Columnas Víctor Velásquez

Batalla de Arica (07 junio 1880)

“Pelearemos hasta quemar el último cartucho”, y así lo hicieron.
Unos días antes de la batalla, escribe Alfonso Ugarte a Fermín Bernal, y le dice: “Aquí en Arica estamos solamente dos divisiones de nacionales, defendiendo este punto, y aun cuando somos tan pocos, no podemos hacer lo de Iquique abandonar el puerto y entregarlo, porque éste es un puerto artillado y tiene elementos y posiciones de defensa. Tenemos pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos la arranquen a la fuerza”.
Ramón Zavala, hace lo propio, y le escribe a un amigo, manifestándole: “De todos modos tengo la seguridad de que sino triunfamos, que si los chilenos no reciben su castigo aquí, que si no hacemos de Arica un segundo Tarapacá, la defensa será de tal naturaleza, que nadie en el país desdeñara en reconocer en nosotros sus compatriotas, y que los neutrales no dejaran de reconocernos como los defensores de la honra e integridad de nuestra Patria. Arica, no se rinde”.
Vemos como fue la batalla, recurriendo a testimonios de sus propios defensores.
Le escribe a un familiar el soldado Manuel Salazar, del batallón Artesanos de Tacna, y le dice: “Quiso la fortuna que me enrolase para defender a mi Patria en el batallón Artesanos de Tacna, comandado por el señor coronel don Marcelino Varela, en la 6ª Compañía a orden del capitán don Pedro Vidaurre, y nos cupo defender la 1ª batería del Este. Como a las 9 a.m. nos replegamos al Cuartel General, donde al lado del coronel don Manuel de la Torre se hizo la última resistencia”
Por su parte, el soldado Dionisio Vildoso, cuenta que: “A la una de la mañana llega el jefe de día, coronel Marcelino Varela, a la primera batería del Este Cerro Gordo a decir a los capitanes que en esa madrugada era el asalto. Él, como jefe del Batallón de Artesanos de Tacna No 27, que era el que guarnecía la batería dio órdenes que tres compañías quedaran adentro, el 1ero, 2do, y 3ero y 4to, 5to y 6to salieran afuera, para impedir que se nos encorralara. …El enemigo apareció entre oscuro y claro más oscuro. En este momento rompen los fuegos los centinelas perdidos y se generaliza en las dos baterías. …Conforme iba aclarando nos principiaron a hacer muchas bajas en nuestras filas… ya íbamos quedando muy pocos. En eso llegaron los coroneles Manuel C. de la Torre y el jefe de la plaza Coronel Francisco Bolognesi y nos dicen “Hijos un momento más, un momento más” y se dirigieron a una casucha que está al lado del parapeto donde estaban los aparatos de las minas. En esos momentos la primera trinchera que habíamos dejado la toman los chilenos y también salen de la casucha los coroneles y nos dicen: “Hijos, estamos perdidos, no dan fuego las minas” y nos retiramos para el Morro. Bajábamos Cerro Gordo cuando subían refuerzos, parte del Batallón Iquique y parte del Batallón Tarapacá. Al mando del jefe de la 7ma División Alfonso Ugarte, y el comandante Sáenz Peña, el comandante Carrego. Aquí en el morro se hizo el último esfuerzo y aquí vi de muerto al coronel Zavala, y herido a mi primer jefe Marcelino Varela…En este momento le dice el sargento de mi batallón Fabio Corrales al primero Vildoso, que el mayor Blondell está herido en el asta de la bandera, me fui a verlo y era cierto. En este momento aparece el coronel Alfonso Ugarte en su caballo con una bandera peruana gritando: “Muchachos: ¡Viva el Perú! y echaba espuelas a su caballo y desaparece en el abismo…empiezan a juntar (los chilenos) a los pocos que había por distintas partes y los que quedan con vida en el cuartel y nos hacen formar en hilera….Veo con sorpresa a nuestro jefe de la plaza coronel Francisco Bolognesi muerto y sin ropa exterior, caído de espaldas, con un balazo en el pecho y el cráneo destrozado desde la parte de la ceja”.
Llegado al Callao, los restos mortales de Bolognesi, Zavala y Moore, se procedió a su sepelio. En el cementerio, tomo la palabra el coronel Rufino Torrico, Alcalde de Lima, quien dijo: “La Municipalidad en cuyo nombre me cabe la alta honra de traducir estos sentimientos, no puede menos que asociarse a este duelo nacional, esperando que la aureola gloriosa de los mártires y defensores de la heroica ciudad de Arica sea la estrella luminosa que guie a todos los ciudadanos del Perú en la defensa de la Patria”.
El 5 de noviembre de 1905, se inauguró el monumento al coronel Francisco Bolognesi, Héroe de Arica. Hizo uso de la palabra Roque Sáenz Peña, sobreviviente de dicha batalla, quien emocionadamente expreso: ¡Pelearemos hasta el último cartucho! Provocación o reto a muerte, soberbia frase de varón, con digno juramento de solado, que no concibe la vida sin el honor, ni el corazón sin el altruismo, ni la palabra sin el hecho que la confirma y la ilumina, para grabarla en el bronce o en poema como la graba y la consagra la inspiración nacional. Y el juramento se cumplió por el jefe y por el último de sus soldados, porque el bicolor nacional no fue arriado por la mano del vencido, sino despedazado por el plomo del vencedor”.
“Pelearemos hasta quemar el último cartucho”, y así lo tenemos que seguir haciéndolo.

Víctor Velásquez Pérez Salmon.   Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento. 

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