año pasado y ahora en las elecciones al Consejo Constitucional que han conseguido sólo 16 consejeros impidiéndole ningún tipo de veto. Esta previsión se apuntala con la inestabilidad del gobierno de Boric que acumula varias crisis presidenciales y una hoja de ruta dubitativa en aspectos clave para la economía nacional, con repercusiones internacionales, como la explotación de litio.

En segundo lugar, el mensaje que emiten los resultados del domingo es que muchos chilenos no están a favor de reformas radicales, en este caso de su texto constitucional. Si  hace unos meses, el rechazo contundente (casi un 62% de los votos) al texto de la Convención Constituyente comunicaba que las transformaciones de la arquitectura político-institucional previstas generaban recelos entre los ciudadanos. El pasado domingo el voto mayoritario a los partidos escépticos con la reforma de la Constitución confirmaba este estado de ánimo. Aunque el gobierno se había apresurado a pactar con los partidos una serie de líneas rojas para ganar el favor de los moderados, conocidas como bases constitucionales, como la bicameralidad del legislativo; el mensaje de prudencia y recelo ha imperado entre muchos ciudadanos.

En tercer lugar, la polarización que ha caracterizado durante décadas la política chilena, que vimos escenificada  durante el estallido de 2019, se refleja ahora en esta suerte de gobierno dividido con un Ejecutivo de izquierda sin mayoría en el Congreso y que convivirá, por unos meses, con un órgano con poderes constituyentes con predominio de partidos de derecha. El ya conocido discurso en torno a la responsabilidad de generar consensos en Chile vuelve a tener vigencia, aunque a muchos no les guste.  Estos consensos han de referirse al texto constitucional, como así pide ahora Boric debilitado por los últimos acontecimientos, pero también en torno a los temas de la agenda del presidente que debe avanzar en materia de seguridad y el crecimiento económico. También en esos ámbitos y no sólo en materia de la Constitución, el consenso puede hacer que Chile conserve su merecida fama de país confiable en la región.  

Leticia M. Ruiz Rodríguez.
Profesora Titular de la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es Académico Visitante en el Latin American Center de la University of Oxford. Doctora en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca, Master en Comparative Politics por la University of North Carolina. Su campo de especialización son los partidos políticos y el rendimiento de los sistemas políticos.

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