Donald Trump (77 años), expresidente Republicano de los Estados Unidos de 2017 a 2021, economista graduado en Wharton y un genio en el negocio inmobiliario, aspira a ser reelegido para el período de 2025 a 2029 venciendo al actual presidente, Joe Biden (80 años), del Partido Demócrata. Sin embargo, actualmente Trump se encuentra acusado de múltiples delitos en tres distintos juicios y se espera que pronto se le inicie un cuarto proceso.
La carrera contra el tiempo de los fiscales y jueces —todos con simpatía por el Partido Demócrata y nombrados por Obama—, a cargo de las acusaciones y los juicios, es lograr que un jurado lo halle culpable antes de las próximas elecciones, el 5 de noviembre de 2024, en cualquiera de los esos procesos judiciales.

Foto: Captura de pantalla
Donald Trump en uno de sus múltiples juicios
—Posibilidades de resultar reelegido—
Para ser nominado candidato por el Partido Republicano, Trump tiene actualmente, en el promedio de varias encuestas, 53% de preferencia frente a 15% de su más cercano contendiente, Ron de Santis, actual Gobernador de Florida.
Para la elección presidencial, Biden y Trump están empatados en 43%. La aprobación del actual presidente es de 41% frente a 55% de desaprobación. La opinión de los estadounidenses a favor de Trump es de 39% y en contra 56%.
Como se ve, la más que probable carrera presidencial entre el 45° Presidente de los EEUU (Trump) y el 46° Presidente (Biden) será bastante reñida, pero la avanzada edad de Biden podría jugar en su contra, aunque Trump no sea precisamente un hombre joven. De ser reelegido, Biden culminaría su segundo período con 85 años.
—Demócratas y Republicanos—
Los latinoamericanos suelen preferir a los candidatos del Partido Demócrata. Probablemente, los ven más cercanos o más interesados en temas sociales.
Pero esa simpatía es paradójica, pues a América Latina suele irle mejor con presidentes Republicanos. Para muestra un botón: la administración Clinton (D) y sus congresistas, preocupados por las presiones de los poderosos sindicatos norteamericanos, no accedieron a aprobar el Tratado de Libre Comercio con el Perú. Tuvo que llegar George Bush (R) para que el TLC se aprobase.
En el caso de Trump, sus exabruptos y salidas de tono, exacerban esa escasa simpatía por los Republicanos.
—Juicios a políticos—
La historia es cíclica. Desde la época de la República romana, del 500 AC al 27 AC —hace más de 2.000 años— los políticos y candidatos a cónsules estaban sujetos a juicios penales para anular o destruir su carrera política, llamada el Cursus Honorum.
En el Perú, los ejemplos abundan. El último, la acusación fiscal contra los dirigentes del Partido Aprista por supuestos delitos irretroactivos, muy difíciles de probar.
En los juicios a Trump, parece subyacer el mismo propósito que inspira a los que judicializan la política desde hace más de 2.000 años.
—Juicios a Trump—
El caso más serio proviene del dictamen de la Comisión del Congreso liderada por el Partido Demócrata para investigar el ataque de partidarios de Trump que vandalizaron e invadieron el Congreso, el 6 de junio de 2021, protestando por un supuesto fraude electoral. Los cabecillas de esa turba violenta han sido condenados a severas penas de cárcel por la jueza que ahora preside el proceso a Trump.
La acusación al expresidente se basa en la aseveración del fiscal de que Trump azuzó e incitó conscientemente ese ataque al Congreso a través de sus declaraciones, sabiendo que sus continuas alegaciones de que la elección de Biden había sido fraudulenta eran falsas y que esas aseveraciones, sabiendo que estaba mintiendo, lo convierten en autor intelectual de ese grave motín.
Aunque los medios de comunicación pro Demócratas, como el New York Times se muestra jubilosos, ellos mismos reconocen lo difícil que será para el fiscal probar que Trump sabía que lo que decía era falso ante la alegación de sus abogados que argüirán que ello solo eran manifestaciones de libre opinión y no una incitación a la violencia, pues Trump verdaderamente creía que le habían robado la elección. La batalla se basará en lo que Trump tenía en la mente.
El segundo juicio es porque Trump, al concluir su período, se llevó documentos clasificados a su casa de Florida, algo que Biden parece haber hecho también, pero que la prensa pro Demócrata no menciona.
El tercero, por supuestamente haber ocultado fraudulentamente un pago de US$130.000 a una actriz porno para encubrir una relación con ella.
Lo queda de este año y el próximo, hasta noviembre, serán meses agitados para Trump y sus abogados.
Pablo J. Gómez Debarbieri
A cargo de la página taurina de El Comercio (edic. impresa y web); antes, en Correo, Gestión y Expreso. Fue productor y presentador del programa Afición, en TV y radio. Magíster MDI – Dirección y Gestión de Empresas Constructoras e Inmobiliarias, graduado en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y en la Universidad Politécnica de Madrid. Ingeniero industrial. Profesor e investigador del MDI en Centrum, Escuela de Negocios de la PUCP.


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