Los peruanos nos hemos acostumbrado a algunas frases que hoy en día carecen de sentido. Frases que todavía circulan, pero distan de la realidad cotidiana. Una de ellas, por ejemplo, es “Lima, ciudad Jardín”, frase que todavía se puede leer en la prensa, cuando Lima se erige sobre un enorme arenal rodeado de cerros habitados, tiene problemas de agua, y en algunos distritos luce con parques de tierra, es decir sin césped alguno.
Otra frase que se ha mantenido en el tiempo y que a veces todavía se escucha, es aquella que dice “Perú, tierra de arqueros”. Salvo Gallese, ¿Qué otro arquero de condiciones internacionales ha surgido? La verdad, ninguno. Arqueros como Quiroga, Ballesteros y otros de grandes actuaciones, han sido extranjeros.
Pero la que se lleva una medalla por su nivel de irrealidad es aquella que afirma que los parlamentarios son los “padres de la patria”. Nada más absurdo y alejado de la realidad hoy en día. Nadie se identifica con esa frase. Las razones son obvias: ¿Cómo podemos considerar a alguien que mata perros, mocha sueldos, que muchas veces aparece como cínico en sus declaraciones y que cambia de partido como si nada, como padre de la patria? Imposible. Digo esto, porque leyendo algunos artículos recientemente publicados sobre la bicameralidad, la frase aparece en varias ocasiones.
El Congreso, hoy en día, es una institución moralmente decadente. Esa percepción, además, se la ha ganado a pulso. No despierta ilusión ni esperanza, tampoco el respeto ciudadano. Su popularidad es muy baja. Parece ser para algunos sólo una oportunidad para tomarse un quinquenio sabático y dedicarse a “hacer política” con todo pagado.
La mayoría de los congresistas no llegan con metas claras ni estrategias definidas para lograr objetivos sociales específicos. Muchos de ellos no saben dónde están parados el primer año. Algunos simplemente están ahí por protagonismo, para sentirse importantes en sus lugares de origen, o para hacer lobby desde sus intereses personales.
En este contexto, ¿la creación de un Senado significará más de lo mismo o traerá un cambio y mejora significativas en la tarea legislativa?
Durante 165 años en el Perú existieron dos cámaras. En 1993, bajo el régimen autoritario de Alberto Fujimori, se suprimió el Senado. Esto conllevó a la larga a un parlamento sin filtros legislativos y sin posibilidades de revisión. Por lo mismo hoy tenemos lo que tenemos, un parlamento de intereses pequeños, sin capacidad de influencia en la población, un Congreso que ha empoderado, en muchos casos, la protección de lo ilícito, la transgresión y el escándalo. Se trata, en líneas generales, de un legislativo pobre a nivel de resultados y empatía, y que por lo mismo, la ciudadanía lo rechaza.
Ahora se añade una Cámara de Senadores que estará compuesta por sesenta miembros. Treinta de ellos serán elegidos por distrito único, los otros treinta a nivel nacional. ¿Quiénes postularán a esos escaños por distrito único? Muy probablemente los ex presidentes regionales, ex alcaldes y algunos políticos identificados con sus regiones.
Es decir, postularán los protagonistas de lo que ha sido uno de los peores procesos políticos que se ha dado en el país, los representantes de una regionalización mal hecha, y que ha implicado la multiplicación y segmentación de la corrupción a través de autoridades de cuestionada capacidad.
La norma, además, establece que la edad mínima para postular sea de 45 años. Cosa curiosa, porque la que regula la edad para ser elegido presidente dicta 35 años. De manera, que, en el Perú, perfectamente podría ocurrir que se gobierne con un presidente de 35 años y senadores de al menos 45.
No se ha dicho cómo se aplicará la equidad de género, o si cada partido presentará un único candidato a senador por región, o si también se elegirán a accesitarios.
Actualmente hay 25 partidos inscritos en el JNE. Todos se alistan para competir por la presidencia de la República. Y desde esos partidos se postulará también al senado por distrito único, al senado a nivel nacional, a la cámara de diputados, al parlamento andino, y adicionalmente, meses después, a los gobiernos regionales y municipios. Postularán aproximadamente 17 000 candidatos en el 2026. ¿Habrá en el país 17 000 personas preparadas para ejercer a esos puestos con idoneidad y eficiencia? Parte del problema es que la gran mayoría llega sin preparación para el cargo.
A esto hay que añadir otro problema a resolver. Es probable que sólo unos 6 o 7 partidos pasen la valla electoral. Eso significará que, de acuerdo a ley, los demás partidos perderán automáticamente su inscripción. Pero, a su vez, los partidos que perderán de manera automática su inscripción, estarán en ese momento en plena carrera electoral para las regionales y municipales. Y no está claro cómo se resolverá esa situación. ¿Seguirán en carrera o serán excluidos en pleno proceso electoral? Así es nuestro país, avanza como puede, creándose en el camino nuevos problemas y contradicciones, para luego intentar resolverlos sobre la marcha.
Manuel Escorza Hoyle
Abogado y psicoterapeuta


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