Uno de los temas que más me llamó la atención cuando empecé a trabajar en la Federación Peruana de Fútbol, en 2015, fue una frase que me dijo el entonces recién contratado director deportivo: ‘Ustedes (refiriéndose a los profesionales, que nos incorporábamos a la FPF y veníamos de larga experiencia en el mundo corporativo), no van a poder hacer nada, porque no son gente de fútbol.’ Esta era una primera sentencia que evidenciaba la cerrazón de puertas para hacer un verdadero cambio en el manejo de un fútbol nacional que venía de 8 procesos clasificatorios de continuos fracasos.
‘Hay códigos, y estos se respetan’, era el mensaje de fondo, es decir: ‘la gente del fútbol somos intocables’. No importaban los resultados desastrosos, el estar al fondo de la tabla, el tener el peor campeonato de clubes de la región, el deplorable estado de la infraestructura deportiva y ser la burla, dirigencialmente hablando, en el continente. Nada de eso importaba, no había que tocar a la ‘gente del fútbol’.
Pero eso, justamente eso, era lo que había que transformar. Salir de ese ‘status quo’ de la mediocridad, de la resignación, del conformarse con infelices frases tales como: ‘somos gitanos’, o ‘jugamos como nunca y perdimos como siempre’.
‘La gente del fútbol’ nos llevó a tres décadas de fracasos, y viven entornillados al sistema, se confabulan para estar de regreso siempre. Y lo han demostrado en este último periodo, que entraron por la puerta falsa y han destruido, en este poco tiempo, todo lo construido, que fue mucho.
Y resalto, para que no me pongan un disclaimer al final de mi artículo: fui parte de la gestión 2015 – 2018, que empezó la transformación de todo el ecosistema del fútbol desde en la Videna.
El recientemente fallecido periodista escocés Andrew Jennings (1943 – 2022), hizo una investigación sobre Scotland Yard (la policía británica), y sus vínculos con el tráfico de cocaína, la BBC se negó a transmitir el documental. A la postre, aquel trabajo, logró una reforma en la entidad policial británica.
Tiempo después sendas investigaciones suyas, sobre el Comité Olímpico Internacional (COI) y la FIFA, demostraron las malas prácticas y actividades corruptas en ambas instituciones, convirtiéndose en los más grandes escándalos de la historia del deporte mundial. Cayeron muchos.
El FIFA gate aún tiene ramificaciones y repercusiones graves en Sudamérica. Por eso es importante investigar, denunciar y actuar.
Callar, por ‘respetar códigos’, es anti ético.
LA ÉTICA Y LA MORAL NO SON SUBJETIVAS.
Son códigos de conducta, son buenas prácticas.
Ahí está la diferencia entre el bien y el mal. Están directamente vinculadas con el correcto, o incorrecto, comportamiento humano.
La expresión ‘hay códigos’, en este caso, está relacionada al encubrimiento, al ocultamiento de realidades, que, si salen a la luz, serán cuestionadas.
Esta ‘mala práctica’ es nefasta trae abajo instituciones, empresas , gobiernos y personas. Destruye reputaciones, mancha nombres.
Los verdaderos ‘códigos’ deben estar regidos por la ética y la moral.
El fútbol, en el Perú, es una micro expresión de la realidad del país. Es un espejo de lo que sucede a nivel macro.
Cuando pensamos que la cosa cambió y que todo va cuesta arriba, tenemos una caída estrepitosa. Cuando vemos que se convierte en orgullo, esperanza, alegría y peruanidad. Volvemos a ser perdedores y regresa la tristeza, decepción e indignación.
Y encima, cuando levanta la voz un personaje como Ricardo Gareca, probablemente el más querido del Perú, el líder que fue el rostro visible de esa gran época, y defiende a nuestros futbolistas, recordando algo que dijo desde el principio: ‘Creo en el jugador peruano’, con argumentos científicos, aparecen voces que dicen: ¡Qué barbaridad! ¡Qué falta de códigos! ¡Qué impertinente! ¡Parece que ya dejó de ser entrenador…!
Pues más bien pareciera que algunos de estos detractores han dejado de ser periodistas para ser relacionistas públicos de terceros, convirtiéndose en la voz oculta de los mudos y ciegos.
Gareca quería el cambio y las reformas. Trabajo en la cancha con inteligencia y sabiduría, inyectándoles, junto con su comando, confianza y seguridad a los jugadores. A los mismos que participaban en nuestra liga local.
Pero además hizo equipo con la directiva, presidida por Edwin Oviedo y gerenciada por Juan Matute. Caminaban juntos. Coordinaban semanalmente. Más de una vez fui testigo de la pregunta: ¿Ricardo que necesitan? Y el profesor Bonillo se aparecía con la ‘wish list’. Se trabajó palmo a palmo. ¡No seamos mezquinos en ocultar esto!
Este proceso se cortó poco a poco. Y los que debieron sostenerlo en el tiempo, permaneciendo en el máximo ente rector, privilegiaron sus intereses personales, en desmedro del bien común.
El país está como está porque ha habido un silencio sobre lo que ocurre. Con el proteccionismo y, hasta complicidad, de cierto sector de la prensa, se pretende construir una narrativa diferente.
Felizmente aún existimos los que tenemos el coraje de escribir, sin tapujos, ni temores. Con respeto, pero con claridad. Por el Perú y por nuestro querido fútbol.
Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de cuatro décadas me desempeño como gestor en el campo de las comunicaciones, marketing y responsabilidad social, tanto en empresas del mundo corporativo, instituciones con fines sociales, medios de comunicación, radios, televisión, digitales, así como en la producción de contenidos audiovisuales, publicidad, documentales, videos institucionales y diversos programas. He sido productor ejecutivo de material producido en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como promotor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.


0 comments on “Hay códigos”