Nacido en el seno de una familia judía el 27 de mayo de 1923 como Heinz Alfred Kissinger en la ciudad alemana de Fürth, en el año 1938 emigró a los Estados Unidos huyendo de la persecución nazi y al cabo de poco tiempo cambió su nombre de pila Heinz por Henry, más familiar a su país de adopción, cuya nacionalidad también adquirió, para luego servir en el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Henry Kissinger es uno de los personajes claves en la historia mundial del siglo XX e incluso del siglo XXI, pudiendo decirse que fue el producto de la crisis de Occidente que sacudió al planeta y cuyas consecuencias aún estamos experimentando.
Debe decirse en reconocimiento de los Estados Unidos, que ha sido y es un país que tiene el enorme mérito de absorber y aprovechar a sus inmigrantes, como también fue el caso de Madeleine Albright, Maddalena Korbelova, nacida en Praga, Checoslovaquia en 1937, en el seno de una familia judía, que luego adoptó la nacionalidad de los Estados Unidos y desempeñó los importantes cargos de Embajadora en la ONU y Secretaria de Estado. No creo que haya un país en el mundo que en un período relativamente corto, haya tenido a dos Secretarios de Estado de origen extranjero, judío por añadidura, que condujeron la política internacional de su país de adopción, en momentos cruciales para el mantenimiento de la paz y seguridad del planeta.
Dicho lo anterior en cuanto a Henry Kissinger, debemos agregar que él fue el resultado exitoso de la vinculación entre los círculos académicos y universitarios de los Estados Unidos, con los más altos niveles de la política partidaria de ese país, dispuesta a utilizar a las personas de mayor talento en la conducción de su política exterior. Luego de la elección en 1969 de Richard Nixon como presidente de los Estados Unidos, él lo reclutó como su Asesor de Seguridad Nacional y en esa condición viajó secretamente a la República Popular China para llevar a cabo una reconciliación histórica entre ambos países, la cual significó en la práctica una alianza táctica y estratégica respecto de la Unión Soviética, que dejó descolocada a esta última. Posteriormente asumió el cargo de Secretario de Estado con retención por un tiempo de su anterior puesto, sobrevivió a la caída de Nixon después del escándalo de Watergate y continuó como jefe de la diplomacia norteamericana hasta la terminación del mandato del presidente Gerald Ford, sucesor Nixon en su calidad de vicepresidente elegido por el Congreso para ese fin. Fueron 8 años del ejercicio ininterrumpido del más alto poder no solo en su país sino quizás en el mundo, durante el cual negoció una salida pacífica a la Guerra de Vietnam con su interlocutor Le Duc Tho, compartiendo ambos el Premio Nóbel de la Paz de 1973, que él aceptó pero que su colega vietnamita declinó. También cabe mencionar que ayudó a terminar la Guerra del Yom Kippur de 1973 entre Israel y sus vecinos árabes, cuya precaria paz hoy se ha tornado en guerra nuevamente.
De Henry Kissinger se puede decir que fue simultáneamente un teórico de las doctrinas del poder y al mismo tiempo su ejecutor práctico. En mi opinión en sus actos y en su obra escrita, prolífico autor de no menos de doce libros, se adhirió a la teoría realista del poder, señalando en su libro Diplomacy (Touchstone 1994) que: “Para América (refiriéndose a los Estados Unidos) cualquier asociación con la Realpolitik debe tener en cuenta los valores fundamentales de la primera sociedad en la historia de haber sido creada en nombre de la libertad” (traducción del autor). Esa frase significa en pocas palabras que el realismo en la política tiene como límite ético el respeto a la libertad.
Sin duda alguna Henry Kissinger fue un personaje polémico, elogiado por muchos pero asimismo ferozmente atacado por otros, que lo consideraron cínico e inescrupuloso, dispuesto a realizar cualquier acción en agravio de la paz siempre y cuando lograra sus objetivos de poder. Se le atribuye ser el autor de un informe secreto de seguridad nacional, en el cual recomendaba que ciertos países del Tercer Mundo redujeran su población, mediante el aborto si fuere necesario, para no constituir un peligro para la existencia de los Estados Unidos. Asimismo, se le atribuye, creo que con razón, de haber apoyado encubiertamente el golpe de Estado de Pinochet en Chile en septiembre de 1973. Al respecto solo me cabe decir que cuando Pinochet asumió el poder en Chile, el expresidente Eduardo Frei Montalva y el futuro presidente Patricio Aylwin, ambos demócratas cristianos, lo fueron a visitar en señal de apoyo. Que después cambiaran de opinión es otra historia.
A este personaje, a quién me he limitado a narrar algunas de sus acciones más importantes, solo puedo agregar, descansa en paz Henry Kissinger por toda la eternidad.
Martín Belaunde Moreyra. Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos. Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.


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