La entrega del Trapecio Amazónico a Colombia mediante el Tratado Salomón-Lozano que se firmó en 1922, hecho efectivo en 1930, originó protestas de ciudadanos peruanos y, posteriormente, la captura y ocupación del puerto de Leticia, reivindicando para el Perú la zona cedida a Colombia.
En el aspecto político, “No violar el territorio del vecino país, dejar que los hechos partan de Colombia”, decían las Directivas del gobierno. Es decir, obrando como siempre con ese vetusto concepto de idealismo panamericano, bellos principios de solidaridad continental en nombre de los cuales el Perú ha sufrido, en más de una vez, recortes de su patrimonio nacional; de allí que no se adelantó al adversario para capturar Pto. Asís, Caucaya, La Tagua y El Encanto, cuando estas estaban casi desguarnecidas, a la vez que no instaló un fuerte destacamento en Tarapacá con lo que se hubiera cerrado a Colombia todo acceso al Teatro de Operaciones. (Zarate, 1965, p, 281). Colombia no busco una solución pacífica al conflicto. Su pausa al inicio del conflicto, lo que quería era ganar tiempo para obtener su objetivo en base a la supremacía militar.
En el aspecto militar, al iniciarse el conflicto, había necesidades en el teatro de operaciones de armamento, munición, equipos, gasolina, calzado, vestuario. Los oficiales que servían allí estaban en “una zona de castigo, por simpatías políticas -adversas a Sánchez Cerro- y la tropa no tenía disciplina ni entrenamiento, lamentable apoyo logístico particularmente en Intendencia y Sanidad (Zarate, 1965, 137) Por su parte, Colombia a los siete meses de iniciado el conflicto, adquirió enorme cantidad de armamento, una fuerza fluvial importante y una flotilla aérea de relativa superioridad a la vez que organiza un ejército expedicionario de 3,000 hombres.
En cuanto a la doctrina, en el lado peruano, se da una maniobra puramente defensiva, según los entendidos por “las limitaciones de la doctrina francesa cuando era aplicada a las circunstancias peruanas concretas” (Rodríguez, 1983, p. 62). Los colombianos, en cambio, deben en parte su victoria, a su accionar ofensivo, según se dice, por la doctrina impuesta por la misión militar suiza “para reemplazar a los oficiales chilenos y modificar su labor emplazada según algunos criterios franceses, pero sin tener que desistir de los métodos alemanes. (Fischer 1997, 52).
El conflicto concluyó con un arreglo diplomático interpuesto por la Liga de las Naciones. Por consiguiente, éste, dio lugar a que Colombia obtuviese condominio ribereño del Amazonas, rio al que solamente tenían acceso el Perú y el Brasil. Según José Pareja Paz Soldán: “Hemos perdido el control del Amazonas y hemos entregado la puerta de ingreso y de salida de la gran arteria fluvial de la vida y la economía del Oriente” (Pareja, 1973, p. 239).
Hace 90 años, como ocurrió hace 143 años en la guerra del 79, la falta de unidad interna hizo que fuéramos débiles en el exterior. En medio de una crisis política, social y económica, acentuada por el enfrentamiento entre sanchecerristas y apristas; una diplomacia timorata, y la falta de un estado mayor general que pudiera con el buen uso de los recursos, conducirnos hacia un mejor desenlace.
Todo ello, se ve reflejado, en una carta que le escribiera el General Oscar Torres V, al capitán Humberto Araujo A, con fecha 18 de octubre de 1965, en la que le dice:
“Más de una vez, amigo mío, he visto, con los ojos llenos de lágrimas, que tuve que retener porque un Jefe en misión de servicio, cuando llegaban a Iquitos, las lanchas y albarengas, trayendo decena y aun centenas de enfermos, a quienes la selva estaba devorando; seres esqueléticos y sin fuerzas, siquiera para hablar; que no parecían ser aquellos gallardos rozagantes soldados que despedimos en ese mismo muelle, cuando partieron a defender nuestras fronteras” (Araujo, 1965, 11)
Si, los gobiernos de turno y sus respectivos ministerios de defensa, siguen disminuyendo los presupuestos militares, no se trasformarán ni modernizaran las fuerzas armadas. Paralelamente, si en educación logran, como pretenden, minimizar sistemáticamente el curso de historia del Perú en la currícula escolar, no tendremos elementos de juicio suficientes para intentar solucionar los problemas de seguridad nacional de hoy y del futuro.
Victor Velasquez Perez Salmon. Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001. Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.


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