El Perú es un país de historia y tradiciones milenarias pero su existencia como Estado independiente tiene apenas poco más de 200 años. Su posición geográfica en el planeta es relativamente estratégica al estar ubicado en el centro de la costa occidental de Sudamérica, con un largo litoral en el Océano Pacífico que nos comunica con el resto del continente, el Asia Oriental y Oceanía, sin perjuicio de la costa atlántica del norte y del sur vía el Canal de Panamá y el Estrecho de Magallanes. Somos un país abierto al mundo que puede ser fácilmente invadido como lo señala la historia con la conquista española, la expedición libertadora del sur y la trágica guerra con Chile. Sin duda el factor geoestratégico ha gravitado fuertemente en nuestra historia patria. No obstante, estamos alejados de los centros de conflicto más peligrosos del mundo y donde ahora se desarrollan guerras en las cuales no se vislumbra una paz cercana.
La política exterior del Perú durante los primeros 50 años de vida republicana estuvo centrada en asegurar nuestra soberanía e independencia de cualquier agresión de España o de otros países europeos con ambiciones hacia Hispanoamérica. Luego con la Guerra del Pacífico y después del Tratado de Ancón, la prioridad estuvo enfocada en reparar los daños económicos de ese infausto conflicto y además en recuperar las provincias cautivas de Tarata, Tacna y Arica. Tal esfuerzo se realizó simultáneamente con la defensa de nuestras fronteras con Ecuador, Colombia, Brasil y Bolivia, que se fueron resolviendo paulatinamente, primero con Brasil y Bolivia en la primera década del siglo XX, con Chile a fines de la década del 20 (salvo Arica), con Colombia a mediados de la década del 30 y finalmente, con Ecuador mediante el Protocolo de Río de Janeiro de 1942 que delimitó nuestras fronteras, pero que tardó más de 50 años en completar su demarcación, con dos guerras fronterizas de por medio, gracias a la Declaracioón de Brasilia de 1998. La tarea en la defensa de nuestra integridad territorial tomó 190 años y concentró la atención preferente del Estado peruano.
En el ámbito global el Perú ingresó a la Sociedad de Naciones después de Ia I Guerra Mundial y con ocasión del ataque Pearl Harbor en diciembre de 1941, se sumó al esfuerzo de los aliados norteamericanos, ingleses y soviéticos, sin intervenir en el enfrentamiento armado. Eso nos permitió ser uno de miembros fundadores de las Naciones Unidas así como de los demás organismos internacionales que se fueron fundando a partir de la segunda postguerra. En ese período el Perú participó muy activamente en la diplomacia multilateral en todos sus ámbitos políticos, económicos y financieros. El golpe militar de Velasco del 3 de octubre de 1968 contra Fernando Belaunde Terry, nos llevó a un enfrentamiento con los Estados Unidos por la llamada toma de Talara y los campos petrolíferos circundantes, que se resolvió algunos años después con el pago de una compensación realizada por debajo de la mesa.
La vuelta a la democracia en 1980 con el segundo gobierno de Fernando Belaunde Terry significó una normalización de nuestra vida internacional. Sin embargo el Perú no quiso adherirse a la Convemar que garantiza las 200 millas marinas de nuestro Dominio Marítimo, cuya negociación alentó durante más de veinte años. En las dos últimas décadas del siglo XX y en las dos primeras del actual, el Perú ha podido superar las amenazas golpistas que lo hubieren podido alejar de la senda democrática. Paradójicamente el 7 de diciembre del 2022 el Presidente Pedro Castillo elegido el año anterior en unos discutible comicios, perpetró un fallido de Estado, que condujo a su inmediata vacancia y enjuiciamiento por ese intento y otros cargos de corrupción que incluso salieron a la luz durante su breve administración.
Estos hechos han originado un nuevo escenario internacional en el que el gobierno constitucional de la Presidenta Dina Boluarte es amenazado por lo presidentes López Obrador de México, Petro de Colombia, Arce Catacora de Bolivia y Alberto Fernández de Argentina. A la indebida intervención en nuestra política interna de esos mandatarios, debemos agregar la permanente enemistad del Presidente Maduro de Venezuela y la indiferente hostilidad del Presidente Boric de Chile.. No cabe duda que el actual gobierno peruano se encuentra aislado en el ámbito político regional de Latinoamérica. Ese hecho constituye una realidad insoslayable.
Pues bien, ¿cómo ha reaccionado el actual gobierno frente a ese negativo escenario? Con tres viajes al exterior de la Presidenta Boluarte que han sido criticados por tirios y troyanos como frívolos e innecesarios. No participo de esa crítica, al menos en sus aspectos más virulentos. Un gobierno aislado no puede esconderse debajo de la alfombra, algo tiene que hacer. El primer viaje a las Naciones Unidas para dar un discurso a la Asamblea General era de rigor, como lo hacen muchos de los jefes de gobierno y de Estado, Gustavo Petro de Colombia fue uno de los ejemplos. El segundo a Alemania y el Vaticano resultó algo insípido en cuanto al primero y malo el encuentro con el Papa Francisco por la cara de fastidio que le puso en la foto protocolar. El tercero era indispensable a raíz de la reunión de la APEP, aunque la fracasada reunión con el Presidente Biden se vio compensada en pequeña medida, con la agarrada de manos, que por lo menos demostró buena voluntad del mandatario estadunidense a hacia su colega peruana.
Entonces, ¿Cuáles deben ser las prioridades de nuestra política exterior en los convulsos momentos de guerra que atraviesa el planeta? Primero, apoyar los esfuerzos de paz que realice el mundo occidental, dentro y fuera de las Naciones Unidas, en los conflictos de Ucrania y de Gaza, así como en cualquier otro escenario internacional donde pueda estallar otro enfrentamiento. Segundo, consolidar la presencia internacional del Perú en cualquier otro ámbito del mundo sea en América, el Asia Pacífico y la Unión Europea, que son los espacios donde nuestra diplomacia actúa con mayor intensidad. Y tercero, pero no menos importante, mantener una alerta permanente frente a la alianza militar extracontinental que Bolivia acaba de concertar con Irán, que puede estar dirigida a lanzar un zarpazo contra nuestra integridad territorial en Puno y el sur del Perú, que nuestro primer enemigo Evo Morales Ayma (EMA) codicia como un sustituto de “Mar para Bolivia” pero ya no por Chile sino por el Perú.
Martín Belaunde Moreyra.
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.


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