Columnas Manuel Escorza

Sobre el rechazo a la política y la apatía

De no haber nacido en el Perú, tal vez hubiese sido uno de esos motociclistas que
pasean en mancha de pueblo en pueblo y con casacas de cuero. Tal vez hubiese
recorrido los desiertos de California, disfrutando del viento a gran velocidad y con una muchacha guapa de acompañante, siempre con anteojos oscuros, una chela por las noches, y orgulloso de mi moto Harley.

O quizás un mexicano de la cálida Sonora, amante del rodeo, de esos que usan
sombrero, que escuchan corridos y gustan de los caballos.

Pero nací en el Perú y a mí me gusta mi país. Me gusta su sierra, sus comunidades, su comida, su pasado milenario. También su diversidad, su lluvia en la altura, y su amanecer en la Amazonía. Ese amanecer que ilumina los ríos, que a su vez dan vida al verde selva, selva que a su vez cobija historias y mitologías. Y para mí, querer a mi país no sólo es disfrutarlo; es también pensarlo, y a veces, cuestionarlo.

Pero en mi entorno a prácticamente nadie le gusta hablar de temas vinculados a la política. Razones no les falta. La gente está cansada. Cansada de tanta decadencia. Harta del arribismo político, del blindaje otorongo, del oportunismo y del aprovechamiento de la función pública.

Hablo de esto porque el fin de semana escuché a varias personas afirmar que si esto sigue así, considerarán irse a otro país, que el Perú va de mal en peor, que no tiene remedio, que va de tumbo en tumbo.

Mucha gente siente que nada se hace bien. Encima tenemos una recesión en curso, un futuro políticamente incierto, un presidente en el JNE que no inspira credibilidad y un Fenómeno del Niño que reducirá el crecimiento a por debajo de cero.

Para colmo, la actual Mesa Directiva del Congreso acumula 55 carpetas fiscales en
proceso de investigación. Nunca se ha visto algo igual en una democracia consolidada. Los parlamentarios de Acción Popular han tenido que retirarse de su propia bancada, para salvaguardar así a Acción Popular de Acción Popular. Y se trata de un partido con amplia trayectoria, con recorrido, con manejo político y experiencia de poder.

Hablar de política en el Perú puede llegar a ser algo así como hablar de fútbol en un país en el que todos saben que no irá al Mundial porque no tiene buenos jugadores, porque le falta consistencia y también formación. Sin semilleros, no habrá nunca buenos jugadores. Y lo propio pasa en política. No hay formación, no hay debate alturado, no hay diálogo ciudadano. Por eso, en gran parte, tenemos lo que tenemos. Y, obviamente, el resultado es el actual desinterés, la desconfianza, la falta de credibilidad y un parlamento políticamente anémico.

Uno puede pensar que ya se tocó fondo. Pero no es así. Cada vez es peor. Un poco
más, y en los hechos el Congreso se convierte en una institución amoral. Como es lógico, la gente toma distancia y no se involucra. No quiere saber nada de política.

Pero la política en realidad la hacemos todos. Todos la impulsamos. Desde el ama de casa hasta el gobernante de turno. En una casa puede haber intereses contrapuestos, pero todos cuidan de esa casa. Entenderlo así es muy importante. Y eso se cultiva. Pero el Estado no cumple adecuadamente con su misión, no le da importancia a la educación cívica, a la instrucción pre-militar, a la ética, ética de convivencia, de valores, de educación para el medio ambiente y el desarrollo, y todo eso contribuye al desentendimiento, al desgano y a la falta de participación.

Canal 7, por ejemplo, no cuenta con espacios de diálogo político independiente. ¿Tan difícil le resultaría otorgarle el 10 % de su programación diaria a un periodismo crítico e independiente? Lejos de no favorecer al gobierno, le daría legitimidad.

“El Peruano”, con sus titulares de otro planeta, parece vivir otra realidad. Ya que
existe, podría ser un medio de diálogo, de confluencia de ideas, de participación, de oportunidades y formación, de integración periodística, pero es sólo lo que es.

El resultado es la apatía, una apatía justificada, una apatía por rechazo, una apatía por falta de interés, una apatía por impotencia política, una apatía por decepción, y todo esto, obviamente, debilita y perjudica la democracia. El Perú trata de mantener un rumbo, pero en el fondo avanza a la deriva.

Manuel Escorza Hoyle
Abogado y psicoterapeuta

0 comments on “Sobre el rechazo a la política y la apatía

Deja un comentario

Discover more from Vox Populi Empresarial

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading