El Génesis, Capítulo III del Antiguo Testamento de la Biblia cristiana se relata la creación del mundo, la historia temprana de la humanidad y de los antepasados de Israel y los orígenes del pueblo judío. En el Génesis, 3:19 dice: “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás”. Interpretando racionalmente es “Que lo que se tiene se gana con el propio esfuerzo, que en la vida nada no es de balde: el pan hay que ganarlo con el sudor de la frente”. Desde su origen el hombre trabaja para subsistir, es la lucha permanente para no morir.
El trabajo es la natural actividad física o intelectual del ser humano para alcanzar un objetivo y satisfacer una necesidad mediante la producción de bienes y servicios; para ello extrae productos que brinda la naturaleza, los transforma con el objeto de satisfacer lo necesario para que subsista. Por ende, si no trabaja está expuesto al riesgo de la miseria y hasta de morir. Consecuencia: el trabajo es un derecho natural.
El trabajo en la evolución de la humanidad ha pasado por diversas etapas, desde la edad primitiva en que se realizaba personalmente para extraer los frutos de la naturaleza (vegetal y animal), luego en la Edad Antigua con la esclavitud (cautivos en las guerras), la Edad Media la servidumbre (con los vasallos) y a la mitad del siglo XIX empezó el asalariado con el advenimiento de la democracia y la necesidad del sindicalismo. La prestación de la fuerza del trabajo devino en dependiente y subordinado a un patrono (empleador) en que el prestador del servicio la vende a una persona que le pagaba un salario; el fruto de ese trabajo era propiedad del empleador. Para el empleo había una negociación y un acuerdo (convenio verbal o escrito).
Actualmente en la generalidad la mayoría de fuentes de trabajo es dependiente y subordinado y para hacerlo debe haber un convenio (acuerdo) (verbal o documentado) entre el que vende su fuerza de trabajo y el que la compra, y está sujeto además a normas legales que regulan las prestaciones de trabajo. El trabajador imprescindiblemente siempre es una persona natural y el empleador puede ser una persona natural o jurídica, de derecho privado o público. El trabajo es derecho constitucional (Artículos 22° al 29°) y protegido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Artículo 23°).
Los trabajadores sustentan su existencia en tener permanentemente un puesto de trabajo del que perciban una remuneración con la que sufrague su existencia, la de su familia y la buena salud, educación para sus hijos, vivienda y todas sus necesidades personales y familiares que les garantice estar alejados de la pobreza y miseria. Por ende, requiere de un empleo con estabilidad permanente y que perciba una remuneración racional para sufragar todas sus racionales necesidades como ser humano.
Los empleos en la sociedad actual los provee el Estado, pero en la mayoría son las personas naturales o jurídicas de derecho privado. Estos establecen centros de trabajo para producir bienes y servicios para atender las necesidades de sus clientes; a más y/o numerosos clientes requerirá tener que producir más mercadería; por ende, requiera no solamente de más mano de obra sino de mejores centros de producción (fábricas). El establecer negocios y/con centros de trabajo requiere de inversiones económicas. Los empresarios pueden ser nacionales o extranjeros que vengan al país a invertir capitales para la extracción de riquezas naturales (minerales, agrícolas, pescados, etc.) y hasta darles valor agregado en centros fabriles de producción para atender los mercados nacionales y proyectarse a los internacionales. Los empresarios que invierten en nuestro país están persuadidos que los productos naturales peruanos y más aun con valor agregado, son muy requeridos en los mercados de países de América, Europa, Asia, Oceanía.
Consecuentemente los Poderes Legislativo y Ejecutivo peruanos actuando honestamente deben garantizar tanto a los empresarios nacionales como extranjeros que tienen garantía para sus inversiones dentro de una racional y justa legislación que las respete.
A más centros de trabajo, más empleos, por ende, no habrá pobreza ni miseria.
José Roberto Rendón Vásquez.
Más de 40 años desempeñándose como profesor de derecho laboral de la Universidad de San Marcos, fue segundo vicepresidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad de San Marco de 1995 al 2000. Tiene el grado de doctor en derecho por la Universidad de San Marcos, además se ha desempeñado como vocal en la Corte Superior de Lima y fue asesor del directorio de Shougan Hierro-Perú, además ha seguido cursos de especialización en la Universidad Carolina de Praga (República Checa).


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