Columnas Martín Belaunde

El evangelio de Judas o la traición como doctrina de Dios

Hace poco tiempo un amigo mío, doctor en Teología, me obsequió un libro de su autoría denominado Teología en el Tiempo (Gustavo Sánchez Rojas, Primera Edición, noviembre de 2019, Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima), entre cuyos ensayos se encuentra uno referido al supuesto Evangelio de Judas, dentro del marco de un estudio cristológico sobre la figura divina, histórica y humana de Jesucristo. Debo señalar que, si bien soy católico practicante, disto mucho de ser un conocedor de la teología como ciencia y mis opiniones acerca de esa intrincada materia, generalmente se limitan a la aceptación revelada conforme a los dogmas de la Iglesia, sin perjuicio de respetar todos las corrientes afines o
contrarias a la religión católica.

Sin embargo, debo confesar que el título y materia del ensayo, que no es otra cosa que un análisis de la autenticidad de ese supuesto evangelio, me llamó profundamente la atención. ¿Cómo es posible que la persona de Judas Iscariote, la imagen misma de la traición a Cristo, hubiera podido ser autor de un evangelio sobre su vida, pasión y muerte? Para dimensionar esta incógnita debemos tener en cuenta que conforme enseña la doctrina católica, los evangelios son los libros de los apóstoles que contienen la verdad trasmitida por Jesucristo. Igualmente se debe tener en cuenta una de las definiciones de los evangelios conforme al Diccionario de la Real Academia Española en virtud de la cual constituyen la “historia de la vida, doctrina y milagros de Jesucristo, contenida en los relatos que llevan el nombre de los cuatro evangelistas y que componen el primer libro canónico del Nuevo Testamento” (Diccionario de la Lengua Española, Vigésima Segunda Edición).

Conforme se lee el ensayo teológico al cual estoy aludiendo, podemos enterarnos del origen de esa falsedad, que es el producto de un supuesto y sensacional descubrimiento divulgado en el año 2006 e igualmente publicitado por la sociedad National Geographic, como un hallazgo revolucionario que traería grandes consecuencias sobre la fe cristiana en el mundo, según lo señala el comentarista sobre el evangelio de Judas. No obstante, es preciso tener en cuenta que esta novedosa revelación de la palabra divina se origina a su vez de un evangelio “gnóstico” herejía muy difundida si bien hoy totalmente olvidada, que se dio en la etapa autoral del cristianismo. De acuerdo a los eruditos en la materia, este falso evangelio fue escrito alrededor del siglo IV de la Era Cristiana tomando como fuente un denominado “Codice Thacos” basado a su vez en la doctrina “gnóstica” que buscaba la salvación por medio del conocimiento oculto y misterioso de Dios “que supuestamente permitiría escapar del mundo dominado por una divinidad o divinidades inferiores”.

De acuerdo a esta singular doctrina, Judas Iscariote se habría convertido “en el auxiliar de Jesús en el cumplimiento del deber que le ha sido asignado, el de desprenderse del vestido que lo recubre”. En buenas cuentas, el traidor como el instrumento de la voluntad de Dios en el momento que lleva a cabo su acto de traición. Esta sería en mi opinión una absurda justificación de un acto traicionero, en este caso la entrega de Jesús a sus enemigos, para ser crucificado y eliminado de la faz de la tierra, sino hubiere tenido la característica divina de verdadero Dios y verdadero. Hombre. Eso al margen de que Judas Iscariote se hubiere arrepentido o no, de haber vendido a Jesucristo por el infame precio de trece moneda de oro y que Dios en su infinita misericordia le hubiera perdonado su traición. Misterio que va más allá de la inteligencia humana.

No obstante, esta pseudo justificación de relativismo moral sería también aplicable a cualquier otro hecho de traición personal, económica, filial, conyugal, política y contra la patria, con alegaciones que semejante traidor evitó males mayores o permitió tal o cual cosa, que al final de una retorcida y convulsa manera, terminó beneficiando al individuo, ente, nación, país, patria o Estado traicionado. En buenas cuentas, la traición como doctrina en beneficio o exculpación del traidor. Argumento que en el curso de la historia, ha sido utilizado muchas veces para perdonar actos de traición cometidos por terceros, alegando absurdas razones que tergiversan el recto pensamiento humano y divino.

Martín Belaunde Moreyra. 
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.

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