Columnas Víctor Velásquez

Perú: ¿No podemos ser un estado – nación eficiente?

Se dice que somos un Estado fragmentado, fallido o simplemente débil. Se dice que las deficiencias se arrastran desde el incanato hasta nuestros días. Debemos saber que, tres siglos de existencia, no han pasado en vano. Que tenemos hombres, territorio y estado, para intentar hacer algo bueno. En este devenir republicano, que no pasa por echar la culpa a los que nos antecedieron sino a los que toman la posta de hoy para adelante, él o la próxima Presidente de la República del Perú, tienen la obligación histórica de hacer del Perú, una nación-estado eficiente.

Aquí van algunos consejillos, no para conejillos de indias sino para peruanos de bien, especialmente para el  79 % de los ciudadanos de los países latinoamericanos que creen que su país está gobernado para unos pocos grupos poderosos (Latinobarómetro) y para el 93% de los peruanos que no cree que existe conflictividad social en el país (IPSOS, 2023).

Para no ser un estado fallido, debemos de no presentar deficiencias en proveer bienestar a su población y que a la vez, representa un riesgo internacional. No debemos permitir la fracturación de la sociedad, al presentar una legitimidad muy cuestionada, sin capacidad real de independencia territorial ni poder negociador económico (con) una soberanía negativa, soberana en lo formal pero tributarios de un poder superior. (Ruiz; 2011)

No debemos admitir la ingobernabilidad, que se presenta cuando su Estado no cuenta simultáneamente con legitimidad y eficacia, condiciones esenciales para garantizar su existencia. En última instancia, la existencia misma del Estado se plasma en su posibilidad de ejercer en forma continua el poder político legitimo mediante la obediencia cívica del pueblo (Bartolomé, 2004). No acceder al rompimiento del orden legal- constitucional, al perder el Estado el monopolio legítimo de la fuerza, y su degeneración en la incapacidad de brindar seguridad a sus ciudadanos; no mostrar incapacidad de dar respuesta a las necesidades básicas de su población y no dejar de proveer bienes públicos y condiciones de bienestar (López; 2011).

Debemos hallar un modelo analítico del orden estatal, en el cual se incorporen el conflicto social y las dinámicas contenciosas como aspectos fundamentales de su estructuración (Jiménez, 2013). Un buen punto de partida para promover la legitimidad procesal es mejorar los mecanismos de responsabilidad “ex ante” mediante la creación de un proceso de toma de decisiones más participativa e inclusivo que responda a las demandas de los ciudadanos comunes (López-Calva, 2019).

Comprobamos lastimosamente que, el gobierno no puede o no quiere proveer las funciones básicas a la mayoría de sus habitantes, incluidos los pobres. Para hacerlo, recodemos que las funciones más importantes del Estado para la reducción de la pobreza son el control territorial, la seguridad y la protección, la capacidad de manejar los recursos públicos, la entrega de los servicios básicos y la habilidad para proteger y apoyar las formas como los más pobres se sostienen (DFID, 2005, 7). La rebelión contra la injusticia, que persiste,  al apelar a las demandas de la población para satisfacer sus demandas de gratificación instantánea a través del botín puede superar fácilmente estas dificultades (Cramer, 2002b, 1848). Para la violencia política que se inicia en 1962 y crece en 1980, creemos que, ésta, es una condición necesaria (pero no suficiente) para que el estado colapse. No interesan las formas por las cuales las coaliciones de poder cambiantes contribuyen al colapso, se forjan con el fin de prevenirlo y surgen como el resultado del colapso del Estado y la guerra. (D, John, 2010, 46). En el Perú existe colapso de  partidos, alta fragmentación política y baja confianza en las instituciones (Levitsky, 2021), pero eso no da pie para la destrucción total como quisiera desear la mimética neo senderista. Una solución es, no permitir guerras civiles; no romper la armonía entre las comunidades; ejercer control de regiones periféricas, no asentir el crecimiento de la violencia criminal; no ceder a tener instituciones defectuosas; reforzar el sistema educativo, médico y social gubernativo, detener la corrupción rampante, no consentir la inflación y no perder la legitimidad en ningún momento. (Flores, 2011, 193).

En resumen, el Perú es un estado débil pero no fallido ni resquebrajado ni por el incanato ni coloniaje ni por la republica aristocrática o caviar, sino por la falta de líderes y de partidos políticos y planes de gobierno eficaz y eficiente. Por la inacción ante las amenazas y riesgos existentes. Por hablar a media voz, por no luchar para que el orden y a ley imperen ante la inseguridad y el desorden. Por la debilidad de 33 millones de peruanos, ante la posibilidad real de que su historia general, sea leída por la nuevas generaciones, que se dieron por vencidos.

Victor Velasquez Perez Salmon.  Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.     

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