Marca país, televisión y millones de espectadores.

La primera vez que se retrasmitió por televisión una coronación fue precisamente desde Inglaterra en 1953 y la protagonista la reina Isabel. La ceremonia contó con siete mil invitados. La idea partió de su marido, el duque de Edimburgo, quien consideró que la televisión acercaría la monarquía al pueblo. La televisión era en aquel momento un medio recién nacido. Se trataba de hacer a los ciudadanos participes de una ceremonia espectacular, restringida hasta entonces a los distinguidos. Pero, cuando la BBC retrasmite en 1953 la coronación de Isabel II, el público que lo sigue a través de la imagen se multiplica, lo que hace cambiar la planificación y organización de las ceremonias protocolarias a partir de este hecho. Los espectadores se convierten en invitados importantes, determinantes para su difusión. Las cifras lo demuestran. La comunicación se convierte, una vez más, en eje fundamental del rito, del mito y su simbología, del ceremonial de Estado.

El pasado sábado 6 de mayo de 2023 tuvo lugar la coronación del rey Carlos III de Inglaterra, el monarca número 40 coronado en la abadía de Westminster. Dos mil invitados y nueve mil policías.

La ceremonia cumplía con todos los requisitos para el espectáculo televisivo. Espectacularidad, rito, simbología, jefes de Estado, desfile de reinas reinantes y  celebrities. Aderezo suficiente que, sumado a la profesional realización de la BBC, conseguiría una vez más un seguimiento millonario.

Según Barb, el pico de espectadores en la televisión británica tuvo 20,4 y 18,8 millones de audiencia media. Es cierto que son 5 millones de espectadores menos que el funeral de la reina Isabel el pasado septiembre, pero sigue siendo una cifra importante.

La RTVE, opción preferida para seguir en España la coronación, tuvo 1,3 millones de espectadores y una cuota de pantalla de 24,5%, lo que supone un éxito en horario de sábado por la mañana.  Se afirma que fue seguida por 300 millones de espectadores en el mundo. Hay que tener en cuenta, además, las visualizaciones en TikTok y otras redes sociales.

Sean las cifras que sean, son millonarias y parecen demostrar que estas ceremonias y rituales atraen la atención, porque cumplen con características que convienen al medio: presentan un ceremonial muy cuidado, son espectaculares, muy coloristas y vistosas, tienen ingredientes del mito y el rito, añaden un desfile de invitados internacionales y el desfile comentado sobre la indumentaria de los invitados, incluidas las reinas, famosas y celebrites. Son entretenidas y la BBC lleva a cabo una realización impecable.

Desde septiembre, cuando falleció Isabel II y muchas televisiones estuvieron retrasmitiendo durante más de una semana los fastos del Reino Unido y hasta mayo con la coronación retrasmitida de Carlos II, son innumerables las horas de televisión consumidas sobre estas ceremonias.

Las cifras demuestran que su seguimiento corresponde con la espectacularidad televisiva. La imagen, que atrae al homo videns de nuestra era, para una sociedad que vive en contacto permanente con las pantallas. La imagen que capta el interés y convierte en popular un rito cargado de señales antiguas: la coronación en la silla del 1300, la silla de Rey Eduardo; la unción de los santos oleos, para lo que se trasladan unos paneles que ocultan al rey, porque es un acto privado con la divinidad, etc. Ritos y símbolos que la televisión convierte en cine.

Imagen de país que el Reino Unido es capaz de trasmitir a través de estos ceremoniales y que se convierte en una gran campaña de la marca país. No es gasto, es más bien inversión consciente. No hay campaña publicitaria posible que consiga estos datos de seguimiento y resulta incalculable el número total de personas que han seguido, total o parcialmente, estos acontecimientos a través de medios analógicos, digitales o redes sociales. Difusión profesional de la marca país que el Reino Unido y la BBC bordan como nadie.

María Palma Peña Jiménez.
Doctora en Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España). Licenciada y Máster por la Universidad de Salamanca. Directora del Máster Universitario en Protocolo, Comunicación Institucional y Organización de eventos y Coordinadora a su vez del Grado en Protocolo, Organización de eventos y Comunicación de la URJC. Autora de numerosos artículos científicos centrados en el análisis pragmático del discurso, sobre todo del discurso político, la comunicación política y la educomunicación.

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